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Jesús solía retirarse a lugares solitarios para orar... haz lo mismo

Jesús solía retirarse a lugares solitarios para orar. —Lucas 5:16

No hay duda de que Jesús siempre oraba mucho. Él se conectaba con el Padre y valoraba tanto su tiempo de oración que se escabullía lejos de los discípulos sin decírselo para poder orar sin ser molestado durante el tiempo que necesitara hacerlo. Luego, cuando se enfrentaba a una situación—una persona ciega que venía a Él en busca de sanidad, por ejemplo—Él sabía exactamente qué hacer.

Oramos, Padre, quiero caminar en sintonía contigo. Descarga tu instrucción divina para que yo sepa por qué camino debo ir. Que tu Palabra renueve mi mente para que yo no siga el modelo de este mundo, sino a ti. Guíame por sendas de justicia. Ordena mis pasos con tu Palabra. En todas mis relaciones deja que hoy tu luz brille a través de mí. En el nombre de Jesús, amén.

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Si por el Espíritu hacéis, morir las obras de la carne, viviréis



Dios es galardonador de los que le buscan con diligencia, lo cual significa que Él ya tiene recompensas para usted en el cielo. Ahora bien, yo siempre he leído este pasaje de la manera equivocada. En mi mente, siempre he añadido: “le buscas a Él . . . y le encuentras a Él”. Pero la Biblia nos dice que si buscamos, encontraremos. Dios no permitirá que usted caiga en la tentación. Él está con usted. Recuerde su sueño para completar el ayuno, y mantenga sus pies en el camino de la rectitud. ¡Ya está usted a medio camino!

Durante diez años y doscientos treinta episodios, la serie de televisión Friends se convirtió en un centro de atención para millones de personas en este país. En 1994, los críticos dijeron que ese programa,
que trataba de seis amigos solteros que vivían en la ciudad de Nueva York, no era muy entretenido, inteligente u original. El episodio final de ese programa tuvo 52 millones de espectadores. Los críticos que dijeron que no tendría éxito, no tuvieron en cuenta el inmenso vacío de conexión que hay en la cultura estadounidense. Las personas quieren y necesitan estar conectados en relaciones. Esa necesidad de estar conectado se evidencia en la iglesia mediante grupos de hogar y un mayor énfasis en la comunidad. Aunque eso es bueno, si no tenemos cuidado podemos llegar a estar centrados demasiado de forma horizontal y no lo bastante vertical. La Iglesia en la actualidad, en su mayor parte en el mundo occidental, y en particular en Estados Unidos, se trata de mí: “Quiero que mis necesidades sean suplidas. Bendíceme; enséñame; ayúdame”. Aunque esos son necesidades y deseos legítimos, debemos tener en mente que la cruz tiene dos brazos: uno es horizontal, pero el otro es vertical.

El ayuno pone sus prioridades más en vertical y más en línea con los deseos de Dios. Es lo que Jesús hizo cuando limpió el templo. Las prioridades se habían vuelto demasiado horizontales. Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

—Mateo 21:12-13

Eso no significa que cuando usted ayune no tenga necesidades y deseos concretos propios por los cuales está buscando a Dios. Ciertamente, debería ayunar con un propósito concreto. Sin embargo, yo creo que a medida que continúe un ayuno prolongado, el verdadero clamor de su corazón se convierte en: “Más de ti, Dios, y menos de mí”. Cuando pone a Dios en primer lugar, todo lo demás es añadido.

Según el principio de Dios de “las primicias”, lo que pone usted en primer lugar, ordenará el resto. Cuando pone su espíritu en primer lugar, sirve usted a las cosas del Espíritu Santo, en lugar de a los deseos de la carne. Como resultado, su mente, voluntad, emociones, al igual que su cuerpo físico y su salud, se podrán en línea según la dirección del Espíritu. “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis, morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:13).

Tomado del libro El ayuno con diario para 21 días por Jentezen Franklin.

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Jesús es el camino



Jua 14:6

(BAD)  —Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.

("CJ")  Le dice Yeshúa: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.Nadie va al Padre sino por mí.

(Jer 2001*)  Le dice Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

(LBLA)  Jesús le dijo*: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

(NBLH)  Jesús le dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí.

