Todo empieza en tus pensamientos



Su interpretación de eventos traumáticos y su programación mental forman pensamientos que se convierten en creencias. Sus creencias entonces conducen a sentimientos que llevan a elecciones, palabras, acciones o conductas y reacciones. Cuando usted continúa repitiendo conductas, palabras, decisiones y reacciones, finalmente conducirán a hábitos. Los hábitos entonces forman su carácter, y su carácter después determina su destino. Me gusta el modo en que el Dr. David Yonggi Cho explica los efectos de nuestros pensamientos sobre nuestros actos en su libro titulado Fourth Dimensional Living in a Three Dimensional World [Vida en la cuarta dimensión en un mundo de tres dimensiones]:


Hasta el grado en que mentalmente mapeemos nuestros planes para el éxito y llevemos a cabo esos planes en consecuencia, nuestra seguridad de éxito aumenta. Sin embargo, si una persona está más enfocada en el fracaso que en el éxito, la probabilidad de su fracaso aumentará.






Cuando nuestra mente piensa en el éxito, nuestros pensamientos darán resultados positivos, y el cumplimiento de nuestros sueños será acelerado . . . cuando usted comienza a creer que algo es posible, la probabilidad de que emprenda la acción para lograr esa meta aumentará mucho . . . el pensamiento influencia sus sentimientos y conductas, al igual que su cuerpo físico . . . por eso debemos comenzar a pensar a la manera de Dios y no a nuestra manera.





Sus pensamientos afectan no sólo a su vida física sino también a su vida espiritual. El Dr. Cho dice que su pensamiento es como “respiración espiritual”. Él quiere decir que su pensamiento es tan vital para su vida espiritual como la respiración lo es para su vida física. Debido a que afecta a todo lo que usted hace, su pensamiento es el modo en que Dios lleva a cabo en los planes de Él en su vida.


Tanto la depresión como la ansiedad son trastornos del pensamiento. Cuando usted aprende a sintonizar con sus sentimientos y comienza a capturar pensamientos y creencias que provocan ansiedad, puede entonces sustituir esos pensamientos y creencias automáticos por la Palabra de Dios, la cual resolverá la depresión y la ansiedad. Usted puede literalmente cambiar sus pensamientos y cambiar su vida. Es imposible diseccionar cada pensamiento porque usted tiene literalmente cientos de miles de pensamientos cada día, sin embargo, puede sintonizar con sus sentimientos. Los sentimientos pueden entonces alertarle de lo que está pensando, lo cual está normalmente en la raíz de su ansiedad.


En 2 Corintios 10:4-5 Pablo afirma: “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Entienda que estos dos versículos en 2 Corintios hablan sobre pensamientos, imaginaciones y fortalezas. Un pensamiento de ansiedad se convertirá en una imaginación o creencia de ansiedad, la cual, si se medita en ella, con el tiempo se convertirá en una fortaleza o una mentalidad.


Para ayudarle a entender este proceso, piense en las estaciones de radio preestablecidas en un dial de radio. Cuando usted pulsa un botón, está escuchando la estación de radio de entrevistas, y cuando pulsa otro botón, sintoniza con la estación de música cristiana. Su sistema de creencias preestablecido, normalmente formado en la niñez, finalmente se convierte en una mentalidad, por lo que se denomina una fortaleza en el pasaje de 2 Corintios. Cuando usted opera desde creencias preestablecidas, se siente ansioso sin ni siquiera saber por qué. Entonces actúa tanto sobre la base de esas creencias que pasa por alto incluso el pensar en ellas y simplemente se siente ansioso. En otras palabras, usted reacciona antes de pensar. Usted aprenderá, cuando se produzcan sentimientos de ansiedad, a identificar los desencadenantes, pensamientos y creencias de ansiedad. Entonces, a medida que programe esos pensamientos y creencias, la ansiedad irá disminuyendo y finalmente se irá.


Romanos 8:5-6 dice: “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.


