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Hablar con Dios es un privilegio

El Señor siempre te escucha


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Hablar con Dios es uno de los más maravillosos privilegios.



Pensemos un poco en cómo son las comunicaciones en esta época. Hablar con alguien que esté del otro lado del mundo es lo más fácil y rápido que te puedas imaginar. Los avances tecnológicos nos permiten contar con dispositivos apropiados para mantener diálogos con cualquier punto del planeta... y ¡aún fuera de él! los astronautas mantienen comunicación con la Tierra mientras hacen sus viajes espaciales.

Ahora bien, comunicarnos con Dios no depende de toda esa tecnología. Allí donde esté, en este lugar, puedo hablar con el Padre. Sin dispositivos. Sin WIFI. Sin tener que trasladarme. 

¿Por qué, entonces, a veces se me hace difícil orar?

Las razones que pueda decir son varias: no sé qué decir, me distraigo, no tengo tiempo, etc, etc. 

Descubrí que no hace falta contar con un lenguaje académico para hablar con Dios. Es simple, así como hablo con un amigo, con esas mismas palabras que uso, así mismo puedo hablar con Dios.

Tampoco es cuestión de no tener tiempo, porque para hablar con el Padre no necesito hacer una cita. Puedo hablar con él mientras hago mis quehaceres, cuando camino, cuando conduzco mi automóvil, etc.

Orar es hablar con Dios. Eso fue lo que me dijo la primera persona que me habló de la oración. Y para hablar con Dios me afirmo en estas verdades:


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Dios tiene su mirada en mi y sus oídos están atentos a lo que le digo. 

Los ojos del Señor están sobre los que hacen lo bueno; sus oídos están abiertos a sus gritos de auxilio. Salmo 34:15 NTV

El Señor oye a los suyos cuando claman a él por ayuda; los rescata de todas sus dificultades. Salmo 34:17

Dios me escucha, en las buenas y en las malas

Si bien la oración en medio de la angustia es tan necesaria, hablar con Dios no debe ser únicamente en dichos momentos. Hablar con mi papá celestial es algo cotidiano, es hablar con un amigo, es reír con él, llorar con él, es decirle lo que me pasa, es pedirle consejo, contarle mis debilidades, mostrarle mis errores, es cantar con él y contar con su apoyo.

Por eso, puedo decir: 

Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores.


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