No fuimos creados para vivir sin un destino



Efesios 1:3-6

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4 según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de El. En amor 5 nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado.

Uno de los sentimientos más tristes del mundo es sentir que tu vida no tiene sentido. Estás vivo. Pero sientes como si no tuviera sentido estar vivo. Sueñas despierto –un sueño pequeñito, una visión fugaz– de lo que sería ser parte de algo realmente grande e importante, y de como sería tener una parte significativa en ello. Pero cuando despiertas todo se ve tan pequeño, insignificante, lastimoso, desconectado, desconocido y sin sentido.

No fuimos creados para vivir sin un destino. Fuimos creados para ser sustentados por un futuro con sentido y propósito. Fuimos creados para ser fortalecidos cada día por esta seguridad, esta confianza: lo que ocurre hoy en nuestras vidas, no importa cuán opaco y ordinario sea, es un paso realmente significativo hacia algo grandioso y bueno y hermoso mañana.

Cuando este vínculo se quiebra –el vínculo entre mi vida presente y un destino grandioso, bueno y hermoso- tengo tres opciones:

1) Puedo quitarme la vida yo mismo; o

2) Puedo atontarme (con alcohol o drogas o televisión o pornografía o novelas románticas o computadoras o trabajo desesperado o juego frenético); o

3) Puedo buscar reestablecer el vínculo encontrando cuál es mi verdadero destino.

En un campo de concentración Nazi en Hungría durante la segunda guerra mundial, los prisioneros fueron obligados a realizar trabajos nauseabundos en una planta de residuos cloacales. Pero era trabajo; y algo se hacía. Cuando un día la planta fue destruida por los bombarderos aliados. Así que los oficiales Nazi ordenaron que los prisioneros apalearan arena en carretillas y la llevaran al otro lado de la planta y ahí la botaran. Al día siguiente les ordenaron que volvieran a apalear la arena en las carretillas y la trajeran donde la habían encontrado el día anterior. Y así pasan los días.

Finalmente un anciano rompió a llorar incontrolablemente; los guardias lo sacaron. Otro gritó hasta que a golpes lo silenciaron. En ese momento un joven, sobreviviente tres años en el campamento, se alejó corriendo del grupo. Mientras corría hacia la valla eléctrica los guardias le llamaban a voces que se detuviera. Los demás prisioneros gritaron, pero fue demasiado tarde; se vio una luz enceguecedora y se escuchó un ruido crepitante mientras el humo emergía de su piel calcinada. En los días subsiguientes, decenas de prisioneros enloquecieron y huyeron de su trabajo sólo para ser alcanzados por las balas de los guardias o electrocutados por la valla. (Charles Colson, Reinos en Conflicto, p. 68).

Fuimos creados para ser sustentados por un futuro con propósito. 
Fuimos creados para vivir con la seguridad de un destino con sentido.

Uso la palabra destino simplemente para conectar este tremendo clamor del corazón humano con la palabra predestinación en el texto de hoy, Efesios 1:5. Comenzamos la semana pasada con el verso 4: “según nos escogió en El antes de la fundación del mundo.” Esta semana tomamos el verso 5: “nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad.”

En esta mañana quiero establecer en sus corazones – en ustedes que creen en el Señor Jesucristo y lo llaman su Señor y Salvador y esperanza – quiero establecer en sus corazones un destino seguro, un futuro grandioso y bueno y hermoso, para que nunca tengan que sollozar durante días vacíos o aullar frente a la infructuosidad o tirarse sobre vallas electrificadas porque no hay un futuro por el que valga la pena vivir. Y la manera en que quiero establecer este destino en tu corazón y hacerlo firme es mostrándote dos cosas en este texto: la meta de tu destino y el fundamento de tu destino.

1. Por empezar, pongamos nuestra atención en la meta de nuestro destino. ¿Para qué estamos destinados? El verso 5 nos da parte de la respuesta: “nos predestinó para adopción como hijos.” Nuestro destino desde antes de la creación del mundo fue llegar a ser hijos de Dios.

La diferencia entre la predestinación, mencionada en el verso 5, y la elección (o selección) que se menciona en el verso 4, es que la elección se refiere a la libertad de Dios para escoger a quién predestinar. La predestinación se refiere a la meta o destino para el cual él nos escogió. La elección es el acto de Dios de escoger a quien él quiere, y la predestinación es la determinación de Dios de que ellos llegarán a ser sus hijos.

Cuando Dios te escogió, él tenía un propósito, así que predestinó que ese propósito se realizara, es decir, que te convirtieras en hijo de Dios. Que fueras parte de su familia. Que te convirtieras en heredero de todo lo que Dios posee. Que adquirieses la semejanza de la familia.

