Verdaderamente libres


Suena asombroso, pero lo único que Dios no podía hacer con los hebreos en el desierto era que cambiaran de mentalidad. Tampoco puede cambiar la nuestra. Nos inspirará con deseos justos y santos, pero Él no nos cambiará. Porque el único que puede cambiar mi mente soy yo mismo, el único que puede renovar su mente es usted mismo. Es por esto que Pablo escribió en su carta a la iglesia cristiana de Roma: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento (Ro 12:2). ¿Cómo dejar de tener una mente de esclavo?

La libertad es una responsabilidad que sólo los maduros pueden aceptar y sobrellevar. Se da en nuestra mente cuando aceptamos nuestra responsabilidad de avanzar y permitir el reacondicionamiento de nuestro pensamiento opresivo. Quienes no avanzan viajan en interminable círculo porque nada cambia de verdad hasta tanto cambie la mente. Leí un informe reciente en una revista científica, sobre un hombre de ciencias que estudia el poder del condicionamiento. El equipo de este científico ató a un perro a un poste. Luego pusieron su alimento justo fuera de su alcance. Cuando el perro intentaba llegar a la comida se lastimaba porque su correa no era lo suficientemente larga. Cada vez que tironeaba para llegar a la comida, sentía dolor. A la cuarta semana de este cruel experimento, el perro permanecía junto al poste. Ni siquiera intentaba llegar a la comida. Durante la quinta semana le quitaron la correa y lo ubicaron a sesenta centímetros del alimento. Pero el perro permanecía cerca del poste. El animal se negaba a acercase a la comida. Había sido condicionado por el dolor que le impedía buscar el alimento que ahora era libre de comer, pero él creía que no podría hacerlo. El perro casi muere de hambre durante las últimas siete semanas del experimento. No se apartaba del poste aunque el alimento estuviera a su alcance. De hecho, debieron alzarlo y llevarlo hasta el alimento para volver a condicionarlo gradualmente.
Este experimento, cruel como es, demostró que cuando la mente del animal está condicionada, vivirá dentro de las limitaciones impuestas por el condicionamiento, aún después de ser librado del mismo. También ilustra con claridad el problema que tuvo Dios con los hijos de Israel. Estaban sometidos a la esclavitud, atados al poste del Faraón, como lo habían estado durante cuatrocientos treinta años. Luego, un día Dios envió a un hombre llamado Moisés para que quitara la correa y los dejara libres. y él liberó a Israel de la mano de su opresor. Pero liberarlos de sus pensamientos de opresión fue algo totalmente diferente. La razón por la que Dios se negó a llevar a los israelitas directamente a Canaán después de su liberación, fue porque seguían mentalmente siendo esclavos de Egipto. Habían sido liberados de Egipto, pero todavía no eran libres. Así que Dios debió lidiar con sus mentes aunque sus cuerpos estaban ya libres de la opresión. Esta ilustración capta el principio que se aplica a las personas, las comunidades y las naciones: las condiciones determinan la conducta hasta que son interrumpidas por una fuerza externa.
El componente importante que falta en la vida de muchos creyentes y comunidades cíistianas es la base del conocimiento sobre la administración. No hemos aprendido a dominar la irresponsabilidad que nos legó Adán, y hemos malinterpretado y administrado mal nuestro llamado a gobernar la Tierra. Para muchos de nosotros el cielo es el objetivo y la opresión es nuestro modo de pensar. Como los hebreos en la antigüedad, marchamos en círculo sin ver la nueva vida en la Tierra. Mientras tanto podremos hablar en lenguas, pero no sabemos hablar con el banquero. Podemos saltar y danzar "en el Espíritu", pero no sabemos manejar nuestras propias vidas. Hay cristianos supuestamente exitosos que tienen título y posición en grandes compañías, pero no pueden manejar a su propia familia. Ganan mucho dinero al año, pero siguen dando vueltas en el desierto cuando se trata de amar a sus  esposas. Han aprendido a ganar y administrar el dinero, pero no saben manejar sus hogares. El Salmo 127:1 dice: Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican. Es necesario que aprendamos a ver la administración como la designa Dios: para plenitud de cada uno de nosotros.

En el relato de Génesis, Dios el Creador puso al hombre en el Jardín y dijo: "Eres libre". Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. (Gn 2:16-17). Dios declaró que el hombre era libre y le dio trabajo. La libertad es algo básico en la voluntad de Dios para el hombre. Adán era libre de producir, duplicar, multiplicar y fructificar todo lo que Dios le había dado para hacer, pero no era libre de violar la ley de Dios. Dios puso sólo un elemento en el Jardín para mantener la obediencia del hombre: el árbol del conocimiento del bien y del mal. Imagine los millones de árboles que Dios había creado y, sin embargo, puso un cartel de "No pasar", frente a uno sólo. Esto era necesario para poder activar la voluntad del hombre por medio del poder de elección.

