Por qué sufren los justos



En el campo de los estudios bíblicos, existen cinco libros que normalmente son incluidos bajo el título de “literatura de sabiduría” o “los libros poéticos del Antiguo Testamento”. Estos son los libros de Proverbios, Salmos, Eclesiastés, Cantares de Salomón, y Job. De estos cinco libros, hay uno que sobresale, manifestando diferencias significativas respecto a los otros cuatro. Ése es el libro de Job. La sabiduría que se encuentra en el libro de Job no es comunicada en forma de proverbio. Más bien, el libro de Job trata las cuestiones de la sabiduría en el contexto de una narrativa que trata la profunda angustia y el dolor insoportable de Job. El escenario de esta narrativa es el tiempo de los patriarcas. Se han levantado preguntas acerca de la intención autoral de este libro, en cuanto a si estaba destinado a ser una narración histórica de un individuo real o si su estructura básica es aquella de un drama con un prólogo, incluyendo una escena de apertura en el cielo, conteniendo un discurso entre Dios y Satanás, y moviéndose de una forma gradual al epílogo, en el que son repuestas las profundas pérdidas sufridas por Job durante sus pruebas.

En cualquier caso, en el corazón del mensaje del libro de Job está la sabiduría respecto a la respuesta a la pregunta de cómo Dios está involucrado en el problema del sufrimiento humano. En cada generación protestas son levantadas diciendo que si Dios es bueno, entonces no debería haber dolor, ni sufrimiento o muerte en este mundo. Junto con estas protestas contra cosas malas que le suceden a gente buena, también ha habido intentos de crear un cálculo de dolor, por el cual se asume que el umbral de sufrimiento en un individuo es directamente proporcional al grado de su culpa o del pecado que ha cometido.
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Lo que debemos saber con respecto a nuestro cuerpo




Pablo da a los corintios una perspectiva adecuada de sus propios cuerpos
1. El propósito del cuerpo:
“Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1Cor. 6:13).
En palabras más sencillas, lo que Pablo está diciendo aquí es que no podemos equiparar o igualar las relaciones sexuales con el acto de comer, porque si bien es cierto que la comida es para el estómago, y el estómago para la comida, el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor. La relación que hay entre la comida y el estómago es puramente biológica y pasajera. Pero la relación que hay entre nuestro cuerpo y el Señor es muy distinta. El cuerpo fue diseñado para pertenecerle al Señor, para Su servicio; de la misma manera que el Señor es para el

cuerpo, es decir, para habitar en nuestros cuerpos por Su Espíritu.
Eso es algo que nosotros no podemos entender del todo, pero la Biblia enseña claramente que cuando un pecador se convierte a Cristo, el Señor viene a morar en Él (comp. Jn. 14:18-23). De manera que nuestro cuerpo tiene una importancia extraordinaria porque Cristo ha venido a morar allí. El cuerpo es para el Señor y el Señor es para el cuerpo. Precisamente por eso nuestros cuerpos no están destinados a quedarse descompuestos en una tumba.
2.     El destino del cuerpo:
“Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder” (1Cor. 6:14).
Así como el Señor resucitó de la tumba al tercer día con un cuerpo glorificado, los creyentes también resucitarán.
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