La importancia de cuidar de tu salud física | Palabra del día

El bienestar en general, tanto en el ámbito físico, mental, espiritual y emocional, es esencial para llevar una vida plena y satisfactoria. 




La Biblia nos ofrece una gran cantidad de enseñanzas y principios que nos ayudan a cuidar de nuestra salud y bienestar en estos diferentes ámbitos. 


A través de la lectura y meditación de las Escrituras, podemos aprender cómo honrar a Dios con nuestros cuerpos, cómo manejar nuestros pensamientos y emociones, cómo cultivar una relación profunda con Él y cómo vivir en armonía con los demás. Vamos a explorar cómo la enseñanza bíblica puede ayudarnos a mejorar nuestro bienestar en general, y cómo podemos aplicar estas enseñanzas a nuestras vidas diarias para vivir una vida más saludable y equilibrada en todos los ámbitos. Veremos cada uno de estos aspectos, y hoy empezamos por: el cuidado del cuerpo.

Nuestro cuerpo


El cuerpo es un regalo de Dios y es nuestra responsabilidad cuidarlo y usarlo de acuerdo a su plan. La Biblia nos enseña que nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo y que debemos tratarlos con respeto y cuidado.

En primer lugar, debemos entender que nuestros cuerpos son un regalo de Dios. En 1 Corintios 6:19-20, leemos: "¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes, al cual han recibido de Dios? Ustedes no son sus propios dueños, pues fueron comprados por precio. Por tanto, honren a Dios con su cuerpo". Nuestros cuerpos no son nuestros, sino que pertenecen a Dios y debemos usarlos para su gloria y honor.

También debemos cuidar nuestros cuerpos físicamente. La Biblia nos enseña que debemos cuidar nuestra salud física y evitar conductas dañinas. En 1 Corintios 3:16-17, leemos: "¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que ustedes son". Cuidar nuestros cuerpos es darle la alimentación correcta, actividad física y vida saludable que merece, y evitar conductas dañinas como el tabaquismo, el alcoholismo y las drogas.

Comprender que nuestros cuerpos son instrumentos para servir a Dios nos cambia la perspectiva hacia el lugar correcto. La Biblia nos enseña que debemos usar nuestros cuerpos para servir a Dios y a los demás. En Romanos 12:1, leemos: "Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios, que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es su culto racional". En otra versión dice: "Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo".

Qué efecto sanador tienen las Escrituras!


Cuando necesitamos mejorar la salud, en las Escrituras encontramos los beneficios de un corazón alegre, dice que "el corazón alegre es una buena medicina, pero el espíritu quebrantado consume las fuerzas" y "corazón alegre, cara feliz; corazón enfermo, semblante triste." (en Proverbios 17.22 y 15.13). La Palabra de Dios influye en mejorar nuestra salud, ya que con el gozo que recibimos de ella, nuestro semblante mejora, nuestro cuerpo y en especial, nuestros huesos. 

Hablar la Palabra  a otros, y hacerlo con amabilidad tiene un efecto terapéutico sobre los que oyen, "panal de miel son las palabras amables: endulzan el alma y sanan el cuerpo." Proverbios 16.24.

A modo de conclusión


Honrar a Dios con nuestros cuerpos es esencial para vivir una vida plena y satisfactoria. Debemos entender que nuestros cuerpos son un regalo de Dios, cuidarlos físicamente y usarlos para servir a Dios y a los demás. Cuidar nuestra dieta y nuestra salud física es una forma de honrar a Dios y cuidar el cuerpo que nos ha sido dado. Tratemos a nuestro cuerpo con respeto y gratitud, ya que es un regalo de Dios. Tengamos en cuenta que cuidar nuestra salud física es una forma de prepararnos para servir a Dios y cumplir nuestra misión en la vida. Y tengamos constancia en leer la Biblia a diario, para llenarnos de gozo, recibir la sanidad del agua de vida y poder bendecir a otros al hablarla con amabilidad.





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