Basado en el libro En busca de la libertad, Myles Munroe





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¿Qué es avanzar espiritualmente?

Lectura bíblica: Lc. 14:26-27, 33

Todo creyente debe avanzar espiritualmente, pero ¿qué es avanzar espiritualmente? ¿Cómo podemos progresar en la vida espiritual? ¿Cuáles son las manifestaciones de que un cristiano está avanzando espiritualmente?

Según la Biblia y la experiencia de los santos, el avance espiritual es el aumento del elemento de Dios en nosotros. Dios es Espíritu, y si el Espíritu de Dios mora en nosotros, estamos en el espíritu (Ro. 8:9). Supongamos que el elemento de Dios era de cien unidades en el momento en que fuimos salvos. Si hemos tenido algún progreso en asuntos espirituales, entonces el elemento de Dios habrá aumentado en nosotros. Si el elemento de Dios en nosotros llega a ser de doscientas o trescientas unidades, quiere decir que hemos tenido algún progreso espiritual.

En el principio cuando Dios creó al hombre, hizo de él un vaso. El propósito eterno de Dios era entrar en el hombre y mezclarse con él para llenarlo de Sí. El fracaso de Adán y Eva consistió en impedir que Dios llevara a cabo este propósito. Por el contrario, fueron apartados de Dios. ¿Qué significa ser apartado de Dios? Significa que el hombre no le da a Dios el debido lugar dentro de sí. ¿Qué quiere decir no darle el debido lugar a Dios? Significa que otras cosas han venido a ocupar el ser interior del hombre. Cuando Adán y Eva comieron del fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal, el mandato de Dios no los llenó; fueron llenos con el fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal, el cual era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable para alcanzar sabiduría. Todo esto usurpó el lugar de Dios en ellos. Como consecuencia, cayeron. Mientras haya alguna cosa, asunto o alguna persona que tome posesión de uno, uno habrá perdido la presencia de Dios.

Debemos preguntarnos cuál es nuestra condición. Desde el día en que fuimos salvos hasta ahora, ¿cuántas cosas, asuntos y personas todavía ocupan nuestro ser y privan a Dios del lugar que le corresponde? Necesitamos mirarnos a nosotros mismos. Queridos hermanos y hermanas, si el Espíritu de Dios abre aunque sea un poco nuestros ojos, inmediatamente veremos que hay muchas cosas en todo nuestro ser que ocupan el lugar que solamente le pertenece a Dios.

Un hermano dijo en cierta ocasión que el corazón del hombre es muy pegajoso; todo lo que se le atraviesa se le pega, ya sea ropa o una mesa. A veces nos apegamos a una vida fácil, y otras veces, nos adherimos a ambiciones personales. Cuando nos adherimos a algo, no podemos amar a Dios de una manera apropiada. No sólo nos apegamos a lo que tenemos, sino también a lo que no tenemos. Podemos aún adherirnos a nuestras dificultades, imaginaciones o vanagloria. No importa a qué se apegue nuestro corazón, mientras haya algo usurpando el lugar de Dios en nosotros, estamos caídos. Cada vez que el lugar de Dios es usurpado en nosotros, venimos a ser personas caídas. Una persona puede haber sido salva durante diez años. Durante los primeros cinco años puede haberle ido bien, pero en los siguientes cinco años hubo algo en su corazón que tomó el lugar que corresponde a Dios, y vino a ser una persona caída. Aunque siguió yendo a las reuniones, orando y sirviendo a Dios, interiormente había caído. Hermanos y hermanas, la meta de Dios es que el hombre sea un vaso que lo contenga. Mientras seamos ocupados por algo que no sea Dios y mientras no le demos a El el debido lugar, seremos personas caídas.

Un hermano puede decir que otro hermano ama a su hijo demasiado y que éste ha usurpado el lugar de Dios, pero que su propio hijo no ha usurpado el lugar de Dios, porque su hijo no ocupa un lugar tan especial. En realidad, ambos están errados. Si su hijo es especial, puede usurpar el lugar de Dios, y si no es muy especial, también puede usurpar el lugar de Dios. Uno puede dejar de amar a Dios porque su hijo es demasiado especial, y también porque no es muy especial. Si hay algo que ocupe el lugar que corresponde a Dios, entonces uno ama aquello más que a Dios.

Por consiguiente, es fácil encontrar el significado del avance espiritual y los medios de progresar espiritualmente. Ya mencionamos el aspecto positivo del progreso espiritual, que es el aumento del elemento de Dios en nosotros. Miremos ahora el otro aspecto del avance espiritual. El avance espiritual consiste en ser despojados de ciertas cosas nuestras en nuestro ser interior. Tan pronto algo es quitado de nosotros, avanzamos espiritualmente. Cuando algo que usurpa el lugar de Dios es quitado de nosotros, progresamos espiritualmente.

