Nunca vas a estar sola | Palabra del día

El estará contigo para siempre

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Jesús habló con sus discípulos amigos antes de irse diciendo: "Enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado. Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos".  


Para Jesús, la obediencia a sus mandatos era esencial para vivir una vida verdaderamente cristiana. La clave de una buena vida cristiana es prestar atención a su palabra, y ponerla por obra. Por eso, cuando enseñamos a los nuevos discípulos a obedecer estos mandatos, los estamos ayudando a fomentar una fe sólida y una vida en consecuencia. 

Tal vez podríamos preguntarnos qué tan fácil es obedecer a la Palabra de Dios y vivirla. Sin embargo, no hace falta ser un erudito en las Escrituras para saber lo que Dios dice. Abriendo la Biblia diariamente podemos tener luz sobre las distintas áreas de la vida en Cristo y elegir cómo vivirla de acuerdo con lo que Dios dice.

Jesús no se quedó con esta orden dada a sus seguidores. El fue más allá y les dio la promesa maravillosa que tanto bien nos hace recordar: la promesa de Jesús de estar siempre con nosotros, hasta el fin de los tiempos, la cual nos da una gran consolación. Nos recuerda que nunca estamos solos en nuestro camino hacia la santidad. Esta promesa nos da la fuerza y el coraje necesarios para seguir adelante, incluso cuando enfrentamos obstáculos y dificultades. Nos ofrece consuelo y nos recuerda que siempre hay alguien que nos apoya y nos guía, incluso en los momentos más oscuros.

El mismo mensaje que Jesús les dio a sus amigos, de quienes se estaba despidiendo, está también destinado a nosotros hoy en día. Jesús nos dice: 

Enseña a otros. 
Enseña a otros a obedecer mis enseñanzas. 
Enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.
Esto les toca a ustedes, ya que yo me estoy yendo...
Por mi parte, te prometo que estaré contigo hasta el fin de los tiempos.
Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo

Gracias Señor! por este llamado a la enseñanza y la obediencia en la vida cristiana, y por darnos la promesa de tu presencia constante en nuestras vidas.







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