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Engrandecer a Dios

Dios quiere ser engrandecido en nuestra vida.

 ¿En qué consiste este «engrandecer» a Dios?


gloria a Dios en las alturas
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5 pensamientos para antes de dormir

Luego de un largo día, los pensamientos necesitan reposar de toda la actividad y preocupaciones que han acontecido. Te comparto cinco pensamientos que deberías elegir antes que cualquier otro, al finalizar tu día y antes de dormir.

Imagen con frase de fe Dios me guarda en las noches
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Disfruta de Dios

Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. —Salmos 37:4
Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. —Salmos 37:4

Cuando llegan mis vacaciones, me gusta lo que mis amigos me dicen: "¡Felices vacaciones, que las disfrutes!" Las vacaciones, ciertamente son para ser disfrutadas. También un rico postre puede ser disfrutado... o una casa nueva. Pero, disfrutar a Dios?

¿Disfrutas de Dios? Deleitarse es disfrutar. A medida que vamos viviendo con Dios, lo vamos conociendo mejor... ¿experimentaste despertarte en la mañana y sentir que Dios está contigo? A mi me pasó cuando desperté de la anestesia en mi última cirugía... Cuando volví a la conciencia sentí un gusto muy delicado, un deleite de saber que
Dios estuvo conmigo dirigiendo todo y me había guardado.

Disfrutar de Dios es pasar tiempo con El. En un noviazgo es tan agradable estar con nuestra persona amada... lo mismo es cuando te enamoras del Señor. Disfrutas de hablar con El, de caminar con El, de comprobar cómo te cuida y cuánto te ama. Y este deleite tiene como consecuencia una bella promesa.

Cuando comenzamos a disfrutar nuestra relación con Dios, Él satisfará los deseos de nuestro corazón. Este pasaje puede entenderse de varias maneras. El significado principal es la palabra deseos, que significa “la petición o solicitud de nuestro corazón”. Y también quiere decir que nuestras oraciones y peticiones serán respondidas.

Un significado implícito es que Dios nos da esos deseos, es decir, lo que sentimos en nuestro corazón y espíritu fue puesto ahí por el Señor. El deseo es “añorar algo o deleitarse en ello”. Esta palabra se encuentra en los siguientes pasajes:

Lo que el impío teme, eso le vendrá; pero a los justos les será dado lo que desean. Proverbios 10:24

El deseo de los justos es solamente el bien; mas la esperanza de los impíos es el enojo. Proverbios 11:23

La esperanza que se demora es el tormento del corazón, pero árbol de vida es el deseo cumplido. Proverbios 13:12

El deseo cumplido regocija el alma; pero apartarse del mal es abominación a los necios. Proverbios 13:19

Una visión o sueño positivo puede en efecto motivar y avivar el deseo de que se realice. Sin embargo, puede requerir de una temporada de paciencia y de guardar cuidadosamente nuestros corazones para evitar que el sueño se muera dentro de nosotros. Piénsalo, el lugar donde han muerto más sueños es el cementerio local. Muchas personas han muerto sin haber visto cumplirse aquellos deseos que fueron forjados en su mente o que surgieron en su espíritu. Tal vez decían: “Posiblemente cuando tenga más tiempo”, “Cuando tenga el dinero”, o: “Cuando se abra la puerta”, y nunca persiguieron sus sueños.

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Devocional: No olvides que Dios es bueno

No importa la circunstancia que estés viviendo… por muy difícil que sea para ti en este momento, no olvides esta gran verdad: Dios es bueno… siempre es bueno. Aunque ahora no parezca, lo más seguro es que esto que te sucede ahora forma parte de su plan perfecto para bendecirte… el Señor tiene muchas maneras diferentes de obrar para mostrar su bondad para contigo. Puede suceder que Él tenga que hacer algo drástico para cambiar algunas cosas y crear nuevas bendiciones para tu vida y tu familia. No olvides: la bondad de Dios no siempre se manifiesta como tú lo esperas… Su bondad va más allá de tu entendimiento y de tus planes… los planes de Dios son siempre para tu bien y no para tu mal.
Tarjeta cristiana con mensaje de Dios para la mujer
“PORQUE ÉL ES BUENO, Y SU MISERICORDIA ES PARA SIEMPRE”. 2 Crónicas 7:3 

Lidia E. Cames
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Sustitución


La mayor necesidad que tiene el pecador es la de ser hecho justo delante de Dios. El gran plan de la sustitución, pensado y acordado por Dios Padre y el Hijo antes de que el mundo comenzase tenía la intención de hacer precisamente eso: hacer justos a los pecadores delante de Dios.