(OSO)  Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

(DHH L 1996*)  Jesús le contestó:
 –Yo soy el camino, la verdad y la vida. [1] Solamente por mí se puede llegar al Padre.

(BLS)  Jesús le respondió: —Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin mí, nadie puede llegar a Dios el Padre.


(PDT)  "Jesús le dijo: -Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se llega al Padre."

(BLA*)  Jesús contestó: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

(NRV2000**)  Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

(RV 1960)  Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

(Oro*)  Le respondió Jesús : Yo soy el camino, la verdad, y la vida: Nadie viene al Padre sino por mí.

("Kadosh")  Yahshúa dijo: "YO SOY EL CAMINO Y LA VERDAD Y LA VIDA; nadie viene al Padre, excepto a través de mí.

(VM)  Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

(NBJ)  Le dice Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

(BL95)  Jesús contestó: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

(BPD)  Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.

(BTX)  Jesús le dice: Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre sino por mí.

(NT NV°)  עשוהי le dijo, Yo soy el Derej, la Emet, y la Jayim: nadie viene al Abba sino por Mí.

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El Verbo hecho carne - Estudio Bíblico sobre Navidad

Juan 1:1-18 es uno de esos pasajes en los que debemos meditar en estos días en que el mundo “celebra” sin entendimiento el nacimiento del Señor Jesucristo. Espero que este excelente y esclarecedor mensaje de John Piper pueda ser de gran ayuda para muchos. Juan 1:1-18

“En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 El estaba en el principio con Dios. 3 Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4 En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 Y la luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la comprendieron. 6 Vino al mundo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. 7 Este vino como testigo, para testificar de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. 8 No era él la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz. 9 Existía la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre. 10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, 13 que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni
de la voluntad del hombre, sino de Dios. 14 Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de Él y clamó, diciendo: Este era del que yo decía: “El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo.” 16 Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. 17 Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo. 18 Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer.”
En la primavera de 1974 me encontraba terminando mis estudios en Alemania. Mi profesor había fallecido y para ocupar su lugar en uno de los cursos vino desde Basilea a Múnich un gran erudito del Nuevo Testamento llamado Oscar Cullmann, quien debía impartir las clases sobre el Evangelio de Juan. Tal como lo recuerdo, en las primeras 13 semanas de ese trimestre de un total de 18 semanas, llegamos a trabajar solo los 14 primeros versículos del libro de Juan. Así es como son de intensos estos versículos.
>Un mensaje de Navidad acerca de los dogmas especiales sobre Cristo
He escogido este texto con cierto temor de que no le haría justicia al dedicarle un solo sermón. Pero lo escogí por dos razones. Una es que este es un maravilloso pasaje de Navidad. El versículo clave, donde vemos su orientación hacia la Navidad es el versículo 14: “Y el Verbo se hizo carne, y
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Alza tu mirada

Es en esa posición de impotencia, abandono o descontrol que alzamos nuestros ojos al cielo.

Cuando éramos niños, en ocasiones, mi padre solía recitar con nosotros el Salmo 121 cada vez que salíamos fuera de nuestra casa. Mientras lo recitaba, venía a mi mente la estampa vívida del lugar montañoso donde vivía. Desde el balcón de mi casa, podía ver los montes adyacentes, con algunas casas y calles. Pero mi vista sólo alcanzaba ver la parte interior de esos montes, no podía ver lo que pasaba al otro lado del monte, o si alguna persona o vehículo se aproximaba, hasta que llegaban al lado donde sí podía ver.

Así como el salmista dice: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?” (v. 1), muchas veces, hay montes que se levantan en nuestra vida, que nos impiden ver lo que pueda estar pasando al otro lado o lo que pueda estarse acercando. Es como si estuviéramos en medio de ese valle de desolación y sólo a nuestro alrededor hay montañas que nos impiden salir de él o ver si viene la ayuda de camino.
En ocasiones, los montes pueden ser mucho más altos a nuestra vista, y sólo estamos mirando a ver por dónde puede estar la salida. Estamos esperando ver esa luz a la distancia que nos indique el camino a seguir. Por eso, tendemos a mirar hacia arriba y decir entre sí: “¿Cómo podré salir de esta situación?”,“¿Quién podrá ayudarme a salir de esto?”, “¿De dónde vendrá mi socorro?”.

