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Más que vencedora





Aunque no nos demos cuenta, nuestro mayor enemigo no es el diablo, sino nosotros mismos. El diablo solo tendrá el poder que nosotros le cedamos. Si le prestamos atención, si logra que guardemos en nuestra mente los dardos que nos lanza y que lleguemos a repetir esas ideas con palabras, entonces él estará ganando la batalla. Debemos rechazar todo pensamiento contrario a la promesa. ¡Levanta el escudo de la fe y ejerce dominio sobre toda idea que se levante contra lo que Dios te ha dicho! “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo . . . ” (2 Corintios 10:5).


Debes llenar tu mente con la Palabra de Dios. ¡Si tienes mente sana, tendrás vida sana! Tenemos que reconocer que lo que pensemos, creeremos, y lo que creemos, experimentamos.


La batalla la ganas en la mente Hay cristianos que dan demasiada atención al diablo; hasta le dan gloria sin darse cuenta cuando se asombran de cada una de las victorias que él obtiene. El enemigo es mentiroso, sabe retorcer las cosas, sabe decir medias verdades, e infundir temor y duda. Él intentará engañarnos. Como cazador, Él es paciente y perseverante para conseguirlo. Por eso es tan importante que siempre llenemos nuestra mente con la Palabra de Dios.


La fe viene por el oír la Palabra de Dios. Necesitamos alimentar nuestra fe de forma continua porque si dejamos que los pensamientos del enemigo se conviertan en malas hierbas en nuestra mente, comenzarán a crecer y a ahogar la semilla que Dios nos ha dado. Tienes que saber que el diablo no te puede forzar a hacer algo, pero te puede convencer para que lo hagas. El enemigo solo puede ganar terreno en tu vida si tú se lo permites primeramente en tu mente.


Seamos conscientes de que nuestras acciones serán el resultado de lo que se ha permitido y recreado en la mente. ¡Cuidemos lo que pensamos! Frenemos las intenciones del enemigo desde el momento que nos lanza sus ideas.


Reconozcamos y resistamos sus intenciones. Jesús nos enseña que una persona peca, no cuando comete el pecado, sino cuando le ha dado acceso en su mente.


“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28).


Todo comienza en la mente. Si le permitimos al enemigo convencernos, así actuaremos. Él comienza levantando un argumento que tú tendrás que reconocer que va en contra de lo que Dios ha dicho.


“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo . . . ” (2 Corintios 10:5).


Tienes que saber que si le das lugar, caerás en la trampa del enemigo. Las acciones son el resultado de lo que se ha permitido y recreado primero en la mente. Tendrás que ganar la batalla de la fe en tu mente, antes de ver la victoria físicamente.


- Tomado del libro Cómo alcanzar sus promesas de Candy De Maa.
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Todo empieza en tus pensamientos



Su interpretación de eventos traumáticos y su programación mental forman pensamientos que se convierten en creencias. Sus creencias entonces conducen a sentimientos que llevan a elecciones, palabras, acciones o conductas y reacciones. Cuando usted continúa repitiendo conductas, palabras, decisiones y reacciones, finalmente conducirán a hábitos. Los hábitos entonces forman su carácter, y su carácter después determina su destino. Me gusta el modo en que el Dr. David Yonggi Cho explica los efectos de nuestros pensamientos sobre nuestros actos en su libro titulado Fourth Dimensional Living in a Three Dimensional World [Vida en la cuarta dimensión en un mundo de tres dimensiones]:


Hasta el grado en que mentalmente mapeemos nuestros planes para el éxito y llevemos a cabo esos planes en consecuencia, nuestra seguridad de éxito aumenta. Sin embargo, si una persona está más enfocada en el fracaso que en el éxito, la probabilidad de su fracaso aumentará.






Cuando nuestra mente piensa en el éxito, nuestros pensamientos darán resultados positivos, y el cumplimiento de nuestros sueños será acelerado . . . cuando usted comienza a creer que algo es posible, la probabilidad de que emprenda la acción para lograr esa meta aumentará mucho . . . el pensamiento influencia sus sentimientos y conductas, al igual que su cuerpo físico . . . por eso debemos comenzar a pensar a la manera de Dios y no a nuestra manera.





