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Dios no permite que tropieces | Salmo 121

El que me cuida no se queda dormido


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El viaje de regreso empezó con algunas lloviznas débiles. Minutos después, la lluvia era tan intensa que no se veía más allá de un metro de distancia. Disminuir la marcha y conservar el carril fueron las pautas del viaje a partir de allí, y esto se prolongó por más de 2 horas. 


Para mi tranquilidad, el saber que la camioneta estaba en buenas condiciones y la pericia del conductor hicieron la diferencia. Y de pronto, la tormenta terminó.

Cuántas tormentas atravesamos a lo largo de nuestra vida. A veces aparecen inesperadamente, otras dan algunas señales. Unas son breves, otras se sienten interminables. Mientras estamos en medio de ellas se nos hace casi imposible no dudar o sentir temor. Cuánto estrés y angustia sentimos cuando se prolongan demasiado.

Qué bueno es saber que un día la tormenta se termina. No es para siempre. Pero lo mejor es saber que quien conduce nuestra "nave" en esos tiempos difíciles es el Señor. Dios sigue estando en el control de nuestra vida. No nos abandona ni nos ignora, al contrario, El prometió estar con nosotros todos los días. Así que mirarlo a El durante el proceso renueva nuestra esperanza.

Confiemos. Perseveremos en la fe. Oremos. Todo eso mantiene la nave en buen estado. Y pongamos nuestros ojos y nuestra confianza en el más experto de todos los pilotos. El nos llevará a puerto seguro.


Salmo 121

1 Levanto la vista hacia las montañas,
¿viene de allí mi ayuda?
2 ¡Mi ayuda viene del Señor,
quien hizo el cielo y la tierra!


3 Él no permitirá que tropieces;
el que te cuida no se dormirá.
4 En efecto, el que cuida a Israel
nunca duerme ni se adormece.


5 ¡El Señor mismo te cuida!
El Señor está a tu lado como tu sombra protectora.
6 El sol no te hará daño durante el día,
ni la luna durante la noche.


7 El Señor te libra de todo mal
y cuida tu vida.
8 El Señor te protege al entrar y al salir,
ahora y para siempre.





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