Jesús pudo tomar nuestros pecados sobre Él mismo como nuestro sustituto solamente porque no tenía pecado. Por eso ningún ser humano podía salvarse nunca a sí mismo, y menos aún a su prójimo. Todo ser humano que nace en este mundo ha descendido de Adán y ha heredado la naturaleza de pecado de Adán; con una excepción: ¡Jesús, el Dios-hombre!

El plan de Dios para rescatar a la humanidad era el de insertar a su Hijo sin pecado en la raza humana a fin de darnos una posición correcta delante de Dios. Él hizo eso mediante el nacimiento virginal. El nacimiento de Cristo implicó al Espíritu Santo y a una madre humana, pero no a un padre humano. Por tanto, Él no heredó la naturaleza de pecado de Adán. De esta manera Dios pudo enviar a un Salvador sin pecado para llevar nuestros pecados y proporcionarnos su justicia. ¡Qué regalo tan extravagante!

Pero en el huerto de Getsemaní, el lado humano de Jesús comenzó a luchar con su misión. ¿Qué fue lo que causó a Jesús tal angustia en su decisión de “beber la copa” que su Padre le ofrecía? ¿Qué contenía esa copa que hizo que el Hijo de Dios se retirase con horror y abrumadora tristeza?


¿Cree usted que fue la experiencia del dolor físico y el sufrimiento que tenía por delante? Sí, Jesús sabía que el dolor físico sería terrible, más allá de toda descripción; pero la copa contenía algo que Jesús, el eterno Hijo de Dios, seguramente aborrecía aún más.


Como segunda persona de la Trinidad, Jesús aborrecía el pecado con un odio absoluto. El perfecto Dios-hombre nunca había sabido lo que era cometer un pecado o contaminar su vida sin pecado con algo impío, y menos aún experimentar la sucia degradación del pecado. Ahora, al tomar sobre Él mismo los horribles pecados de toda la humanidad a lo largo de toda la historia, Él realmente se hizo pecado por nosotros: ¡algo contrario a su propia naturaleza!


—Tomado del libro Tesoros de la cruz de David Skeba.


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Manejo eficaz del tiempo

De un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. —Hechos 17:26

Dios proveyó el mejor ejemplo del manejo eficaz del tiempo y del orden en el libro del Génesis. En seis días creó la tierra y todo lo que hay en ella, y el séptimo día descansó. Todo sucedió de acuerdo con su plan. Hubo un orden respecto a cómo y cuándo creó qué y dónde: una sucesión y una progresión de cómo formó cada organismo y especie. Dios no desperdició sus recursos, y especialmente no perdió su tiempo. Fue determinado y conciso cuando desarrolló la vida en nuestro planeta.

Cómo organizar el tiempo para hacerlo eficazCon toda seguridad, Dios, tú logras tus propósitos para mí. Antes que yo naciera, tú me conociste. Sabías el número de mis días y todo lo que fui creado para hacer. Me llamaste con un propósito recto, y me llevas de la mano y me guías a mi destino. Tu Palabra está preñada de propósito. Está llena de promesas, y estoy totalmente equipada para cumplir todo lo que tienes para que yo haga. En el nombre de Jesús, amén.
Cindy Tream
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Un poderoso mensaje de amor de Dios

Tú mira tus ojos,
míralos, 
veteados, 
coloridos, 
cada uno es único, 
Yo creé a cada uno de ellos
Yo lo creé todo
al universo 
y a ti
Te di personalidad...

Mira el video a continuación para ver todo el mensaje ↓







Platos cayendo - video

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Recalculando la ruta



¿Qué es el sistema de navegación GPS? El Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas e inglés) es un sistema de navegación satelital compuesto por una red de 24 satélites puestos en órbita por el Departamento de Defensa de los EE. UU.


El propósito del mismo es darte instrucciones para que llegues a tu destino y te ayuda a encontrar el camino cuando estás perdido. Dice: Recalcular la ruta.


Permíteme hablarte del mejor GPS. Tenemos un Dios en el cielo que está en el trono y que mira cada movimiento que hacemos y cada respiro que damos. Él sabe dónde estamos y a dónde vamos, y que se encuentra en la posición para guiarnos cada día de nuestras vidas.