Sus pensamientos afectan no sólo a su vida física sino también a su vida espiritual. El Dr. Cho dice que su pensamiento es como “respiración espiritual”. Él quiere decir que su pensamiento es tan vital para su vida espiritual como la respiración lo es para su vida física. Debido a que afecta a todo lo que usted hace, su pensamiento es el modo en que Dios lleva a cabo en los planes de Él en su vida.


Tanto la depresión como la ansiedad son trastornos del pensamiento. Cuando usted aprende a sintonizar con sus sentimientos y comienza a capturar pensamientos y creencias que provocan ansiedad, puede entonces sustituir esos pensamientos y creencias automáticos por la Palabra de Dios, la cual resolverá la depresión y la ansiedad. Usted puede literalmente cambiar sus pensamientos y cambiar su vida. Es imposible diseccionar cada pensamiento porque usted tiene literalmente cientos de miles de pensamientos cada día, sin embargo, puede sintonizar con sus sentimientos. Los sentimientos pueden entonces alertarle de lo que está pensando, lo cual está normalmente en la raíz de su ansiedad.


En 2 Corintios 10:4-5 Pablo afirma: “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Entienda que estos dos versículos en 2 Corintios hablan sobre pensamientos, imaginaciones y fortalezas. Un pensamiento de ansiedad se convertirá en una imaginación o creencia de ansiedad, la cual, si se medita en ella, con el tiempo se convertirá en una fortaleza o una mentalidad.


Para ayudarle a entender este proceso, piense en las estaciones de radio preestablecidas en un dial de radio. Cuando usted pulsa un botón, está escuchando la estación de radio de entrevistas, y cuando pulsa otro botón, sintoniza con la estación de música cristiana. Su sistema de creencias preestablecido, normalmente formado en la niñez, finalmente se convierte en una mentalidad, por lo que se denomina una fortaleza en el pasaje de 2 Corintios. Cuando usted opera desde creencias preestablecidas, se siente ansioso sin ni siquiera saber por qué. Entonces actúa tanto sobre la base de esas creencias que pasa por alto incluso el pensar en ellas y simplemente se siente ansioso. En otras palabras, usted reacciona antes de pensar. Usted aprenderá, cuando se produzcan sentimientos de ansiedad, a identificar los desencadenantes, pensamientos y creencias de ansiedad. Entonces, a medida que programe esos pensamientos y creencias, la ansiedad irá disminuyendo y finalmente se irá.


Romanos 8:5-6 dice: “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.


Este versículo nos muestra la importancia de meditar en pensamientos espirituales en lugar de pensamientos mundanos (“de la carne”). Las cosas en que meditamos crean mentalidades. Las mentalidades mundanas conducen a depresión y ansiedad, pero las mentalidades espirituales conducen a vida y paz. La paz es lo contrario a la ansiedad, y podemos desarrollar paz reprogramando y derribando toda mentalidad o fortaleza contraria a la Palabra de Dios y sustituyéndola por escrituras.


- Tomado de La nueva cura bíblica para la depresión y ansiedad, por el Dr. Don Colbert.
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Una sutil artimaña de Satanás: presos del temor

El temor opera al hacer que la gente ponga atención en sí misma. Provoca que la persona se concentre en su supervivencia y rechace todo lo que amenaza sus intereses. Esto es contrario al mensaje del evangelio. En Lucas 9:23-26 dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles”.

El evangelio se trata acerca de negarse a sí mismo, mientras que la esencia del temor es la supervivencia. Jesús nos dijo que tomáramos nuestra cruz y lo siguiéramos (Lucas 9:23), pero el temor nos dice que llevemos a cabo lo que sea para nuestro beneficio. El temor es un espíritu demoníaco poderoso, porque nos concentra tanto en nuestra supervivencia que dejamos de pensar práctica y racionalmente; en cambio, comenzamos a operar en un estado de completa carnalidad.

El temor provoca que nos escondamos y alejemos de todo lo que percibimos como amenaza; construimos muros de defensa. Estos muros afectan nuestras relaciones con la gente que nos rodea y con Dios. Y se convierten en el filtro por el que percibimos todo.


El temor nos hace concentrarnos tanto en nosotros mismos que terminamos en una posición en la que no podemos ver la verdad con claridad. Es por ello que Dios no puede separarse de la verdad y Dios es amor. Por lo tanto, toda la verdad debe funcionar a partir del amor y nada que no pase por el filtro del amor puede presentar la verdad con exactitud.