Tu destino de ser hijo de Dios se menciona en el verso 5: “nos predestinó para adopción como hijos.” Y uno de los significados de esto, la semejanza familiar, se menciona al final del verso 4: “nos escogió en El antes de la fundación del mundo (¿Por qué? ¿Para qué destino?) para que fuéramos santos y sin mancha delante de El en amor.” Este es el contenido práctico de nuestro destino como hijos de Dios. Somos destinados a adoptar el carácter de Dios nuestro Padre, el carácter de santidad y pureza. Ese es nuestro destino.

Ahora observen donde pongo la pequeña frase “en amor.” Estoy haciéndola parte del final del verso 4, no el inicio del verso 5.(1*)

La diferencia es la siguiente: sugiero que el verso cuatro dice, “nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de El en amor.” “En amor” va con santidad y sin mancha y nos muestra lo que es la santidad.

La otra forma de leerlo asocia “en amor” con predestinar en el verso 5 y dice, “En amor nos predestinó para adopción como hijos.” Aquí se refiere al amor de Dios y nos dice en qué forma nos predestinó. El orden de las palabras en griego permite hacer ambas lecturas.

La razón principal por la cual sigo la versión King James y coloco la frase en el verso 4 y hago al amor la esencia de nuestra santidad se halla en el texto paralelo en 1 de Tesalonicenses 3:12-13 que dice así:

Que el Señor los haga crecer para que se amen más y más unos a otros…para que, cuando nuestro Señor Jesús venga con todos sus santos, la santidad de ustedes sea intachable [sin mancha] delante de nuestro Dios y Padre.

Me resulta sumamente notorio que hay por lo menos cuatro paralelos con nuestro texto: la palabra “amor” (“Que el Señor los haga crecer para que se amen más”), la combinación de sin mancha y santidad (“la santidad de ustedes sea intachable [sin mancha]”), la frase “delante de Él” (“la santidad de ustedes sea intachable delante de nuestro Dios”) lo que corresponde con la frase “santos y sin mancha delante de El” en Efesios 1:4; y la referencia a Dios como nuestro Padre reflejando el énfasis en nuestra adopción como hijos en Efesios 1:5.

Todo esto me dice que, así como el amor es el camino a la santidad en 1 Tesalonicenses 3:12, así el amor es también el camino a la santidad en Efesios 1:4. Así que vivir en amor y andar en amor es parte de nuestro destino en Efesios 1:4-5. Dios nos predestinó para que seamos sus hijos y esto significa que él nos destinó a ser como él – ser santos, sin mancha, o sea vivir en amor unos con otros y para con todos los hombres.

Juan lo expresa así en 1 Juan 3:10, “Así distinguimos entre los hijos de Dios…el que no practica la justicia no es hijo de Dios; ni tampoco lo es el que no ama a su hermano.”

Tu destino es ser santo como tu Padre es santo, y eso significa que tu propia esencia ha de ser amar, porque Dios, tu Padre, es amor (1 Juan 4:8). Estás predestinado a ser como tu Padre.

Pero ese no es tu máximo destino. Tu destino supremo está descrito en el verso 6. ¿Por qué nos predestinó Dios para ser hijos y ser santos e intachables y amor? El verso 6 dice: “para alabanza de la gloria de su gracia.” Ser santos e intachables y nuestro amor y adopción como hijos no son fines en sí mismos. Existen para algo mayor: la alabanza de la gloria de la gracia de Dios.

La meta final de Dios al elegir y predestinar es que Dios pueda ser alabado por su gloria. Y el punto más alto de esa gloria es la gracia. Esta es la meta final de nuestro destino. No existe mayor esperanza, no existe un mañana más grande, no existe un futuro más significativo, no existe una causa más valiosa por la cual vivir, que reflejar y alabar la gloria de la gracia de Dios por siempre y siempre.

La certeza de ese destino se halla cimentada en la libertad de Dios y en la completa suficiencia del trabajo de su Hijo Jesús.

2. Así que para concluir, consideremos brevemente la base de nuestro destino. Hemos visto la meta. Ahora miremos hacia la base o fundamento. En el verso 5 Pablo dice, “nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo.” Veamos lo que significa a través de Efesios 5:25-27.

25Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella 26para hacerla santa… 27para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.
¡Las mismas dos palabras de Efesios 1:4! Dicho en otras palabras, la base para volverse santo y sin mancha delante Dios es el amoroso auto sacrificio de Cristo en tu lugar. La base de nuestro destino para ser santos e intachables en amor como hijos de Dios es la muerte de Jesús en nuestro lugar.

