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Amigos de Dios

“El Señor brinda su amistad a quienes le honran, y les da a conocer su pacto”. Salmos 25.14 (NVI)

Hay otra versión que dice que Dios nos da a conocer sus secretos. Fíjate que hay varios niveles de amistad: aquellas que son no tan importantes, y aquellas amistades con las cuales nos sentimos como hermanos.
Con Dios pasa lo mismo, es muy diferente cuando nos acercamos a alguien sólo cuando estamos en problemas. Pero con los amigos pasamos tiempo tanto en las buenas como en las malas.
Mucha gente se acerca a Dios sólo cuando tienen problemas, pero cuando todo va bien, se olvidan de que existe. Recuerda que Dios te dijo: “Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes”. Jeremías 33.3 (NVI)
Para conocer lo que Dios tiene para nosotros es necesario que apartemos tiempo para estar con Él, para contemplarle, para saber cuáles son sus pensamientos, leer Su Palabra, para conocer cómo Él actúa.
Como dice la Biblia: "Para aquellos que lo aman, Dios ha preparado cosas que nadie jamás pudo ver, ni escuchar ni imaginar". 2 Corintios 2.9 (TLA)

 Es difícil apartar tiempo para estar con Él, pero es lo más importante. Hay cosas necesarias, pero ¿qué es lo que Dios más valora? Hoy Jesús te dice, como a Marta en aquel día tan “ocupado”. ¿Por qué te preocupas por tantas cosas? Hay algo más importante. María lo ha elegido, y nadie se lo va a quitar.

D.T.

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El amor triunfa sobre el fracaso

El amor del Padre es tan increíble. Mi historia e imagen favorita del amor supremo se encuentra en la narración del hijo pródigo. Este hijo había desperdiciado su herencia viviendo perdidamente, había dado la espalda a su familia y había decepcionado a su padre, pero el corazón de su padre siempre estaba vigilante, atento y listo para la llegada de su hijo. Incluso antes de que el hijo llegara a casa, el amor de su papá ya se había tragado sus errores.

De la misma forma, el Señor nos vio desperdiciando nuestras propias vidas y vino para portarse con nosotros como este padre quien, incluso cuando el hijo todavía estaba lejos, lo vio, corrió hacia él y lo abrazó y lo besó. Era el hijo del chiquero, al que muchos no querían acercársele porque no podían soportar el olor hasta ver quién estaba detrás de él: un ser humano lleno de las promesas de Dios.

Pero el amor de su padre era demasiado fuerte como para dejar de ser. El hijo se para frente su papá con el hedor de las malas decisiones en todo el cuerpo y el padre lo viste con las mejores ropas, hace una fiesta y le da la bienvenida al hogar.

“Él miró más allá de mis errores y vio mi necesidad”. Escribí estas palabras en una canción hace muchos años después de leer el Salmo 18. Pensar en el compromiso de Dios con nosotros me dejó estupefacta, su compromiso de responder a nuestro llamado y, cuando estamos en problemas, estar allí para ayudarnos.

A veces mueve el cielo y la tierra para intervenir; otras veces da las respuestas a través de personas ordinarias como usted y como yo. Si nos separamos de aquellos que se están alejando de la fe, juzgamos sus decisiones inmaduras y los desechamos cuando cometen errores, entonces no debemos llamarnos líderes. Cualquiera puede conducir a otros durante los buenos tiempos, pero los verdaderos líderes saben cómo conducir a las personas a través del desierto y mostrarles cómo permanecer firmes en los tiempos difíciles.

Es como la paternidad. El privilegio más maravilloso e increíble en este planeta es que se nos confíe la formación de estas pequeñas vidas. Pero también le puedo asegurar que es el trabajo más difícil, estresante y emocionalmente agotador que existe.