Supongamos que una persona se preocupa por hablar demasiado. Cada vez que usted se encuentra con dicha persona, ella habla sin parar. Si aquella persona desea tener algún progreso espiritual, debe ser librada de su locuacidad. Se verá el avance espiritual cuando deje de hablar en exceso. El avance espiritual es el aumento del elemento de Dios en nosotros y también la eliminación de elementos nuestros que no son Dios. No debemos pensar que podemos tener algún avance espiritual simplemente asistiendo a reuniones u oyendo mensajes. El progreso espiritual no sólo implica adición, sino también substracción. Asimilar ocho o diez mensajes no es sinónimo de progresar; incluso puede ser un estorbo. El avance espiritual es el aumento del elemento de Dios y la eliminación de todo lo demás. Hermanos y hermanas, ¿qué es el avance espiritual? ¿Es acaso escuchar algún mensaje? No. Cuando escuchamos un mensaje, éste sólo llega a nuestra mente, pero no constituye ningún progreso. Si algo es eliminado de nosotros, estamos progresando. Si el elemento de Dios se aumenta en nosotros, estamos progresando.

Muchos creyentes son librados de los placeres del pecado en el momento de ser salvos. Sin embargo, ser libres del pecado no es suficiente. El avance espiritual consiste en ser libres de todo lo que usurpa el lugar de Dios. Hermanos y hermanas, no sólo debemos ser limpios sino también puros; no debemos ser ocupados por nada que no sea Dios. Cada vez que Dios nos quite algo que no sea El mismo, avanzamos espiritualmente. Debemos preguntarnos continuamente si estamos siendo despojados de lo que no sea de Dios. Debemos recordar que si nada es eliminado de nosotros, no progresamos espiritualmente. Si nada ha sido desechado de nosotros durante un mes o un año, no habremos progresado en ese mes o en ese año. Hermanos y hermanas, el progreso espiritual trae consigo el aumento del elemento de Dios, e implica que nosotros menguamos. Un creyente que mengua a diario experimenta un gran progreso. Puede ver que la vanidad no debe tener lugar en él y mengua. Dos días después, se da cuenta de que el orgullo no tiene cabida en él y disminuye un poco más. Después del quinto día, descubre que no puede tolerar los chismes y decrece aún más. Después de siete días, ve que su impaciencia no puede ocupar un lugar en él, y mengua más. A algunos se les hace muy difícil deshacerse del amor al dinero. Para otros es muy difícil hacer a un lado su ira. A otros les parece muy difícil desechar la pereza. Algunas cosas sólo pueden ser eliminadas en forma gradual. Pueden necesitar diez años antes de que las haya expulsado por completo. Deshacerse de cosas es una especie de muerte. Morir al dinero, significa soltar el dinero; morir al mal genio significa desechar la ira. En el aspecto positivo, el progreso espiritual significa que el elemento de Dios aumenta en nosotros. En el aspecto negativo, significa ser despojados poco a poco de muchas cosas internas.

¿Cómo podemos librarnos de estas cosas? En términos sencillos, el amor de Dios opera primero en una persona que es salva. Cuando esta persona es constreñida por el amor de Dios, su corazón se vuelve hacia Dios, y el Espíritu de Dios tiene la oportunidad de operar en su interior. Cuando esto sucede, la persona es iluminada y puede ver. Una vez que ve algo, el Espíritu Santo intensifica Su obra. El creyente obedecerá al Espíritu, y algo será eliminado en él. Un día el amor de Dios lo constreñirá de manera inexplicable, y su corazón se volverá a Dios, y podrá decir: “Dios, te amo”. Cuando esto sucede, el Espíritu Santo lo ilumina. Una vez que el Espíritu lo ilumina, puede ver algo, y esto, a su vez, intensifica la acción del Espíritu Santo; entonces uno inmediatamente obedece y dice amén. Esta obediencia eliminará algo. El avance espiritual está determinado por la medida en que las cosas sean eliminadas. El Señor les dijo a los discípulos: “Todo aquel que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser Mi discípulo” (Lc. 14:33). Algunos renuncian a todas las cosas, sólo para volverlas a tomar poco después. Cuando el Señor Jesús habló de la necesidad de renunciar a todo, quiso decir que debíamos llevarlo a cabo por el Espíritu que mora en nosotros. Por consiguiente, la obra de la cruz sólo puede ser ejecutada por el Espíritu Santo, y sólo entonces las cosas podrán ser eliminadas. ¿Cómo puede el Espíritu Santo efectuar la obra de la cruz? Mientras nuestro corazón esté abierto al Señor, el Espíritu nos aplicará la cruz. En la cruz, el Señor ya efectuó la obra de despojarnos. En la actualidad la realización de esta obra de despojar que lleva a cabo el Espíritu, se basa en el grado al cual nuestro corazón se vuelva a Dios.