Significa que cuando Dios te escogió antes de la fundación del mundo, y te predestinó para que fueses su hijo santo, sin mancha, amoroso, él también predestinó a su Hijo a morir por ti. La base de tu destino no es sólo que el Hijo de Dios murió por ti, sino que Dios lo planificó así desde el principio. “Nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo.” El fin fue predestinado y los medios fueron predestinados. Nuestra santidad y la muerte de Jesús.

Pero la razón final, el fundamento más profundo para ser intachables y santos en amor no es la muerte del Hijo de Dios. El verso cinco nos señala una base aun más profunda, la libre y soberana voluntad de Dios.

El verso 5 dice, “Dios nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad.” El punto de este texto es enseñar a cada creyente esta mañana que debemos nuestra adopción en la familia de Dios al “beneplácito de la voluntad de Dios.” Fuimos escogidos antes de la fundación del mundo; fuimos predestinados para ser adoptados como hijos y a ser santos y a amar no por lo que habíamos hecho, o de acuerdo a lo que entendimos, o por quiénes fueron nuestros padres, o según nuestra raza, o por nuestro trasfondo religioso, o según donde vivíamos o conforme a nuestro trabajo o nuestro estatus o fortuna, o de acuerdo a nuestra voluntad. Fuimos escogidos y predestinados de acuerdo al beneplácito de la voluntad de Dios.

Y el motivo de la doble frase (no solo “por su voluntad” sino) “el beneplácito de su voluntad”, es para hacernos entender que Dios nos escogió y predestinó sin estar atado a ningún punto de referencia que no sea su propia voluntad soberana.

En resumen: la base de nuestra predestinación es el beneplácito de la voluntad de Dios, la meta de nuestra predestinación es la alabanza de la gloria de Dios, y los vínculos predestinados que conectan el beneplácito de su voluntad con la alabanza de su gloria son la muerte de su Hijo y la santidad de su pueblo.

Si estás confiado en Jesucristo en esta mañana las raíces de tu vida se plantaron en los eternos consejos de Dios, y las ramas de tu vida están creciendo hacia un futuro absolutamente seguro y glorioso con Dios. No hay días sin importancia en tu vida. Nunca tendrás que ir a la cama en la noche sintiendo que tu vida no va a ningún lado. Nunca tendrás que rendirte a la mentira de que no estás conectado a un propósito asombroso.

Porque Dios te escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo para que seas santo y sin mancha delante de él en amor; te predestinó para adoptarte como hijo para sí mediante Jesucristo de acuerdo al beneplácito de su voluntad para alabanza de la gloria de su gracia. Amén.

John Piper


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Dios puede. Dios quiere.

Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció —Mateo 8:2-3


Es probable que todos los cristianos crean que Dios tiene el poder para bendecir, sanar, proteger, prosperar y hacer que alguien prospere. Sin embargo, sabemos que no todos los cristianos creen que Dios quiere hacer todo eso por ellos. Mateo 8:1-3 registra la historia de un leproso que se acercó a Jesús en búsqueda de sanidad. Él dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. El leproso no dudaba de la capacidad de Jesús para curarlo, pero no estaba seguro de que quisiera sanarlo a él, un leproso condenado al ostracismo por todos. En otras palabras, él creía en la omnipotencia de Dios, pero no estaba seguro de que el corazón de Dios fuera uno de amor y favor inmerecido hacia él. Estoy seguro de que conoces creyentes que son así. Pueden creer en el poder de Dios, pero no están seguros de la voluntad de Dios para con ellos. Saben que Dios puede, pero no están seguros de si quiere.
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Hacer mi morada en Dios