Construimos estos muros de defensa pensando que nos protegerán, pero en realidad no funcionan para evitar que sucedan cosas malas. En cambio nos roban la comunión con Dios y con los demás creyentes al provocar que nos alejemos, y, además, bloquean el plan, el propósito y la voluntad de Dios para nuestra vida. Finalmente, los muros que construimos por temor para protegernos se convierten en una prisión que nos atrapa.

El temor nos miente. Nos dice que si no nos sometemos a él, no estaremos a salvo. Pero la intención del temor es esclavizarnos y mantenernos encerrados dentro de esos muros.

Mientras está leyendo estas palabras sé que las está sintiendo vivificadas en su espíritu. El Espíritu Santo está resaltando áreas de su vida y de sus relaciones en las que está operando en temor, lugares en los que ha edificado muros en un intento por protegerse, solamente para darse cuenta de que esos muros se han convertido en su propia prisión.
He visto esto muy a menudo en la vida de la gente. En la Upper Room Church, de donde soy el pastor principal, vi estos muros en muchas personas que llegaban a la iglesia. Algunas de ellas habían pasado por tragedias, abusos y fracasos personales horribles; otros habían experimentado grandes desilusiones, penas y heridas en las iglesias anteriores.

Ellos llegaban a la iglesia y les encantaba la adoración, aceptaban la poderosa revelación de la Palabra de Dios y se emocionaban de ver al Espíritu Santo moverse tan libremente entre nosotros. Pero siempre tenían un muro levantado. Siempre se mostraban un poco escépticos acerca de lo que Dios hacía en la Upper Room Church, de manera que dudaban en entrar por completo en el mover de Dios. El temor les decía: “No confíes en el pastor Steve. Los predicadores te han herido antes. Has escuchado una buena charla antes. No confíes, porque eso te hará demasiado vulnerable y serás lastimado de nuevo”.

El problema es que la única manera en que habrían podido recibir completamente del poderoso mover del Espíritu Santo que nuestra iglesia estaba experimentando era por medio de abrir su corazón, someterse al liderazgo, seguir la dirección del Espíritu Santo y rendirse completamente a Dios. He visto a mucha gente estar en el borde del mover de Dios, pero no sumergirse en él, porque continúan escuchando al temor.

Jesús nos dio el arma más poderosa contra el temor: el amor ágape. Este amor es sobrenatural. Nos lo da el Espíritu Santo y es el elemento que cambió todo para los discípulos. Solamente el amor ágape tiene la capacidad de echar fuera el temor y de llevarlo a usted a la verdadera libertad. Los muros del temor que hemos construido en un intento por protegernos, deben ser destruidos y esto sucederá solamente si obtenemos una verdadera revelación del poder del amor ágape.

—Tomado del libro La sutil artimaña de Satanás de Steve Foss
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El amor triunfa sobre el fracaso

El amor del Padre es tan increíble. Mi historia e imagen favorita del amor supremo se encuentra en la narración del hijo pródigo. Este hijo había desperdiciado su herencia viviendo perdidamente, había dado la espalda a su familia y había decepcionado a su padre, pero el corazón de su padre siempre estaba vigilante, atento y listo para la llegada de su hijo. Incluso antes de que el hijo llegara a casa, el amor de su papá ya se había tragado sus errores.

De la misma forma, el Señor nos vio desperdiciando nuestras propias vidas y vino para portarse con nosotros como este padre quien, incluso cuando el hijo todavía estaba lejos, lo vio, corrió hacia él y lo abrazó y lo besó. Era el hijo del chiquero, al que muchos no querían acercársele porque no podían soportar el olor hasta ver quién estaba detrás de él: un ser humano lleno de las promesas de Dios.

Pero el amor de su padre era demasiado fuerte como para dejar de ser. El hijo se para frente su papá con el hedor de las malas decisiones en todo el cuerpo y el padre lo viste con las mejores ropas, hace una fiesta y le da la bienvenida al hogar.

“Él miró más allá de mis errores y vio mi necesidad”. Escribí estas palabras en una canción hace muchos años después de leer el Salmo 18. Pensar en el compromiso de Dios con nosotros me dejó estupefacta, su compromiso de responder a nuestro llamado y, cuando estamos en problemas, estar allí para ayudarnos.

