Dios sabe lo que hace


La paciencia es una virtud que merece nuestra mayor atención. Cuántas veces hemos desafiado la sabiduría de Dios al pensar " Por qué me pasa esto", para más adelante darnos cuenta que Dios siempre sabe porqué permite las cosas.

La impaciencia es una treta del enemigo para minar nuestra confianza en Dios. Les voy a relatar una anécdota de un viejo sabio.

Una vez un caballo del anciano se soltó y huyó a las colinas.
-¡Un caballo ha escapado!- gritó el anciano...
Vinieron los vecinos y dijeron -Qué mala suerte.
El anciano respondió: -¿Cómo saben que es mala suerte?

Al otro día, el caballo volvió y lo seguían siete caballos más. El anciano gritó: -¡el caballo ha vuelto!.
Abrió el corral y todos entraron.
Al escuchar, los vecinos vinieron y dijeron: -Qué buena suerte.
El anciano respondió: -¿Cómo saben que es buena suerte?

Un día el hijo del anciano estaba arreglando el techo, perdió el balance, cayó al suelo y se rompió una pierna.

Los vecinos vinieron esa noche para manifestar su tristeza al anciano, y dijeron: -Qué mala suerte. El respondió: -¿Como saben que es mala suerte?

Efectivamente a los pocos días, se levantó una guerra y pasaron unos sargentos por el pueblo para llevarse a los jóvenes que estaban en buena salud.

Los diez jóvenes que se llevaron, nunca regresaron; pero el hijo del anciano se salvó de ir a la guerra por tener la pierna rota.

Los hijos de Altísimo no tenemos suerte, sino que vivimos de BENDICIONES pero si desarrollamos paciencia veremos nuestra FE crecer en el Señor.
Tengamos PACIENCIA y FE en DIOS. El nos mostrará lo que podamos nesecitar para ser VICTORIOSOS en Su nombre.

Demosle tiempo a Dios y El nos contestara todas nuestras preguntas y dudas de manera que diremos...." QUE BIEN HACE DIOS TODAS LAS COSAS "

Démosle tiempo para que El pueda mostrarnos todas sus bondades, Sus cuidados, su Amor con nosotros todos los días.

DEMOSLE TIEMPO A DIOS Y EL NOS DARA A NOSOTROS

Que Dios los bendiga.


Claudia logan
Aporte Paola Santana


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Métodos de enseñanza de Dios



No hay duda que los métodos de enseñanza que Dios aplica para encauzarnos en su voluntad, rebasan nuestra capacidad de comprension...

Por algo, Dios por medio del profeta Isaias dice lo siguiente:

MIS PENSAMIENTOS NO SON COMO LOS PENSAMIENTOS DE USTEDES; 
NI LOS CAMINOS DE USTEDES SON COMO LOS MIOS.
Isaias 55:8

Basados en esta afirmacion anterior, te diré que Dios sabe cómo y por qué permite ciertas cosas que para ti ahora se constituyen en un enorme signo de interrogación:

DIOS SABE QUE PROCEDIMIENTO APLICAR PARA ARRANCAR de ti todos aquellos obstaculos que te impiden caminar en su voluntad... Cuán DOLOROSO resulta, pero es tan necesario...

DIOS SABE QUE PROCEDIMIENTO APLICAR PARA CONDUCIRTE hacia situaciones aridas, para que en medio de ellas aprendas a VALORAR muchas cosas que en condiciones normales no son posibles...
Verás que lo que antes carecía de valor para ti, ahora tiene un valor incalculable...

DIOS SABE QUE PROCEDIMIENTO APLICAR PARA hacer que LE CREAS aunque te encuentres navegando en el mar de lo imposible... Recuerda siempre que, para creerle a Dios es necesario que transites por situaciones en las que humanamente hablando ya no se puede hacer nada, como por las que tal vez estás pasando en este momento...

DIOS SABE QUE PROCEDIMIENTO APLICAR PARA Que aprendas a AMAR y PERDONAR a aquellos que te han herido en lo mas profundo de tu ser. No hay duda que algo tiene Dios que permitir con esas personas que ahora no soportas...

DIOS SABE QUE PROCEDIMIENTO APLICAR PARA Permitirte situaciones en extremo  DESESPERANTES, en las que sientes que tu paciencia esta por reventar... Unicamente así podrás ESPERAR en Dios aun en contra de todo pronóstico...  Entenderás al final que nunca es demasiado tarde aunque tú así lo creas...