"El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente". (Salmos 91:1)
Dios tiene un lugar secreto donde nosotros podemos morar en paz y seguridad. Este lugar secreto es el lugar de descanso en Dios, un lugar de paz y consuelo. Este lugar secreto es un “lugar espiritual” donde la preocupación se desaparece y reina la paz. Es el lugar de la presencia de Dios. Cuando nosotros utilizamos tiempo orando, en búsqueda de Dios y morando en su presencia, estamos en el lugar secreto.
La palabra habitar significa “hacer nuestra morada; morar; vivir”. Cuando usted y yo habitamos en Cristo o habitamos en el lugar secreto, no visitamos ocasionalmente, sino que tomamos residencia permanente allí. En el Nuevo Testamento, una de las palabras griegas traducida habitar es la misma palabra morar en Juan 15:7 cuando Jesús dice: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”.
Si usted y yo habitamos en Dios, es la misma cosa que morar con Dios. Juan 15:7 dice: “Si vives en mí [moras vitalmente unido a mí] y mis palabras moran en vosotros y continúan en tus corazones, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”.
En otras palabras, necesitamos estar firmemente plantados en Dios. Necesitamos conocer el origen de nuestra ayuda en cada situación y circunstancia. Necesitamos tener nuestro lugar secreto de paz y seguridad. Necesitamos depender de Dios y confiar en Él completamente.
En el lugar secreto
"El que habita al abrigo del Altísimo morará"…(Salmo 91:1)
El salmista dice que el que habita en el lugar secreto estará sereno y seguro. El lugar secreto es un escondite, un lugar privado, o un lugar de refugio. Es el lugar donde corremos cuando estamos adoloridos, agobiados o a punto de desmayar. Es el lugar a donde corremos cuando estamos siendo maltratados o perseguidos, cuando estamos en gran necesidad o cuando creemos que ya no podemos más.
Recuerdo que cuando era niña vivíamos en una casa grande, espaciosa. (Mi madre limpiaba esa casa, y así era cómo obteníamos nuestro alquiler.) Era un edificio grande, recargado con muchas esculturas de madera, y muchos pequeños lugares secretos. Un día encontré uno de esos pequeños lugares secretos. Era un pequeño banco esculpido por debajo de la escalera al lado de una vidriera de colores. Aún ahora, todavía me veo sentada sobre el banco reflexionando. No sé qué reflexionaba como una niña pequeña, pero sí sé que tenía unos cuantos dolores y problemas. La vida en mi casa fue marcada por muchas situaciones domésticas de disgustos y perturbaciones.
Ese lugar, el pequeño banco esculpido, se convirtió en mi lugar secreto. Era allí donde yo iba cuando sentía miedo o necesitaba consuelo. Este versículo nos dice que Dios quiere ser nuestro escondite. Algunas personas en el mundo utilizan el alcohol como su escondite. Otros usan las drogas y otros la televisión. Algunos se deprimen y se arropan la cabeza con la colcha. Hay muchas personas en el mundo que están escondiéndose de muchas cosas.
En vez de mirar al mundo para escondernos, Dios quiere que encontremos nuestro escondite en Él. Esto es lo que Él quiso decir con la frase “El que habita al abrigo del Altísimo”. Cuando tenemos problemas, cuando estamos en peligro, Dios quiere que tomemos nuestro refugio bajo la sombra protectora de sus alas. ¡Quiere que corramos a Él!
Tomado del libro ¡Ayúdenme, siento preocupación! por Joyce Meyer.


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Abusando de la gracia


Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.
Hechos 15:11
La Gracia
Demos gracias al Señor por este tan grande regalo sin el cual nuestras almas no tendrían salvación.

¿Qué es la gracia según la Biblia?
Según su uso en las sagradas escrituras la gracia no es otra cosa que un regalo de Dios, un don, algo que nos es dado gratuitamente y no podemos pagarlo o ganarlo con obras o dinero porque entonces ya no sería gracia (Romanos 11:6).
La intención y el plan de Dios para nuestra salvación es que la recibamos como un regalo inmerecido y no como algo que nos podemos ganar por merito propio. De hecho no podemos ser salvos de ninguna otra manera.
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8-9
A continuación podemos definir la gracia y pienso que esta es la mejor forma de entender lo que realmente es la gracia y como debemos verla:
Gracia= Oportunidad preciosa dada por Dios para genuinamente arrepentirse de los pecados, ser perdonado por El y alejarse del pecado (dejar de repetir estos pecados).
Por lo tanto debemos ver la gracia de forma humilde, reverente y con temor y no como una obligación de Dios. Debemos cuidar nuestra salvación con temor y temblor y no abusar de la gracia (oportunidades) (Filipenses 2:12).

Abusando de la gracia
Lamentablemente muchos cristianos y pastores predican y usan el concepto de la gracia para justificar el pecado. “Hago xxx pecado sin la intención de dejar de hacerlo y muchas veces a propósito pero Dios siempre perdona”.  La gracia no es para eso. No es lo mismo ser justificado del pecado que justificar el pecado (Romanos 6:7). La gracia son preciosas oportunidades que Cristo nos da debido a nuestra debilidad y eventualmente esas oportunidades se acabaran si las abusas (Génesis 6:3).