Cuando venimos a Jesús, recibimos el Espíritu Santo: El Sistema de Posicionamiento de Dios.Para utilizar el GPS necesitas permitirle acceso a tu ubicación para que te pueda llevar a tu destino. En Génesis 3:9, cuando el Señor llamó al hombre, “¿Dónde estás?”, no es que Dios no sepa donde estás. Es que Dios quiere que sepas en dónde estás para poder apreciar a dónde Él te está llevando. Algunas personas olvidan que Dios las sacó de la esclavitud. Cuando veo a un creyente que juzga o que le gusta señalar el fracaso de los demás, veo a alguien que olvidó de dónde Dios lo sacó.


En una ocasión una mujer de 82 años de edad asistió todas las noches a una cruzada de un evangelista de renombre. Por 14 días se sentó en la sección de en medio, asiento 1. Durante cada canción, ella levantaba sus manos, palmeaba, gritaba y se regocijaba. Algunas veces comenzaba a correr, en otras a danzar, pero algo nunca hizo: nunca se detuvo.


Una noche, uno de los funcionarios de la ciudad que había estado fuera y se había convertido asistió y subió al púlpito con el orador. Miró hacia abajo y vio a la mujer. Miró al evangelista y dijo: “¿Sabes quién es ella?”.


El evangelista respondió: “Sí, la mujer que no puede dejar de alabar”. Él dijo: “Sí, pero ¿sabes quién es ella? Es la persona más rica del país; es la presidenta de la cámara de comercio y consejera del Presidente”.


El evangelista la llamó después del servicio y le dijo: “Señora; solo quiero agradecerle por haber venido. Si no le importa puedo preguntarle, ¿por qué es tan expresiva en los servicios?”.


Ella le dijo: “Durante la Gran Depresión, no teníamos nada. Vine de una familia pobre que por poco y no lo logra. Mi padre fue un alcohólico que abusaba de mi mamá. Pero un día, un predicador vino a nuestra granja. Nos dio algo mayor que el dinero, mayor que el oro. Nos dijo que Jesús murió por nosotros en la cruz. En ese día, encontramos nuestro camino. Estábamos perdidos ese día, pero fuimos hallados. Poco tiempo después encontramos petróleo en nuestra propiedad y el resto es historia. Pero mi alabanza es un recordatorio de dónde vengo. Mi alabanza dice que un día estaba perdida, pero ahora he sido hallada, estaba ciega, más ahora veo”.


Necesitas saber dónde estás porque no vas a estar ahí por mucho tiempo. Dios está por llevarte a donde nunca antes has estado. Tengo una señal clara, tengo instrucciones claras, Dios acaba de voltear las cosas a tu favor. ¡Estás de camino!


Desde Génesis hasta Apocalipsis se encuentra incrustada la verdad tanto explícita como implícitamente de que ¡somos ungidos, llamados, escogidos y destinados para seguir avanzando!


Abraham dejó la tierra de su padre y puso su tienda hacia Betel. José fue del pozo a la prisión al palacio. Los israelitas fueron de Egipto al desierto a la Tierra Prometida. La narrativa cristiana nos lleva a la cruz, a la tumba vacía, al aposento alto.


¡Tienes que escribir o hablar y especificar a dónde vas! Ese es el problema. Quieres que Dios lo escriba por ti. Tienes que declarar a dónde vas, hay poder en la declaración. Hay poder en la articulación profética: “Declararás una cosa, y se te cumplirá, y en tus caminos resplandecerá la luz” (Job 22:28).


¡Declara a dónde vas hoy! No te sientes a esperar que alguien lo escriba por ti. Levántate y decrétalo.


A través de la escritura vemos hombres y mujeres exitosos que se levantaron e hicieron declaraciones que se hicieron realidad. ¿Por qué? Dios honra la fe ridícula. Por ejemplo: Moisés: Muéstrame tu gloria; Caleb: Dame esa montaña; Eliseo: Quiero una doble porción; Ezequiel: Dame más años; Jabes: Bendíceme y ensancha mi territorio.


Levántate y decláralo. Declaro una zona libre de pobreza y adicción alrededor de mi familia. Decreto y declaro que cada maldición está rota y cada bendición ha sido desatada. Declaro y decreto que el infierno no puede detener lo que viene bajando del cielo.


