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Vivir y morir con integridad

Hace muchos años un reconocido ministro de televisión cayó en un pecado que fue difundido en todo el mundo, devastando al cuerpo de Cristo e impactando a los pecadores. La caída fue tan fuerte que miles dejaron de asistir a las iglesias y mucha gente decepcionada dijo que nunca más vería a un ministro en la televisión. Así que le comenté a mi esposa: “¿Habría sido mejor que el Señor se llevara a esa persona antes que ese terrible pecado se desarrollara en su vida?” El hecho me hizo pensar en el rey Ezequías, a quien se le dijo que iba a morir y después oró para obtener una extensión de su vida. Dios le añadió quince años más (Is 38:5). Después que fue sanado, Ezequías invitó a varios embajadores de Babilonia para que vieran toda la riqueza de su casa y el templo. Le reveló los secretos de Dios al enemigo. Luego el profeta Isaías lo reprendió y le informó que en el futuro los babilonios invadirían y destruirían a Jerusalén, tomando la futura semilla de Ezequías (descendientes) en cautiverio y se apoderarían de los tesoros de oro y los vasos sagrados de la casa de Dios (2 R 20).
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El amor triunfa sobre el fracaso

El amor del Padre es tan increíble. Mi historia e imagen favorita del amor supremo se encuentra en la narración del hijo pródigo. Este hijo había desperdiciado su herencia viviendo perdidamente, había dado la espalda a su familia y había decepcionado a su padre, pero el corazón de su padre siempre estaba vigilante, atento y listo para la llegada de su hijo. Incluso antes de que el hijo llegara a casa, el amor de su papá ya se había tragado sus errores.

De la misma forma, el Señor nos vio desperdiciando nuestras propias vidas y vino para portarse con nosotros como este padre quien, incluso cuando el hijo todavía estaba lejos, lo vio, corrió hacia él y lo abrazó y lo besó. Era el hijo del chiquero, al que muchos no querían acercársele porque no podían soportar el olor hasta ver quién estaba detrás de él: un ser humano lleno de las promesas de Dios.

Pero el amor de su padre era demasiado fuerte como para dejar de ser. El hijo se para frente su papá con el hedor de las malas decisiones en todo el cuerpo y el padre lo viste con las mejores ropas, hace una fiesta y le da la bienvenida al hogar.

“Él miró más allá de mis errores y vio mi necesidad”. Escribí estas palabras en una canción hace muchos años después de leer el Salmo 18. Pensar en el compromiso de Dios con nosotros me dejó estupefacta, su compromiso de responder a nuestro llamado y, cuando estamos en problemas, estar allí para ayudarnos.

A veces mueve el cielo y la tierra para intervenir; otras veces da las respuestas a través de personas ordinarias como usted y como yo. Si nos separamos de aquellos que se están alejando de la fe, juzgamos sus decisiones inmaduras y los desechamos cuando cometen errores, entonces no debemos llamarnos líderes. Cualquiera puede conducir a otros durante los buenos tiempos, pero los verdaderos líderes saben cómo conducir a las personas a través del desierto y mostrarles cómo permanecer firmes en los tiempos difíciles.

Es como la paternidad. El privilegio más maravilloso e increíble en este planeta es que se nos confíe la formación de estas pequeñas vidas. Pero también le puedo asegurar que es el trabajo más difícil, estresante y emocionalmente agotador que existe.

¿Cómo sabrán las personas que vale la pena seguirnos? Juan 13:35 explica: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Amor es una palabra grande, una palabra de acción, lo que significa que requerirá un esfuerzo de nuestra parte. Para Jesús, el amor significó sacrificio, así que no debe sorprendernos cuando aprendamos que guiar a la manera de Dios significa amar a la manera de Dios, la manera del sacrificio. Algunas de las personas que usted y yo amamos tienen el potencial de ser peligrosos para sí mismos, para usted, para su equipo y para la iglesia. Y no podemos hacer nada sin la sabiduría de Dios, ni siquiera amar. Pero podemos confiar en la Palabra de Dios y en el poder de la oración para mostrarnos cómo cubrirlos y ayudarlos para que obtengan la sanidad que necesitan. Tengo que admitir que me han sorprendido mucho las conductas “secretas” de algunas personas. Puede que Dios quiera que las acompañemos durante semanas, meses o años, o puede que quiera que los conduzcamos hacia uno de los servicios de la comunidad donde se ofrece ayuda profesional, ayuda que la iglesia no está equipada para proporcionar. Recuerde, no necesita tener todas las respuestas.

--Extracto tomado del libro El arte de ser un mentor de Darlene Zschech


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Días estratégicos

Sé que usted es un creyente que anhela tener influencia . . . y la tiene. Los corazones de las personas en todo el mundo están descontentos y, más que nunca, las personas están buscando un cambio. Estamos viviendo una época emocionante y estoy lo suficientemente loca como para creer que estamos a punto de ver una gran revolución global dentro del cuerpo de Cristo. También creo que usted y yo jugamos un importante papel en ella. Estamos viviendo una época por la que aquellos que vivieron antes de nosotros oraron diligentemente, soñándola e iniciándola con gran valentía. A través del tiempo, establecieron un fundamento y pagaron el precio por el nivel más alto de unidad que experimentamos en la iglesia actualmente. El resultado ha sido una creciente pasión a nivel mundial alentada por el Espíritu para aliviar el sufrimiento humano.

La fe está aumentando y la esperanza permanece firme, a pesar de que el estado de la humanidad es desesperado y la iglesia, tan bella como es, todavía está creciendo en su comprensión y confianza acerca de quién tiene que ser. Sí, el cambio ha sido lento, pero las generaciones se están volviendo más fuertes. La revelación del plan y del propósito de Dios en la tierra está floreciendo plenamente aun en los corazones más duros.