DIOS SABE QUE PROCEDIMIENTO APLICAR para hacerte ver que la PRIORIDAD MAXIMA que has de tener en tus objetivos, es la de ser un AGENTE ACTIVO y EFICAZ en el campo donde Él te ha colocado HOY... Tu labor en el Campo de Dios no puede tener significancia, sin antes no te ha forjado en el desierto...

Todas estas actitudes quedan solamente en el papel, si en realidad no se viven... Es necesario no solo creer y conocer ciertos conceptos, sino VIVIRLOS...

Así que NO TE DESANIMES cuando ves que las cosas no te salen como esperas, sino que tómalo todo como PARTE DEL PROCESO de capacitación que Dios te está impartiendo...

Dios quiere hacer de ti un valioso y productivo medio de bendición para otras personas, pero es necesario que antes pases por este proceso formativo que quizás  ya no soportas...

VAMOS...!!!
ADELANTE...!!!
QUE SI VALE LA PENA...!!!

Aporte: Paola Santana via e-mail. Gracias amiga!!
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Disciplina III



La presencia de Dios


Durante veintinueve capítulos, Job y sus amigos discutieron y cuestionaron. Durante seis capítulos Eliu habló de parte de Dios a Job. Solo cuatro capítulos le bastarán a Jehová para llevar a cabo la obra maestra que perseguía en el corazón de Job.: «¿Qué enseñador semejante a él?» (36: 22). Job había dicho: «Yo hablaría con el Todopoderoso, Y querría razonar con Dios». Dios se baja. No agobia a su siervo con reproches severos, aunque justificados. Toma el lugar del alumno: «Yo te preguntaré, y tú me contestarás (38:3; 40:2). Va a hacerle un número de preguntas a Job, el cual no podrá responder a ninguna. «¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?» (38:4). Job es tomado de improviso desde la primera pregunta. Cuando por fin Jehová insiste: «El que disputa con Dios, responda a esto.» (40:2), Job solo puede decir: «He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar». Era mejor callarse, pero Jehová deseaba conducir a su siervo mucho más allá, hasta la confesión completa y al juicio propio. También debe repetir: «¡ Yo te preguntaré, y tú me responderás! … ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?»


Hace desfilar delante de él a algunas de sus criaturas, para terminar por el leviatán, el cocodrilo, bajo una imagen poética que se puede discernir con el poder de Satanás, enemigo que el hombre no puede vencer: «¡Te acordarás de la batalla, y nunca más volverás!»


En efecto, el Señor no deseaba solamente enseñarle a Job que debía aprender a callar, sino que deseaba conducirle a una relación y comunión perfecta con Él. Delante de la grandeza del Todopoderoso, va a sentir su nada y el abismo adonde su obstinación lo condujo. ¿Quien de nosotros posee por si mismo la revelación del Creador?, pero tenemos aquella del «unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.» ¡Cuanto mas aprendemos a conocernos y a negarnos a nosotros mismos, mas le conoceremos, A Él y a su corazón! (Filipenses 3:7-10).


Confesión y restauración

(Cap.42) Muchos de versículos nos relatan como Job discutió, acusó a Dios, justificándose. Cinco versículos son suficientes para relatar la confesión que le va a abrir el camino para la bendición.


«Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.» (V. 2). Colocado ante el poder del enemigo, Job debe reconocer que únicamente puede recurrir al poder de Dios.


Pero debe confesar también su ignorancia: «yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía». Se había jactado de discernirlo todo, de conocerlo todo; sin embargo en la presencia de Dios, debió comprobar que no sabía nada. Cuan fácilmente nos sucede que hablamos de nosotros cosas demasiado maravillosas, ¡mientras que una poca humildad nos sentaría mejor!. ¿Cuál es la conclusión de Job? «Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y Tú me enseñarás». En el silencio y en la presencia divina, escuchar y aprender; dejarse corregir, instruir, formar ¿no es la parte que necesitamos buscar a menudo, aparte, sólo con Él?


Estar a tus pies como María,
Dejando las horas fluir
En un silencio que se olvida, Jesús,
para dejarte hablar.

(Hymnes et Cantiques 134:1).