¡Confía en las direcciones!


Mi esposa y yo estuvimos recientemente en San Diego. Escribí una dirección en el GPS pero entonces, como hombre que soy, decidí que mi recuerdo de los puntos de referencia era más acertada. Así que ignoré el GPS y seguí mis instintos. Por supuesto, nos perdimos por un momento y mi brillante esposa siempre confortándome me miró y me dijo: “Debiste haber confiado en tu GPS”.


Nos acostumbramos a seguir las cosas que vemos. Los puntos de referencia, las señales, pero Dios dice: Has confiado en lo que viste por mucho tiempo, ahora es tiempo de confiar en mi Palabra dentro de ti que se vuelve viva por medio de mi Espíritu Santo.


La definición de confianza es dependencia en la integridad, fuerza, habilidad, certeza, etc., de una persona o cosa; confidencia.


El Salmo 20:7 dice: “Algunos confían en carros, y otros en caballos; mas nosotros en el nombre del Señor nuestro Dios confiaremos”.


¡Deja de confiar en lo que ves a tu alrededor y comienza a confiar en quien vive dentro de ti! Dios te está diciendo, sé que las cosas no se ven bien, pero ¡confía en mí! “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia” (Proverbios 3:5). Al igual Juan 14:1 dice: “No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí”.


Confía en Dios hoy para suplir tus necesidades, para sanar tus heridas y para perdonar tus pecados. Confía en Dios creyendo que ¡cada día será el mejor día de tu vida!


Confío en el nombre del Señor nuestro Dios. Confío en el nombre del Yo Soy. Confío en el nombre de Jehová Rafa, el sanador. Confió en el nombre de Jehová Nissi, mi bandera. Confío en el nombre de Jehová M'Keddesh, quien santifica. Confío en el nombre de Jehová Jireh, mi proveedor, en el Shaddai, el Dios Poderoso, confío en el nombre sobre todo nombre en el nombre al cual toda rodilla se postrará y toda lengua confesará que: ¡Jesucristo es nuestro Señor!


- Rev. Samuel Rodríguez, es un ministro ordenado con las Asambleas de Dios, copastor de una iglesia multiétnica y llena del Espíritu en Sacramento, Ca., y presidente de la Conferencia Nacional de Liderazgo Cristiano Hispano (NHCLC) la organización hispana cristiana más grande en los Estados Unidos la cual representa a más de 34,200 iglesias. El diario The Wall Street Journal lo identificó como uno de los siete líderes hispanos más influyentes de Estados Unidos.

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¿Cuántas veces me perdonaste?

Caminando solo por la calle en un viaje de esos donde me encontraba preso de mis propias actitudes sin que nadie me ayudara, buscaba la solución a los problemas que lentamente deterioraban mi alma y mi conciencia. No había ciencia ni filosofía que me sacaran de la decadencia. Era la consecuencia de escoger el mal camino por mis malas decisiones; se tronchaba mi destino.

Ya no confiaba en nadie. Aunque hablaba con todos, muchos me dieron de codo. Me sentía un don nadie. Por las noches no dormía, solía tener pesadillas y las veces que lo hacía era a fuerza de pastillas. La palabra vida era sinónimo de fastidio.
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Grandes para Dios


En Mateo 5 Jesús dice que cualquiera que pone en práctica sus duras enseñanzas “será llamado grande” en el Reino. ¿Qué quiere decir esto? He aquí como lo dice Jesús: . . . cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos (Mateo 5:19).

A primera vista, parece como si Jesús esperara que nosotros cumplamos sus difíciles enseñanzas para hacernos “grandes” en el cielo. Y hasta pudiéramos seguir pensando así luego de leer la afirmación de Pablo acerca de los que obedecen la ley: . . . porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados (Romanos 2:13).


Esto parece sugerir que hay personas que pueden en verdad practicar estos mandamientos, que pueden designarse como “hacedores” de la ley. Al continuar Romanos, sin embargo, descubrimos la cantidad exacta de personas que han llevado a la práctica con éxito la ley y, por extensión, el número de personas que pueden llamarse “grandes” en el cielo: Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado (Romanos 3:19-20).

Así que, ¿cuántos seres humanos han puesto en práctica la ley con éxito? Cero. Y en los evangelios Jesús cita la ley y pone la norma aún más alta. Hace que sea todavía más difícil seguir la ley. Si nadie podía guardar la ley original, ¿cuántos tendrían éxito bajo la versión más desafiante de la ley que introdujo Jesús? La respuesta, una vez más, es cero. Mediante la ley encontramos fracaso, no éxito.