En la Nueva Traducción Viviente, el Salmo 78:7 afirma que “cada generación volviera a poner su esperanza en Dios y no olvidara sus gloriosos milagros, sino que obedeciera sus mandamientos. Cada generación debe volver a poner su esperanza en Dios y no olvidar sus gloriosos milagros sino obedecer sus mandamientos”. El versículo 8 continúa: “Entonces no serán obstinados, rebeldes e infieles como sus antepasados, quienes se negaron a entregar su corazón a Dios”.

Los actuales son días estratégicos y la forma en que vivimos es fundamental para que tenga lugar lo que podría ser ¡la más grande revolución de los corazones humanos en la historia! Ponerse a la vanguardia de esta época en el momento adecuado implica un gran reto para los hombres y mujeres jóvenes que decidan hacerlo, personas a las que, desde una temprana edad, Dios cautivó con su asombroso amor y que están seriamente listos para entregar sus vidas por amor a Cristo. Para usted y para mí implica dolores crecientes, ya que ahora tenemos que guiar este vasto despliegue de personas asombrosas, más jóvenes y más viejos, muy ambiciosos, extremadamente talentosos, aferrados a sus ideas, exitosos y apasionados. Y, por supuesto, también están los indisciplinados, algunos con talentos menos obvios y muchos hijos sin padres (a menudo sin un sentido de pertenencia).

A nivel personal he sentido la necesidad de crecer y extender mi capacidad de liderazgo en todos los niveles. Muchos de los temas de liderazgo que hemos enseñado a nuestros equipos de adoración a lo largo de los años no han tenido mucho que ver con la música como tal, sino con cosas como el discipulado, el valor personal, la teología de la adoración y el amor inagotable de Dios hacia su pueblo. Y como sucede con la mayoría de las grandes oportunidades que se nos presentan disfrazadas en forma de problemas, honesta y continuamente he tenido que pedir a Dios a diario que me dé su sabiduría para guiar adecuadamente. ¡Oh, qué travesía! ¡Qué Dios!

-Tomado del libro El arte de ser un mentor por Darlene Zschech. Publicado por Casa Creación. 
Usado con permiso
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Líder: ¿Qué vé Dios en tu corazón?


Cierto rey que Dios había elegido tuvo una conducta reprobable. La consecuencia fue que Dios se buscó otro rey, uno que tuviera un corazón conforme al corazón de Dios. Porque Jehová no mira lo que mira el hombre, Jehová mira el corazón. ¿Qué vé Dios en el corazón del líder a la hora de elegirlo y llamarlo al ministerio?

Por medio de los hombres que Dios escogió a través de la historia, podemos aprender cómo el Señor estableció líderes, y en cada uno de ellos puso su confianza para darles autoridad. Demos un vistazo:

Dios inició el liderazgo creando a Adán. Todo lo puso bajo su dominio, y le dio una restricción: el árbol del bien y del mal (Gn 1:26-28). Al dar lugar al diablo, perdió su autoridad, dejando la creación bajo el gobierno del maligno.

En medio de una generación corrupta, Dios vio la conducta de Noé y le dio el mandato de presidir un proyecto de fe de largo alcance que involucraba a toda su familia (Gn 6). Su liderazgo fue eficaz.

Abraham obedeció a Dios para ser embajador suyo, e hizo un pacto con él. Abraham creyó y le fue contado por justicia. Tuvo una estrecha relación con Dios (Stg 2:23).

Moisés trató de ejercer su liderazgo antes de tiempo. Sólo contaba con lo que había aprendido en Egipto. Fue rechazado, y debió huir. Luego de haber pasado cuarenta años en Madián, forjó el carácter pastoral que necesitaba. Entonces Dios lo llamó a dirigir la salida de Su pueblo de la esclavitud (Ex 3:1-10). Moisés delegó autoridad en hombres idóneos. Dios protegió a Moisés, y lo respaldó con señales.

Josué tuvo visión de la buena tierra. Dios lo eligió para que lleve al pueblo a poseerla. No sólo cumplió su misión, sino que preparó hombres que continuasen en el liderazgo (Jos 24:31).

Desde los días de Samuel se practicaba el ungimiento de ciertas personas elegidas como líderes. El elegido quedaba consagrado a Dios en las funciones que se le delegaban, y el aceite valía como emblema de autoridad y protección para cumplirlas. De esta forma el pueblo sabía que debía obedecer al ungido, porque revestía autoridad de Dios.

En el Nuevo Testamento también se observa a los líderes como representantes de Dios. Juan el Bautista era respetado y considerado “grande delante de Dios” (Lc 1:15). Jesús, durante Su ministerio llamó a los que quiso, y le siguieron, aún antes de conocer por completo quién era.
Los discípulos obedecieron el mandato del Señor de ir y predicar en Su Nombre, haciendo discípulos. Pedro y Pablo se empeñaban en discipular, enseñando que se sujeten a sus pastores. Pablo se presentaba a sí mismo como siervo del Señor Jesucristo. Todas sus acciones estaban precedidas por sus convicciones, y eran dignas de ser imitadas.

El líder cristiano es enviado por Dios, es ejemplo de conducta y se reproduce, formando a otros para enviarlos en el Nombre del Señor Jesús. El Espíritu Santo les pone su sello como propiedad de Dios, dándoles la gracia para vivir como partes del cuerpo de Cristo y ejercer una autoridad espiritual en comunión con la Autoridad de Dios.

Decimos ¡Amén! a esta afirmación, orando por nuestros pastores, maestros y líderes espirituales, para que cada uno sea hallado fiel al Señor y a Su Palabra, hasta el fin.

Autor: P.O.- www.mujerdevanguardia.blogspot.com
Fuente: C. Yoccou
Foto Epictura.com
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