Sin embargo, es en esa posición de impotencia, abandono o descontrol que alzamos nuestros ojos al cielo. Nuestra posición nos obliga a tener que alzar nuestra mirada y exclamar: “Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra” (v. 2).

Hay alguien mucho más grande que yo, más grande y más alto que el monte que se levanta en mi vida, y tiene que estar arriba en los cielos. Tiene que ser el Dios creador de los cielos y la tierra, quien habita en las alturas y mira desde los cielos a la tierra y acude al socorro de su criatura (ver Sal. 14:2; 33:13; 53:2; 85:11; 102:19). Él es siempre nuestro oportuno socorro, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (ver Heb. 4:16; Sal. 46:1). Así como vemos la tierra, plana y redonda, desde la cámara potente de alguna nave espacial (como cuando vemos algún documental por la televisión), así mismo ve Dios la tierra desde las alturas. ¡Las montañas no se ven como montañas! Desde arriba no se puede apreciar cuán alta es la montaña. Así que a Dios no le impresiona nada de eso. ¡Él se enfoca en ti y solamente en ti!

Por eso es que no tenemos por qué estar atemorizados. Nuestro Dios es alto y sublime, pero también está accesible a nosotros. Él ha dicho: «Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre, ni por siempre estaré enojado, pues decaerían ante mí el espíritu y las almas que yo he creado...Produciré fruto de labios: Paz, paz para el que está lejos y para el que está cerca», dice Jehová. «Yo lo sanaré» (Is. 57:15-16, 19). Dios tiene cuidado de sus criaturas, de sus hijos. Sólo espera que le abramos el corazón.

La única manera en que Dios puede habitar dentro de nosotros es pidiéndole a Él que venga y haga morada en nosotros; y Él lo hace por medio de su Espíritu. Nuestro espíritu está anhelando conectarse con Él para ser reavivado; nuestro corazón, nuestra mente y nuestros pensamientos también anhelan ser vivificados. Sólo así se podrá producir en nosotros la paz, el descanso y la confianza que necesitamos tener cuando las situaciones difíciles nos rodean como montes a nuestro alrededor.

Anímate a levantar tu rostro, a enfocar tu mirada en Aquel que es tu socorro. Cuando te enfocas en los cielos, lo demás a tu alrededor se vuelve insignificante. Confía de todo corazón en Dios, quien te creó y te conoce, aun desde antes que existieras en este mundo. Él está ahí para sostenerte, para ayudarte y para darse a conocer tal como Él es: el Dios de paz, el Dios que provee, el Dios que sana y el Dios que te bendice.

Lydia C. Morales


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¡Proteja la marca!

¡Nombre, marca e imagen! En un mundo lleno de nomenclaturas, manipuladores de ficheros y gurús de mercadeo, hemos llegado a comprender en la realidad actual que hay poder en un ¡nombre! Compramos automóviles, ropa, comida, computadoras y hasta papel higiénico, dejándonos llevar por la marca y el nombre. Le damos importancia a los nombres. Exaltamos y honramos nombres de artistas, políticos, presidentes, reyes, deportistas y demás.

No obstante, nada es más santo, más sagrado ni debe ser más honrado y respetado que el nombre de nuestro Dios todopoderoso. Jesús comenzó la oración más poderosa en toda la humanidad declarando: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

¿Qué significa santificado sea tu nombre? Quiere decir que no hay nada más santo que el nombre de Dios; santo es su nombre. No significa que hacemos santo su nombre, sino que su nombre ya es santo. Isaías dio testimonio del clamor del serafín en Isaías 6:3 (NVI): “Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso”.

Cuando santificamos su nombre reconocemos que nuestro Dios no es cualquier Dios, Él es el Dios santo. En un mundo lleno de decepciones, Dios sigue siendo santo. En una cultura llena de mentiras y engaños, Dios sigue siendo santo. En un tiempo lleno de falsedades de todo tipo, Dios sigue siendo santo. En una era repleta de relativismo y confusión, Dios sigue siendo santo. En una realidad en la cual políticos, deportistas, actores de Hollywood y predicadores fallan, Dios sigue siendo santo. ¡Santo es el Señor, Dios todopoderoso! ¡Santificado sea su nombre!