Pero no se trata solamente de oír: «De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven» experiencia personal y profunda del alma, en el secreto con su Señor. Visión del joven Isaias en el templo, que determinará toda su vida (Isaias 6); visión de Pablo en el mismo templo (reconstruido), cuando oyó la Voz que le decía: «Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles» (Hechos 22:17-21).


Job, que se había atrevido a decir: «No me reprochará mi corazón en todos mis días» declara: «Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza. Conoce ahora su propio corazón, pero sobre todo a Dios y su gracia, «Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.» (Santiago 5:11).


La bendición va a derramarse sobre el patriarca, conducido por fin al punto donde Dios lo quería: que reconociera Su grandeza y Su amor; que se diera cuenta de su propia miseria; y se entregara a la gracia. Sin embargo una cosa debía efectuarse: perdonar a sus amigos. Job ora por ellos. «Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job». Ellos lo habían forzado a fondo, no habían hablado de Dios como convenía. Habían culpado a Jehová de haber hecho venir el castigo sobre su amigo ¡Qué invitación a la prudencia en nuestros juicios!. Lucas 6:36-37 nos lo recuerda: «Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso…no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados». Los tres hombres deben también aprender la misma lección de su amigo, y aceptan ofrecer un “holocausto” con el fin de ser beneficiarios de la misma propiciación (33:24), que ofrecida por Job había sido a los ojos de Dios, "agradable" (42:8).


Jehová da a Job el doble de todo lo que había tenido…salvo los hijos. En efecto, todo el ganado en otro tiempo se había perdido, pero los hijos no: habían sido recogidos cerca de Dios, por los cuales su padre había ofrecido el sacrificio; esperarán el día de esta resurrección de la cual el patriarca había podido decir: «Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro» (19:26-27).


La Disciplina. Georges André

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Disciplina II

Los tres amigos

La mujer de Job lo incita a maldecir a Dios. Sus amigos se juntan para «compadecerlo y consolarlo». A pesar de todas sus buenas intenciones, van a forzarlo a fondo. No entraban en absoluto en el plan de Dios, y, tomando sus puntos de vista, se enredan aún más en sus erróneas afirmaciones. ¡Qué ejemplo perfecto para ser prudentes cuando visitamos a los amigos en la prueba! Fácilmente somos llevados a juzgar, en lugar de reservarnos nuestras apreciaciones con respecto a los motivos de la disciplina que Dios ha permitido para nuestro hermano. Cuan necesario es ser conducido por el Espíritu de Dios, paso a paso, una palabra después de la otra. Primero escuchar largamente; enseguida, abrir su Palabra, mirando al Señor.

Los amigos vienen a «condolerse de él y para consolarle» a Job, para ocuparlo de si mismo. Es una trampa. Si alguien está en la prueba, no se trata de compadecerle, y de estar de acuerdo posiblemente a sus "por qué". Será mucho mejor, lo que harán después que hubo pasado la prueba, los hermanos y hermanas de Job, «se condolieron de él» (42:11), y sobre todo, el ejemplo de Eliu, que dirigió el pensamiento y el corazón de Job hacia Dios. Considerando su desdicha, durante siete días y siete noches, los amigos quedan mudos, después de haber llorado a gritos, desgarrado sus vestidos y esparcido polvo sobre sus cabezas, «porque vieron que su dolor era muy grande».

Ante el silencio cargado de reproches, Job ya no soporta. Explota (3 y sig.) ¿Por qué?, ¿Por qué? ¿Por qué? No rezonga por las circunstancias; las acepta de la mano de Dios; pero objeta los motivos de esta prueba, al no discernirlos y encontrarlos injustos. De ahí su tormento y sus “por qué”. Veintinueve capítulos colocan delante de nosotros al patriarca y a sus amigos que discuten, disputan, contienden. Los tres dicen y repiten: Dios te castiga porque has pecado. Job replica: soy puro, no he cometido iniquidad. Empujado al fondo acusa a Dios: El es injusto, tiene cosida mi iniquidad (14:17). El tono del debate se acentúa y se exacerba, sacando a la luz esta justicia propia, esta satisfacción de yo, este orgullo espiritual, que estaba en el fondo del corazón de Job. Va a recordar todas sus buenas acciones (29), todo el mal que supo evitar; considerando que Dios lo castiga sin razón, pide poder hablarle: «Yo le contaría el número de mis pasos, Y como príncipe me presentaría ante él.» (31:37). Después de esta larga disputa, aparentemente inútil, una sola conclusión se impone: «Aquí terminan las palabras de Job» (31:40). He aquí el primer paso hacia la restauración: callarse.