A veces mueve el cielo y la tierra para intervenir; otras veces da las respuestas a través de personas ordinarias como usted y como yo. Si nos separamos de aquellos que se están alejando de la fe, juzgamos sus decisiones inmaduras y los desechamos cuando cometen errores, entonces no debemos llamarnos líderes. Cualquiera puede conducir a otros durante los buenos tiempos, pero los verdaderos líderes saben cómo conducir a las personas a través del desierto y mostrarles cómo permanecer firmes en los tiempos difíciles.

Es como la paternidad. El privilegio más maravilloso e increíble en este planeta es que se nos confíe la formación de estas pequeñas vidas. Pero también le puedo asegurar que es el trabajo más difícil, estresante y emocionalmente agotador que existe.

¿Cómo sabrán las personas que vale la pena seguirnos? Juan 13:35 explica: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Amor es una palabra grande, una palabra de acción, lo que significa que requerirá un esfuerzo de nuestra parte. Para Jesús, el amor significó sacrificio, así que no debe sorprendernos cuando aprendamos que guiar a la manera de Dios significa amar a la manera de Dios, la manera del sacrificio. Algunas de las personas que usted y yo amamos tienen el potencial de ser peligrosos para sí mismos, para usted, para su equipo y para la iglesia. Y no podemos hacer nada sin la sabiduría de Dios, ni siquiera amar. Pero podemos confiar en la Palabra de Dios y en el poder de la oración para mostrarnos cómo cubrirlos y ayudarlos para que obtengan la sanidad que necesitan. Tengo que admitir que me han sorprendido mucho las conductas “secretas” de algunas personas. Puede que Dios quiera que las acompañemos durante semanas, meses o años, o puede que quiera que los conduzcamos hacia uno de los servicios de la comunidad donde se ofrece ayuda profesional, ayuda que la iglesia no está equipada para proporcionar. Recuerde, no necesita tener todas las respuestas.

--Extracto tomado del libro El arte de ser un mentor de Darlene Zschech


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La Palabra que sana


Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.·—Romanos 8:15–16.

Kathryn Kulman, una importante evangelista de sanidad del siglo veinte dijo que existe algo mucho más grande que sanar cuerpos enfermos. El milagro mucho más grande es la regeneración de su espíritu por el Espíritu Santo. En sus palabras:·Jesús dijo: “Debes nacer de Nuevo”. No es opcional. Él nunca le impone la salvación. Usted viene a Él porque desea hacerlo. Las Escrituras dicen: “Y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). No existe ningún toque en el universo como el toque de su mano perforada. Todo aquel que es tocado por ella es restaurado. Todo aquel que es tocado por Él, descubre la salvación, la sanidad y el poder que yacen en su toque. El toque del maestro hace nuevas todas las cosas.·

En sus primeros años como cristiano, Watchman Nee, un famoso teólogo chino, aprendió que el hombre está compuesto de tres partes: espíritu, alma y cuerpo. Él comprendió que el alma es la personalidad del hombre, el cuerpo es la parte exterior del hombre que está en contacto con el mundo físico y el espíritu es la parte más profunda del hombre que está en contacto con el mundo espiritual. Los creyentes son regenerados por el Espíritu de Dios en su espíritu (Romanos 8:16) y se convierten en un espíritu con el Señor (1 Corintios 6:17). Ese poder de regeneración trae sanidad y plenitud a su hombre interior: su espíritu.

A menudo no nos concebimos fácilmente como un “ser espiritual” hecho a la imagen de Dios, como enseña el libro de Génesis (Génesis 1:26–27). Tampoco discutimos de la condición de nuestra alma cuando hablamos acerca de nuestra necesidad de sanidad. Sin embargo, podemos describir inconscientemente nuestra aflicción de alma y espíritu cuando nos referimos al dolor emocional o angustia mental que padecemos.