¿Cómo sabrán las personas que vale la pena seguirnos? Juan 13:35 explica: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Amor es una palabra grande, una palabra de acción, lo que significa que requerirá un esfuerzo de nuestra parte. Para Jesús, el amor significó sacrificio, así que no debe sorprendernos cuando aprendamos que guiar a la manera de Dios significa amar a la manera de Dios, la manera del sacrificio. Algunas de las personas que usted y yo amamos tienen el potencial de ser peligrosos para sí mismos, para usted, para su equipo y para la iglesia. Y no podemos hacer nada sin la sabiduría de Dios, ni siquiera amar. Pero podemos confiar en la Palabra de Dios y en el poder de la oración para mostrarnos cómo cubrirlos y ayudarlos para que obtengan la sanidad que necesitan. Tengo que admitir que me han sorprendido mucho las conductas “secretas” de algunas personas. Puede que Dios quiera que las acompañemos durante semanas, meses o años, o puede que quiera que los conduzcamos hacia uno de los servicios de la comunidad donde se ofrece ayuda profesional, ayuda que la iglesia no está equipada para proporcionar. Recuerde, no necesita tener todas las respuestas.

--Extracto tomado del libro El arte de ser un mentor de Darlene Zschech


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Padre nuestro

Padre nuestro. Existe una revolución espiritual en esas palabras. Jesús no les enseñó a sus discípulos a comenzar sus oraciones: “Oh, Dios de Abraham, Isaac, Jacob y Moisés”, u: “Oh, hacedor del cielo y la tierra”, ni: “Oh, gran Espíritu que todo lo ve y lo sabe”; sino “Padre” y no solamente “Padre”, sino “Padre nuestro”. No comenzó con “Padre mío”, porque la gente habría pensado que solamente debía ser el “Padre de Jesús”, sino “Padre nuestro”, expresando el hecho de que “ustedes son mis hermanos y hermanas y Dios es nuestro Padre”. Pablo, quien recibió esta revelación, amplió lo que Jesús dijo aquí, explicando: “Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15).

Es lo que Jesús oró en el huerto de Edén cuando inquirió si tenía que sufrir la cruz en Marcos 14:36. En esencia preguntó: “¿Papi? ¿Padre? Haré todo lo que deseas que haga pero, ¿no podemos salvar a la humanidad de otra manera?”. Él estaba recurriendo a la relación íntima que compartía con su “Papi”, mientras apelaba a la autoridad de la cabeza de su hogar, que era su “Padre”. Doblando la rodilla delante de cada uno fue a la cruz, pero debido a la calidad de su relación con Aquel a quien podía llamar “Papi”, no fue solo. Al ordenarnos orar “Padre nuestro”, Jesús nos dijo que teníamos el mismo derecho de acudir a Dios. Si no aprende nada más de este libro, deseo que comprenda esta revelación: Usted es hijo de Dios y Él desea tener una relación con usted de Padre a hijo, de Papi a hija. Dios desea escuchar sus oraciones y ver que la oración desarrolla en usted el poder para ser un vencedor. Como lo describió Pete Greig, uno de los fundadores y líderes del movimiento 24–7 Prayer (Oración 24–7):

La oración se trata de poder. La oración se trata de milagros. La oración se trata de avance. La oración se trata de la extensión del Reino. Pero más que todo eso, la oración se trata de tener intimidad con Dios. Se trata del regazo del Padre y de ser escogido por Jesús.

El comienzo de la confianza en la oración es darse cuenta de que existe Alguien del otro lado, que no solamente desea lo mejor para usted, sino que también desea la misma relación con usted que tiene un padre con su hijo. Él desea verlo nacer saludable, admirando cada dedito, verlo crecer, verlo aprender a caminar, verlo aprender a valerse por sí mismo y nunca estar más lejos de una llamada o un mensaje de texto mientras madura y sale para llevar a cabo su propósito en el “negocio familiar”. Él desea escuchar lo que usted quiere decir, Él desea ver que sus necesidades sean satisfechas, Él desea responder sus preguntas, Él desea darle entendimiento, sabiduría y revelación, y Él desea conocer a sus amigos. Él siempre lo apoya, Él siempre tiene un consejo sabio para usted, Él tiene palabras de ánimo y edificación y Él posee el poder del universo para utilizarlo para usted cuando lo considere necesario. Todo lo que usted tiene que hacer es conectarse con Él.