Eliu

Durante las largas conversaciones de Job y de sus amigos, Eliu, mucho más joven, escuchaba (32:11-12). Sus rasgos característicos son la paciencia, la modestia, la humildad; no discute; no halaga; no es parcial, sino que le anima un espíritu de rectitud. No da prueba de suficiencia, sino que sabe ponerse al nivel del pobre que sufre (33:6-7). Cual bello tipo del Salvador que vino, como Hombre entre los hombres, rebajándose para estar en medio de nosotros «como El que sirve» (Lucas 22:27).

Eliu presenta la gracia, pero también la verdad. Sin rodeos le dice a Job cuales son sus faltas: considerarse justo (33:9) y acusar a Dios (33:10-11; 34:5). Pero no concentra los pensamientos del patriarca sobre el mismo; lo coloca delante del Señor.

El joven señala la grandeza de Dios (33:12), que no tiene que dar cuenta de sus actos (v. 13), que no es injusto, sino que desea el verdadero bien de los suyos (v. 14-30). Luego Job debe callarse, reflexionar, dejar de discutir y discutir. Eliu le advierte que va por mal camino; el Señor permite la disciplina con el fin de conducir al hombre a «aquello que para Él es lo recto», sólo la rectitud al juzgarse a si mismo, será el camino de la bendición y del conocimiento de la gracia. Pero el está conciente que solo «Lo vence Dios, no el hombre.» (32:13). Eliu subraya nuevamente el propósito de esta disciplina: el hacer al creyente reconocer sus transgresiones que han llegado a ser muchas, para volverse de la iniquidad (36:8, sig). Dos resultados pueden producirse: escuchar, servir a Dios (v. 11) y encontrar la bendición; o bien no escuchar, e irse en la desgracia (v. 12).

Acabando sus discursos, Eliu va a comparar esta disciplina con las nubes, con la tormenta que Dios permite en la vida de los suyos: «Regando también llega a disipar la densa nube,… Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor… Unas veces por azote,… Otras por misericordia las hará venir.» (37:11-13). Bajo el efecto de la tormenta, bajo el efecto de la disciplina, «se estremece el corazón, Y salta de su lugar»; «ahora ya no se puede mirar la luz brillante, está escondida en las nubes». Pero el propósito de la disciplina es la bendición: «Luego que pasa el viento y los limpia, produce un cielo claro» (37:21 Biblia J.N.D.).

La Disciplina. Georges André 

En breve, la coclusión de este estudio - Disciplia III

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Disciplina



Uno de los motivos del camino en el desierto era conducir al pueblo a «saber lo que había en tu corazón» (Deut. 8:2), este corazón que Dios solo verdaderamente sondea: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras» (Jer 17:9-10). Es por eso que el salmista oraba para que Dios sondeara su corazón, para que Él conociera sus pensamientos, con el fin de que al encontrarse en el camino del dolor lo condujera a la vida eterna (Sal 139).

Fue la experiencia de Ezequías, cuando, en la cumbre de su carrera, «Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón» (2ª Cr 32:31), y sobre todo tenemos la experiencia de Job. La Palabra de Dios dedica todo un libro que nos enseña que la satisfacción del yo debe enjuiciarse y abandonarse en la gracia: «Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza» (42:6). El objetivo de la disciplina de Job no fue para castigarle, como sus amigos lo creyeron sin razón. Dios lo empleó para poner en evidencia la justicia propia que se escondía en su corazón, y era el único medio para conducirlo a la verdadera bendición. Hablando de Job, Santiago nos dice: «y habéis visto el fin del Job, que el Señor es muy misericordioso y compasivo».

Job bendecido

Job era un hombre perfecto y recto, que temía a Dios y se apartaba del mal. Jehová mismo le llama «mi siervo». Fue bendecido en su familia.Tenía éxito en sus empresas. Su vida moral era ejemplar: era fiel; se ocupaba del huérfano y de la viuda; era hospitalario. Además era considerado entre sus conocidos. ¿Entonces qué le faltaba? Hasta en la prueba no le atribuye nada a Dios que sea inconveniente, no peca en absoluto con sus labios; conserva «perfección», pero… estaba muy conciente de ella: «¡Mi justicia tengo asida, y no la cederé; No me reprochará mi corazón en todos mis días!» (27:6) O aun: «Yo soy limpio y sin defecto; Soy inocente, y no hay maldad en mí (33:9). De sus hijos, Job decía: «Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones» (1:5). No pasaba por su pensamiento que él mismo habría podido hablar en contra Dios. ¿Entonces cómo Jehová podrá conducir a Job para que conozca su propio corazón?