Repito que el progreso espiritual es el aumento del elemento de Dios, y que por otra parte es la disminución de las cosas que usurpan el lugar de Dios. La medida de esta disminución depende del grado al que nuestro corazón se haya vuelto a Dios. ¡Cuánto desearíamos que algo pudiera ser quitado de nosotros diariamente! Esto es morir diariamente. Si no somos despojados de nada, nuestro progreso estará detenido.
http://www.librosdelministerio.org/books.cfm?id=%23%2F_O%24%0A
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El poder de la alabanza

Durante treinta años el padre de Jim había sido alcohólico. Todos aquellos años, la madre de Jim y, más tarde, Jim y su joven esposa, rogaron a Dios que le sanara, pero sin resultado aparente. El padre de Jím no quería admitir que tuviera un problema con el alcohol y se ponía furioso si alguien le mencionaba algo sobre religión.
Un día, Jim me oyó decir algo sobre el poder que se experimenta cuando empezamos a alabar a Dios por cada cosa en nuestra vida, en lugar de interceder para que cambie las circunstancias que nos son dolorosas.
Jim puso la cinta de audio grabada de esta reunión una y otra vez para que la oyesen sus amigos. Pero un día se dio cuenta de que él mismo nunca había intentado dar gracias a Dios por la condición de su padre. En seguida, fue a buscar
a su esposa para hacerle partícipe de este pensamiento. -Querida -le dijo-- ¡demos gracias a Dios porque él ha permitido que nuestro padre tenga esta tentación con el alcoholismo y alabémosle porque ello es parte de su plan maravilloso para su vida!
Durante el resto de aquel día dieron gracias y alabaron a Dios por cada aspecto de esta situación y, al anochecer, sintieron una emoción Y una expectación nuevas.
Al día siguiente, los padres fueron a -comer a casa del hijo como tenían la costumbre de hacer todos los domingos. Comúnmente, el padre de Jim se quedaba el menor tiempo posible después de la comida, marchándose enseguida. Pero esta vez, de repente, y mientras tomaba una taza de café, hizo una pregunta muy significativa.
_¿Qué piensan en cuanto a este movimiento denominado Revolución de Jesús? -preguntó dirigiéndose a Jim-. He leído algo acerca del mismo en el diario la otra noche. ¿Se trata sólo de una novedad o es algo real que experimentan esos muchachos que estaban drogados?
La pregunta llevó a una larga discusión acerca del cristianismo, y el matrimonio mayor no se marchó hasta bien entrada la noche.
Después de algunas semanas, el padre de Jim reconoció su problema respecto de la bebida, se volvió a Jesucristo y fue completamente curado.
Ahora, él se une al resto de la familia pata contar a otros lo que puede resultar de la alabanza a Dios.
-Date cuenta -le dijo Jim a su esposa- que durante treinta años le pedimos a Dios que cambiara a mi padre. Sólo durante un día le alabamos por su sabiduría de hacernos vivir con este problema, y mira lo que ha ocurrido.

Muchos de nosotros usamos las frases "¡ Alabado sea Dios!", y "¡ Gracias a Dios!", con tanta soltura, que llegan a perder su verdadero significado.
Alabar, según el diccionario, significa ensalzar, celebrar, elogiar, aclamar expresando también aprobación.
El alabar, entonces significa que aceptamos, o que estamos de acuerdo con lo que aprobamos. De modo que, alabar a Dios por una situación difícil, una enfermedad o una desgracia,significa literalmente que aceptamos o aprobamos lo que está ocurriendo como parte del plan de Dios para nuestra vida. Realmente, no podemos alabar a Dios sin estar agradecidos por aquello por lo cual le estamos alabando. Y, realmente, no podemos estar agradecidos sin sentirnos gozosos por todo aquello por lo que le damos gracias. La alabanza, entonces, comprende la gratitud y el gozo.
El mero hecho de que alabamos a Dios y no a un destino o azar desconocidos significa también que aceptamos el hecho de que Dios es responsable de lo que sucede. De otro modo, no tendría objeto darle gracias.

"Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. 
Dad gracias en todo; porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús"
(1 Tesalonicenses 5: 16-18).

He encontrado muchas personas que alaban a Dios por sus circunstancias, simplemente porque aceptan la palabra de la Biblia que enseña a alabar a Dios por cada cosa. Alabando a Dios, experimentan pronto el resultado de una actitud de constante gratitud y gozo, y, a su vez, su fe es fortalecida y pueden continuar viviendo de este modo.

Tomado de El poder de la alabanza, Merlin Carothers



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