Sé que para algunos este concepto puede ser difícil de comprender, especialmente si nuestros padres terrenales no se concentraron exactamente en la “conexión”. Muchos padres están ausentes, si no física, emocionalmente. Realmente creo que ha habido un ataque a los padres en nuestro mundo por esta precisa razón. El enemigo no desea que tengamos una buena opinión de los padres que nos acerque más a Dios el Padre. Satanás desea que pensemos de los padres como personas que se van cuando estamos muy jóvenes como para acordarnos de ellos, hombres que beben mucho, que utilizan las manos para golpearnos en lugar de enseñarnos o consolarnos, quienes son egoístas y flojos, sin rumbo, imprudentes, indiferentes, destructivos e imperfectos.

William P. Young, el autor de La cabaña describió este sentimiento de la siguiente manera: “Pasé la mayor parte de mi vida intentando borrar el rostro de mi padre del rostro de Dios”. Si así era su padre, deseo que ponga eso a un lado. Deseo que permita que esa mentalidad se rompa en su vida, porque es una maldición que no le pertenece. Su Padre celestial no tiene ninguna de esas características negativas.

En lugar de eso deseo que imagine cómo sería el mejor padre de la tierra. Su corazón sabe más acerca de la verdadera paternidad de lo que usted se imagina. Dios puso un poco de sí mismo en cada uno de nosotros. Piense en los buenos padres de quienes ha leído en los libros y visto en las películas, o imaginado en las casas de sus amigos. ¿Qué características de esos padres le dieron pautas de cómo es verdaderamente un buen padre? Tómese un momento para imaginar cómo sería el mejor padre y después piénselo de nuevo, porque Dios es un Padre más allá de lo que podemos pedir o imaginar.

Medite en la bondad de Dios, el Padre, y permítale llenar sus pensamientos de Él mismo. Ese es “nuestro Padre”, ese es “su padre y “mi Padre”. Ese es el Padre que creó el cielo y la tierra, de hecho todo el universo, solo para que tuviéramos un lugar dónde jugar. Ese es el Padre que planeó lo mejor para usted antes de que fuera concebido en el vientre de su madre. Una vez más, miré cómo describe Jesús a “nuestro Padre”: "¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7:9–11).

Incluso si usted no tuvo un padre, en su interior sabe cómo sería un buen padre. Aunque pueda pasar un tiempo antes de que estas verdades sean reales para usted, el comienzo es acudir a nuestro Padre en oración. Vaya y permanezca en su presencia, y permítale enseñarle quién es Él en realidad. Pase tiempo sentado en su regazo. A Él no le molestará, de hecho, ¡eso es lo que Él siempre ha esperado que usted haga!

- Fuente: Como un guerrero ora por Cindy Trimm

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No regresa vacía

Isaías nos enseña que la Palabra que sale de la boca de Dios (lo cual creo que también puede ser nuestra boca, dedicada a Él) no regresa vacía. Sino que lleva a cabo aquello para lo que ha sido enviada. La Palabra de Dios es la semilla, y cuando la liberemos en la Tierra, veremos buenos resultados.

"Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié." (Isaías 55:10–11).

Nosotros somos los representantes de Dios en la Tierra, sus portavoces, y el apóstol Pablo nos ordena imitarlo. Como sus representantes, debemos confesar su Palabra tal como Él lo haría. Debemos confesarla audazmente, con autoridad, creyendo que tiene poder para cambiar nuestra vida y nuestras circunstancias.

Este principio ha cambiado mi vida. Algunas veces he dejado que el principio se escabulla, pero el Espíritu Santo siempre es fiel y me recuerda confesar su Palabra. Algunas veces paso más tiempo de lo normal confesando la Palabra de Dios en voz alta. Puedo decir con seguridad que ha sido una parte regular de mi vida a lo largo de estos años. No creo que yo pudiera estar donde estoy ahora si no hubiera aplicado este poderoso principio bíblico en mi vida.

Tome poderosos versículos y pasajes en orden temático que le permitan comenzar a confesar la Palabra en voz alta con respecto a sus necesidades específicas. Hágalo una disciplina espiritual. Libere su fe al pronunciar las Escrituras con su boca y prepárese para ver cambios asombrosos en su vida.

"Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová [ . . . ] Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso [ . . . ] Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo." (Ezequiel 37:3–4, 7, 10).

Estas escrituras son un ejemplo sorprendente de cómo pueden cambiar las cosas al profetizar (declarar) la Palabra de Dios. ¡Declarar con regularidad la Palabra de Dios con su boca produce una vida poderosa y victoriosa!

Ahora conoce el secreto: el poder de la Palabra es desatado cuando la confiesa en voz alta. ¡Tome la decisión de comenzar hoy!
del libro El poder secreto para declarar la Palabra de Dios por Joyce Meyer.
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Hacer mi morada en Dios

"El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente". (Salmos 91:1)
Dios tiene un lugar secreto donde nosotros podemos morar en paz y seguridad. Este lugar secreto es el lugar de descanso en Dios, un lugar de paz y consuelo. Este lugar secreto es un “lugar espiritual” donde la preocupación se desaparece y reina la paz. Es el lugar de la presencia de Dios. Cuando nosotros utilizamos tiempo orando, en búsqueda de Dios y morando en su presencia, estamos en el lugar secreto.
La palabra habitar significa “hacer nuestra morada; morar; vivir”. Cuando usted y yo habitamos en Cristo o habitamos en el lugar secreto, no visitamos ocasionalmente, sino que tomamos residencia permanente allí. En el Nuevo Testamento, una de las palabras griegas traducida habitar es la misma palabra morar en Juan 15:7 cuando Jesús dice: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”.
Si usted y yo habitamos en Dios, es la misma cosa que morar con Dios. Juan 15:7 dice: “Si vives en mí [moras vitalmente unido a mí] y mis palabras moran en vosotros y continúan en tus corazones, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”.
En otras palabras, necesitamos estar firmemente plantados en Dios. Necesitamos conocer el origen de nuestra ayuda en cada situación y circunstancia. Necesitamos tener nuestro lugar secreto de paz y seguridad. Necesitamos depender de Dios y confiar en Él completamente.
En el lugar secreto
"El que habita al abrigo del Altísimo morará"…(Salmo 91:1)
El salmista dice que el que habita en el lugar secreto estará sereno y seguro. El lugar secreto es un escondite, un lugar privado, o un lugar de refugio. Es el lugar donde corremos cuando estamos adoloridos, agobiados o a punto de desmayar. Es el lugar a donde corremos cuando estamos siendo maltratados o perseguidos, cuando estamos en gran necesidad o cuando creemos que ya no podemos más.
Recuerdo que cuando era niña vivíamos en una casa grande, espaciosa. (Mi madre limpiaba esa casa, y así era cómo obteníamos nuestro alquiler.) Era un edificio grande, recargado con muchas esculturas de madera, y muchos pequeños lugares secretos. Un día encontré uno de esos pequeños lugares secretos. Era un pequeño banco esculpido por debajo de la escalera al lado de una vidriera de colores. Aún ahora, todavía me veo sentada sobre el banco reflexionando. No sé qué reflexionaba como una niña pequeña, pero sí sé que tenía unos cuantos dolores y problemas. La vida en mi casa fue marcada por muchas situaciones domésticas de disgustos y perturbaciones.
Ese lugar, el pequeño banco esculpido, se convirtió en mi lugar secreto. Era allí donde yo iba cuando sentía miedo o necesitaba consuelo. Este versículo nos dice que Dios quiere ser nuestro escondite. Algunas personas en el mundo utilizan el alcohol como su escondite. Otros usan las drogas y otros la televisión. Algunos se deprimen y se arropan la cabeza con la colcha. Hay muchas personas en el mundo que están escondiéndose de muchas cosas.
En vez de mirar al mundo para escondernos, Dios quiere que encontremos nuestro escondite en Él. Esto es lo que Él quiso decir con la frase “El que habita al abrigo del Altísimo”. Cuando tenemos problemas, cuando estamos en peligro, Dios quiere que tomemos nuestro refugio bajo la sombra protectora de sus alas. ¡Quiere que corramos a Él!
Tomado del libro ¡Ayúdenme, siento preocupación! por Joyce Meyer.


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