Job probado 

Cap. 1:13 al 2 Las pruebas van a caer sobre Job. Será despojado de sus bienes y tocado en sus afectos por medio de la muerte de sus diez hijos. Pero su actitud permanece intachable: «Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.» Luego es tocado en su cuerpo, la enfermedad cae sobre él. El enemigo se sirve de su mujer para hacerle maldecir a Dios. Pero Job se mantiene firme y no peca en absoluto con sus labios.

No se trata de una continuación trágica de accidentes, de una acumulación de desgracias. No, la Palabra nos muestra que Dios gobierna todo. Luego delante de nuestros ojos se descubre algo más, es Dios que llama la atención de Satanás sobre Job, ¡poniendo límites al poder del enemigo! (1ª Corintios 10:13). A pesar de todo lo que será manifestado en su ser interior, ¿Job va a glorificar a Dios frente a Satanás? En 1ª Corintios 4:9, los apóstoles son ofrecidos igualmente en espectáculo para los ángeles, testimonio de su fe para la gloria de Dios, como lo fueron también los tres jóvenes Hebreos en el horno de fuego. Satanás es «el acusador de nuestros hermanos» (Apoc. 12:10). Es nuestro «adversario» (1ª Pedro 5:8). Provoca a Dios en contra de Job (1:9-11; 2:4-5). «Incita» a David a contar al pueblo (1ª Crónicas 21:1). Se «opone» a Josué, sumo sacerdote (Zacarías 3:1); «pide zarandear» a Simón Pedro (Lucas 22:31). Y sin embargo sólo es un agente en las manos del Señor; que desaparece al final de la prueba, dejando al santo frente a Dios: Job, en el capítulo 42, David en la era de Ornan, Josué revestido de trajes reales, Pedro plenamente restaurado. Pero cuando toma lugar en el corazón, el Adversario no deja a su presa, como un Judas (Juan 13:27), o Ananías (Hechos 5:3). Dios le dio a Pablo «un mensajero de Satanás para abofetearlo», a pesar de eso, y por el efecto de la gracia divina, su comunión con Dios se mantuvo por toda su vida (2ª Corintios 12:7). La reacción de Job a la prueba es notable; pero su historia no podía acabarse así. Dios deseaba bendecirlo doblemente, revelársele, manifestarle su gracia y darle el verdadero descanso a su alma inquieta (3:25-26). Job era un hombre de elite, una alma solitaria, de la que Dios se ocupa en gracia aparte del pueblo elegido, para formarle y conducirlo más cerca de Él.



Continuará...

La Disciplina. Georges André

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Haz que valga la pena el largo viaje


La reina tenía todo: Belleza, oro, plata, marfil, piedras preciosas y agentes atendiendo cada necesidad suya en el palacio. ¿Qué más pudiera pedir una mujer?


La reina de Sabá se enteró de la fama de Salomón, con la cual él honraba al Señor, así que fue a verlo para ponerlo a prueba con preguntas difíciles. (1Re 10:1)  A pesar de que su pueblo había muchos dioses para adorar, se interesó por el Señor Dios de Israel.

Su corazón se conmovió tanto por su Nombre que decidió tomar un viaje de 1.400 millas a través de las arenas del desierto de Arabia para visitar al hombre que conocía a este Dios personalmente.

El recorrido le llevaría aproximadamente seis meses, considerando que los camellos podían viajar alrededor de 20 millas por día. Formó una gran caravana de súbditos, las cargas de especias, oro y madera inusual para dar como regalos. Aunque era muy rica, su corazón y su alma anhelaban riquezas que no tenía, y ella sintió descubrirlas a través de Salomón.