El Apóstol Pablo nos habla sobre morir al pecado y habla sobre la gracia:
¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?  Romanos 6:1-2
Con esto san Pablo nos dice que la gracia no nos da licencia para pecar pero cuando pecamos sin querer o por un descuido tenemos oportunidad de arrepentirnos del pecado y recibir el perdón de Dios por todas las veces que sea necesario.
Y el morir al pecado significa que nos esforzaremos en  alejaremos lo mas que podamos de la posibilidad del pecado de tal forma que no los cometamos a propósito, no los deseemos y que nuestros pecados sean poco frecuentes. Sabemos que siempre que estemos en este cuerpo mortal habrá pecado (1 Juan 1:8) y debemos purificarnos constantemente y en esto es donde abunda la  verdadera gracia y cumple su propósito. Aunque amamos la gracia y a Dios le gusta ponerla en acción sobre ti y por ella somos salvos debemos aspirar a tener que usarla lo menos posible para agradar a Dios y alejarnos del pecado en lugar de ver cuán cerca puedo estar del pecado sin caer.
Para morir al pecado debemos andar en el Espíritu pensando y actuando constantemente según las cosas del Espíritu y no en las de la carne (Gálatas 5:16). Cuando pecas tienes abogado para con El Padre Celestial, Jesús que te defiende usando la gracia que el pago al morir por ti. Si fue un resbalón usa la gracia y a Dios le agrada que uses su gracia porque eso demuestra su amor por ti pero si abusas de ella lo ofenderás.
Pablo nos advierte sobre quienes abusan de la gracia pensando que pueden coger a Dios de bobo. Al parecer algunos piensan que son más listos que Dios y se llevaran una gran sorpresa en el día del Señor que está por llegar:
No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.  Gálatas 6:7

Evalúate
Es hora de que te hagas una auto-evaluación y mires si estas cometiendo los mismos pecados que los impíos. Estamos en los tiempos del fin y si suenan las trompetas del rapto hoy y estas en esta condición no serás salvo y no te irás con El. Si estas abusando de la gracia no va a importar que seas miembro de la Iglesia que va todos los cultos a cantar coritos o si eres pastor, evangelista, etc. No te vas con El y te perderás. Es hora de limpiarse del pecado, andar en el espíritu y rechazar los deseos de la carne. Estudia Gálatas capitulo 5 y 6 y ponlo en acción. Si estas en esta condición admítelo y no dejes que el orgullo te impida enderezar tu camino. Busca liberación de ser necesario. Tienes que temerle más a ofender a Dios que a no satisfacer los deseos de la carne y la sociedad. Dios te bendiga.

Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no práctica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.    1 Juan 5:18


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La paz interior de Dios puede influir en mis circunstancias externas



Quiero hablarles hoy acerca de experimentar el tipo de paz de Dios en medio de circunstancias terribles. Mi amigo, la paz no es ausencia de problemas. No es ausencia de turbulencias, desafíos o cosas que no están en armonía en tu entorno físico. Es posible estar en medio de la mayor crisis de tu vida y aun así experimentar paz. Ese es el tipo verdadero de paz que se puede experimentar con Jesús; paz que sobrepasa todo entendimiento. Hablando en lo natural, no es lógico que te sientas completamente en reposo y en paz cuando estás en una situación desesperada; pero en lo sobrenatural, puedes estar lleno de paz.
El mundo define la paz, la armonía y la tranquilidad basado en lo que está sucediendo en el ámbito sensorial. La noción del mundo acerca de la paz se vería como algo así: Un hombre acostado en una hamaca en una playa de arena blanca, en Hawái, oyendo música y jugando suavemente en la cabaña, con cocoteros meciéndose al unísono y ondas cálidas, azules, rodando lánguidamente a lo largo de la costa. El mundo llama a eso paz, ¡hasta que la realidad entra en acción, y la paz transitoria que se vivió hace unos momentos se disipa en el aire!
Ya ves, amigo mío, no puedes usar tu entorno para influir en forma permanente en la agitación que sientes en su interior. Sólo Jesús puede tocar lo que estás sintiendo en tu interior y transformar esas turbulencias en su paz. Con el Señor a tu lado, y partiendo de esa paz duradera en tu interior, puedes influir en tu entorno externo. No es al revés. Con Jesús, la transformación es siempre de adentro hacia afuera y no de afuera hacia adentro. Él pone una paz y un descanso en su corazón que es seguro que puedes enfrentar cualquier reto sin preocupación o estrés, independientemente de tus circunstancias negativas y del medio ambiente.
Oración de hoy
Padre, reconozco que el tipo de paz que el mundo ofrece no puede durar. Muéstrame hoy y en los próximos días cómo puedo experimentar y caminar más en tu paz profunda y duradera que sobrepasa todo entendimiento, la cual es mía en Cristo.
Pensamiento de hoy
La paz interior de Dios puede influir en mis circunstancias externas 
--Extracto tomado del libro 100 días favor por Joseph Prince. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.





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