El temor, la depresión, la ira y otras enfermedades del alma (mente, emociones, voluntad) también afectan a nuestro hombre espiritual así como a nuestro cuerpo. No obstante, Dios ofrece su paz a todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Jesús les dijo a sus discípulos poco tiempo antes de su muerte:

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.·—Juan 14:27

Gozar de la paz de Dios no significa que jamás habrá problemas, dolor o conflictos en la vida. A pesar de las circunstancias tenemos la promesa divina de que podemos recibir el don de la paz de Dios. Disfrutar de la paz de Dios es consecuencia de hacer la paz con Dios: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

Isaías profetizó los nombres que caracterizarían al Mesías: “Y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Todo lo que necesitamos para vivir en paz divina después de haber aceptado a Cristo como nuestro Salvador, se encuentra en Su nombre: Príncipe de Paz.

La Biblia enseña que Dios es Espíritu “y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). Ya que estamos hechos a su imagen, debemos conectarnos con Él a través de nuestro espíritu, lo profundo de nosotros. Como usted sabe, después de que la humanidad desobedeció a Dios en el Huerto de Edén, se rompió nuestra conexión espiritual con Dios. De ello se trata la obra redentora de Cristo en el Calvario.

Él vino a “sanarnos” a través del nuevo nacimiento, para restaurar la vida eterna de nuestro espíritu cuando aceptamos su perdón por nuestro pecado y lo recibimos como nuestro Salvador y Señor. Jesús explicó el grandioso proceso de redención: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado, pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. —Juan 3:16–18

Jesús le dijo a Nicodemo, un maestro de los judíos que “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Él explicó que hemos nacido de nuevo del agua (el nacimiento humano) y del Espíritu: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del espíritu, espíritu es” (v.6).

Este principio redentor de la sanidad espiritual de Dios fue profetizado a lo largo del Antiguo Testamento, comenzando después de la caída el hombre. Dios puso al tentador y rival al descubierto: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). Conocida por muchos teólogos como el “protoevangelio” o el “primer evangelio”, esta promesa de redención es el primer anuncio que Dios hace del plan divino para regenerar nuestro espíritu. Su cumplimiento requeriría el supremo sacrificio de su Hijo único en el Calvario.

·Sin embargo, la redención a través de Cristo no era el plan B de Dios.

Él no fue sorprendido por las elecciones de la humanidad en el jardín. Las Escrituras declaran que Jesús es “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8). Tal amor no puede ser comprendido por nuestras mentes finitas, que Dios creara la humanidad sabiendo que lo rechazaría y necesitaría que su Hijo único sufriera de modo incomprensible para redimirla.

Descubra su destino en el toque del Maestro

Entonces, ¿sabe usted por qué fue creado? ¿Con qué propósito? Cumplir el destino de Dios para su vida comienza al reconectarse espiritualmente con Dios, quien es Espíritu. Este es posiblemente el milagro más grande de sanidad divina a disposición de la humanidad, ir de la vida a la muerte, de la condenación a la bendición eterna, de un lugar de exilio a un lugar de amistad íntima con la familia de Dios como su propio hijo.

Al rendirse al Espíritu Santo y aprender a obedecer su voluntad para su vida, usted será fortalecido en su interior: su espíritu. Jesús prometió que de su espíritu regenerado fluirían ríos (Juan 7:28).Su destino, su propósito y el poder sobrenatural de Dios residen en su espíritu. Su poder sanador fluirá hacia su mente y cuerpo desde esa vida divina que reside en su espíritu. Y fluirá hacia las vidas que usted impacte, trayendo gloria a Dios en todo lo que usted realice.

- Extracto tomado del libro Palabras divinas que sanan de Siloam & Casa Creación. Image and video hosting by TinyPic
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Dios puede. Dios quiere.

Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció —Mateo 8:2-3


Es probable que todos los cristianos crean que Dios tiene el poder para bendecir, sanar, proteger, prosperar y hacer que alguien prospere. Sin embargo, sabemos que no todos los cristianos creen que Dios quiere hacer todo eso por ellos. Mateo 8:1-3 registra la historia de un leproso que se acercó a Jesús en búsqueda de sanidad. Él dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. El leproso no dudaba de la capacidad de Jesús para curarlo, pero no estaba seguro de que quisiera sanarlo a él, un leproso condenado al ostracismo por todos. En otras palabras, él creía en la omnipotencia de Dios, pero no estaba seguro de que el corazón de Dios fuera uno de amor y favor inmerecido hacia él. Estoy seguro de que conoces creyentes que son así. Pueden creer en el poder de Dios, pero no están seguros de la voluntad de Dios para con ellos. Saben que Dios puede, pero no están seguros de si quiere.
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