Finalmente, la gran caravana llegó. Sus expectativas fueron ampliamente satisfechas. Las pruebas que tuvo de la sabiduría de Salomón fueron no sólo su conversación, sino sus obras: el esplendor de su palacio, la esplendidez de su cocina y de su mesa, el orden de su corte, las categorías y los trajes primorosos de sus siervos, y sobre todo, el viaducto arqueado que llevaba de su palacio al templo, del cual han sido descubiertos recientemente algunos restos, la abrumaron con asombro. Fue el palacio más grande que jamás había visto. Pero su propósito era encontrar un tesoro secreto: la entrada a la sabiduría del único Dios del Universo, que en este caso sería equivalente a un año de viaje, entre ida y vuelta.

Habló con Salomón por horas, haciéndole preguntas profundas acerca de Dios. Los orientales se deleitan en esta clase de ejercicios mentales, y prueban la sabiduría por el poder y la prontitud en resolverlos. Estaba agotada, pero satisfecha por sus respuestas, además de recibir de él preciosísimos regalos. Ella encontró lo que había deseado y dijo: "Bendito sea el Nombre del Señor".

Jesús menciona la reina de Sabá en Mateo 12:42. Se honra a su deseo de Su sabiduría. La reina de Sabá se esmeró y se tomó la molestia de buscar y encontrar la sabiduría, pero la sabiduría a su disposición en ese momento era la sabiduría de un hombre menor. La sabiduría a la que nosotros tenemos acceso a través de Jesús, brilla mucho más que la de Salomón. Si la reina de Sabá viajó seis meses para encontrar la verdad, ¿cuánto más debemos buscar la sabiduría, abriendo nuestros corazones a Aquel que libremente da la sabiduría, la verdad y los secretos de Su corazón?

Cuando la gente viene a encontrarse con nosotros, no son nuestros bienes materiales ni nuestro carisma personal lo que los impresionará, o lo que les llevará a acercarse a Dios. Es la perla de discernimiento espiritual que se señalará a través del Espíritu Santo que habita en nosotros. Ellos estarán satisfechos cuando se hayan ido, y la riqueza de la visita vivirá para siempre y dará fruto en sus vidas cuando les comunicas las riquezas que Dios ha puesto en tu corazón.

Pidamos a Dios sabiduría de lo alto, Él la dará abundantemente y sin reproche. Dediquemos tiempo a llegar a conocerle, y no sólo seremos espiritualmente ricos, sino que los que entran en nuestra casa, es decir, en nuestra vida, se encontrará con aquellos tesoros que la gente ha estado buscando por el mundo entero. Haz que valga la pena el largo viaje que han transitado hasta ti.

Prov31Min

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Elegir la vida

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, 
que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; 
escoge, pues, la vida, 
para que vivas tú y tu descendencia.
Deuteronomio 30:19

Un hombre estaba acostado en una colchoneta al lado de una piscina en Jerusalén. Se decía que un ángel venía a agitar las aguas de vez en cuando y el primero en llegar al agua estaría sano. Así pues, él yacía año tras año, esperando su turno. Alguien siempre llegaba primero que él. (Juan 5:1-15)

Un día Jesús se le acercó y le preguntó: "¿Quieres ser sano?" Otra traducción dice "Jesús, viéndolo acostado y conociendo el mucho tiempo que venía soportando su enfermedad, le preguntó: ¿Quieres recuperar la salud?" (Juan 5:6, CST-IBS) ¡Por supuesto! ¿No es obvio?

No necesariamente. Había vivido este estilo de vida durante treinta y ocho años. Tenía su colchoneta. Su lugar en la piscina. Sabía que su jerarquía entre la gente enferma en la piscina. Él conocía la rutina de cada día. El aburrimiento y la inutilidad era sólo parte de ella.

Ser débil y enfermo se había convertido en su identidad.

La pregunta de Jesús insinuó otra posibilidad. Puedes optar por dejar tu camilla - tu zona de comodidad - y empezar a caminar en una zona potencial, en este caso, una zona de otras posibilidades de la salud.

Cada elección que hacemos nos lleva a una dirección en particular. Podemos optar por quedarnos atascados en nuestra situación o podemos optar por comenzar una nueva vida.

"¡Optamos por la vida!" Josué exhorta a los israelitas. "Para que tú y tus hijos puedan vivir."

Recuerda: No has nacido ganador; no has nacido perdedor. Has nacido "selector". Dile al Señor

Querido Dios, yo elijo seguir en la nueva vida y la salud hoy en día.

¿Qué decisiones has estado haciendo recientemente? ¿Tienes miedo de salir de su zona de confort? ¿Por qué?

Por Helen Grace Lescheid


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