Este versículo nos muestra la importancia de meditar en pensamientos espirituales en lugar de pensamientos mundanos (“de la carne”). Las cosas en que meditamos crean mentalidades. Las mentalidades mundanas conducen a depresión y ansiedad, pero las mentalidades espirituales conducen a vida y paz. La paz es lo contrario a la ansiedad, y podemos desarrollar paz reprogramando y derribando toda mentalidad o fortaleza contraria a la Palabra de Dios y sustituyéndola por escrituras.


- Tomado de La nueva cura bíblica para la depresión y ansiedad, por el Dr. Don Colbert.
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El engaño es una trampa



La palabra griega que se utiliza en el texto de Lucas 7:1 para aludir al tropiezo (ofensa) deriva de la palabra skándalon. Esta palabra se refería originalmente a la parte de la trampa en la que se colocaba la carnada. De ahí que la palabra signifique algo así como colocar una trampa en el camino de una persona. En el Nuevo Testamento muchas veces se utiliza para referirse a una trampa colocada por el enemigo. La ofensa es una herramienta del diablo para llevar cautivas a las personas. Pablo instruía al joven Timoteo, diciéndole: “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Timoteo 2:24-26, énfasis añadido). Aquellos que luchan o






>se oponen caen en una trampa y son hechos prisioneros de la voluntad del diablo. Lo más alarmante es que no son conscientes de su estado. Como el hijo pródigo, deben volver en sí mismos y despertar para poder entender cuál es su verdadera situación. No comprenden que están vertiendo agua amarga en lugar de agua pura. Cuando una persona es engañada, cree que tiene la razón, aunque no sea así.


No importa cuál sea la situación, podemos dividir a todas las personas ofendidas en dos grandes categorías: (1) los que han sido tratados injustamente y (2) los que creen que han sido tratados injustamente. Los que corresponden a esta segunda categoría creen con todo su corazón que han sido tratados de forma injusta. Muchas veces, han sacado sus conclusiones basándose en una información inexacta. O su información es exacta, pero la conclusión está distorsionada. Sea cual sea el caso, se sienten heridos y su entendimiento está oscurecido. Juzgan basándose en presunciones, apariencias y comentarios de terceros.


Mi oración es que la Palabra de Dios alumbre los ojos de su entendimiento para que pueda ver cuál es su verdadero estado y sea libre de cualquier ofensa que esté guardando en su interior. No deje que el orgullo le impida ver y arrepentirse. No permita que Satanás gane la batalla de la ofensa.*


*John Bevere, La trampa de Satanás, © 2000, 2010, pp. 17, 18, 22.
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Ayuno y oración

Jesús, a la vez que era una figura muy pública, realmente era una persona muy privada. No se le ve orando en público ni cercanamente a lo que se le ve orando en privado. De hecho, nuestro Salvador estaba tan comprometido a la oración privada que con frecuencia oraba durante horas y horas, incluso durante toda la noche. Parecía anhelar momentos íntimos a solas con su Padre celestial. Pero si Jesús pudiera haber logrado todo lo que vino a hacer solamente por la oración, ¿por qué ayunaba? ¿Podríamos estar perdiéndonos nuestros mayores avances porque no ayunamos? ¿Recuerda la producción al treinta, al sesenta y al ciento por uno de la que habló Jesús (Marcos 4:8, 20)?
Veámoslo de esta manera: cuando usted ora, puede liberar ese aumento del treinta por uno, pero cuando tanto la oración como el ofrendar son parte de su vida, creo que eso libera la bendición al sesenta por uno. Pero cuando las tres cosas, ofrendar, orar y ayunar, son parte de su vida, ¡puede ser liberada esa bendición del ciento por uno! Si ese es el caso, tiene usted que preguntarse qué bendiciones no están siendo liberadas. ¿Qué respuestas a la oración no están llegando? ¿Qué ataduras no están siendo rotas porque no ayunamos? Mateo relata la historia de un padre que tenía un hijo poseído por un demonio. Por años había visto desesperanzado a su hijo sufrir graves convulsiones. A medida que creció, los ataques se volvieron tan graves que el muchacho frecuentemente se lanzaba a un fuego o al agua. Un espíritu suicida le atormentaba constantemente; la situación se volvió amenazadora para la vida.
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