Entonces, ¿cómo santificamos su nombre? Con nuestro testimonio. Verá, en Génesis nadie sabía el nombre de Dios, sólo por el nombre de aquellos que lo seguían. Esta idea revolucionaria, que transformó la historia, de que sólo hay un Dios (monoteísmo), se dio a conocer mundialmente no sólo por el nombre que lleva sino por las personas que llevan su nombre.

En otras palabras, lo conocían como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Aún hoy día, Dios se conoce por aquellos que lo siguen. Por eso es que nuestro testimonio es importante.

Su testimonio importa. Su narración importa. Como señaló una vez el pastor, autor y orador estadounidense Tony Campolo, el testimonio triunfa sobre los títulos. Faraón tenía el título, pero Moisés tenía el testimonio. Acab tenía el título, pero Elías tenía el testimonio. Nabucodonosor tenía el título, pero Sadrac, Mesac y Abed-nego tenían el testimonio. Además, ¡hace más de 2,000 años Herodes tenía el título, pero Jesús tenía el testimonio! De manera que deje que su luz alumbre; Mateo 5:16 y su nombre serán santificado.

Tiene que santificar su nombre al confiar en Él. El Salmo 9:10 dice: “En ti confiarán los que conocen tu nombre”. No podrá santificar su nombre a menos que confíe en Él. No importa lo que esté pasando, confíe en Él. Si conoce su nombre, entonces confiará en Él.

¿Por qué? Porque el nombre del Señor dice Proverbios 18:10 es “torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado”.

¿Qué está santificando? ¿Hacia dónde está corriendo? A Abraham y sus hijos, Él no le reveló su nombre completo sino que les dijo que su nombre es Dios todopoderoso (ver Éxodo 6:3). Cuando santifica su nombre al confiar en su santo nombre está corriendo hacia la todopoderosa y omnipotente presencia de Dios.

Dios todopoderoso, El Shadai, que también significa el que es del todo poderoso, del todo suficiente y el Dios que no se puede detener. Dígase: “Él ya está haciendo algo en mí y no se puede detener”.

Cuando Isaías vio al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, los ángeles dijeron santo, santo, santo es el Señor todopoderoso. Cuando Él es santificado sus fuerzas se activan a nuestro favor.

No se detiene ahí. Cuando Moisés le preguntó a Dios qué decir en caso que lo cuestionaran, dice en Éxodo 3:13-14: “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros”.

¿Qué está santificando, en cuál nombre está confiando? ¿Hacia dónde está corriendo? YO SOY EL QUE SOY. ¿Sabe lo que eso significa dentro del contexto hebreo? Existo, no cambio y nunca me agoto.

Hermano, ¡Él vive! No cambia y nunca jamás se cansa de amarlo, no se cansa de bendecirlo, ni de cubrirlo. ¡De manera que corra a su nombre y santifíquelo!

Santifique al ir a la batalla con su nombre. Cuando un joven pastor peleó con el gigante que estaba mofándose del pueblo de Dios, el chico lo confrontó y le dijo en 1 Samuel 17:45: “Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado”.

Santifique al ir a la batalla con su nombre. Mire a los ojos a la opresión, la aflicción y las ataduras y diga: ¡Vengo en contra tuya en el nombre del Señor todopoderoso! USTED tiene un NOMBRE que le garantiza la victoria, ¡pelee! ¡Santificado sea su nombre! Salmo 124:8 dice: “ Nuestro socorro está en el nombre de Jehová, que hizo el cielo y la tierra”.

Santifique su nombre protegiendo los derechos de autor, por tanto, permítame concluir con una pregunta: ¿Le permitiría la compañía Apple a la gente usar su logo y su nombre fuera de contexto y sin permiso? Entonces, ¿por qué le permitimos a la gente que use el nombre de Dios como una palabra soez, en broma, o como improperio o blasfemia?

Santificamos su nombre al poner en práctica Éxodo 20:7: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”. Recuerde: ¡Proteja la marca!

—Rev. Samuel Rodríguez, presidente de la Conferencia Nacional de Liderazgo Cristiano Hispano (NHCLC), la organización hispana cristiana más grande en los Estados Unidos la cual representa a más de 34,000 iglesias.

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