Jesús puso fin a cualquier esperanza o sueño de ser grande en el cielo: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20).

De acuerdo con las demandas de comportamiento de Jesús, tendríamos que hacerlo mejor que los escribas y fariseos tan solo para entrar al cielo, y ni pensar en ser grandes cuando llegáramos allí. Luego de escuchar esta última parte estoy seguro de que a sus oyentes se les caía el alma a los pies.

Jesús no fue ingenuo cuando les presentó este patrón inalcanzable. Él sabía bien que ni siquiera podrían acercarse al nivel de rectitud que Él introducía. Como revela Gálatas 4:4-5, Jesús nació bajo la ley, y la meta de su enseñanza fue redimir a los que estaban bajo la ley. ¿Cómo los redimiría? El primer paso era hacerles comprender que cualquier intento de su parte de “ser perfectos” sería inútil.

El cielo nos ha anunciado un pacto que se inauguró en la sangre de Jesús. Fue la muerte de Jesús en el Calvario (¡no su nacimiento en Belén!) lo que inició la era del Nuevo Testamento. Esta verdad ilumina el propósito detrás de las ásperas enseñanzas de Jesús. Y nos capacita para sentir la pura libertad de la gracia de Dios, aquí, en este lado de la cruz.

- Tomado del libro El cielo es ahora por Andrew Farley


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Dios nunca nos falla

La fe lo arriesga todo en Dios, pero Dios nunca nos falla. Recuerdo una ocasión en la que estábamos montando una de nuestras carpas grandes. El terreno era blando, y si se producía alguna tormenta grande, se saldrían todos los postes. Entonces vi que se aproximaba una tormenta. Para mí contenía la lasciva mirada del rostro del diablo, y me puse en pie y le reprendí a él y a las nubes negras que avanzaban hacia nosotros. Si la carpa se caía, sería peligroso para las grandes multitudes congregadas en su interior, pero les dije a los hombres: “Adelante; predicaré en ella esta noche”. Hablé con convicción en mi corazón, la fe de Dios. Le dije en voz alta al diablo: “Si destruyes esta carpa, conseguiré una mayor”. (¡Conseguí una mayor de todas formas!). Alcé mi voz y le ordené a la tormenta que nos dejara en paz, y luego vi cómo se dividía, pasando por el norte y por el sur del área donde se encontraba nuestra carpa. El terreno permaneció seco y a salvo.

La fe es el eje de nuestra relación con Dios. La Biblia entera es una ilustración de esto. Sin embargo, no hay ningún tema que pida más explicación en las Escrituras que la fe y el don de fe. Particularmente nosotros queremos ayudar en este aspecto.

Lo que Jesús dijo quizá sea lo primero que la gente cita, que con fe suficiente podemos mover montañas (Mateo 17:20; 21:21). Sin embargo, nadie lo ha hecho jamás. No cabe duda de que muchos lo han intentado, por lo general con pocas esperanzas de éxito y quizá sin idea de dónde mover la montaña.

Ningún apóstol lo hizo, ni tampoco Jesús mismo. Dios planeó los paisajes en la Creación, y no creo que quisiera que nosotros cambiáramos el escenario. La ilustración más frecuente sobre la fe en el Nuevo Testamento son las sanidades, pero no debemos tomar esto como el uso principal del don de fe. ¿Por qué habló Jesús entonces de mover montañas mediante la fe?

Para los que quieren entender la Biblia, aquí tienen algo muy importante. Lea siempre pasajes completos, nunca sólo un versículo. No saque los textos fuera de su contexto en las Escrituras, como este acerca de mover montañas. Mateo 17:20 trata sobre la oración en contra de los demonios, y Mateo 21:21 tiene que ver con la oposición y los enemigos. Mover montañas se tiene que entender en conexión con esto.

Ahora bien, acerca de hacer lo imposible; aquí se han cometido graves errores. Para llegar al corazón del asunto, entraremos en el huerto de Getsemaní con un humilde asombro. El Hijo de Dios está orando por lo que es posible, y lo que Él dice penetra hasta el mismo corazón del asunto. Jesús dijo: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). Entendemos aquí que sólo son posibles las cosas que forman parte de la voluntad de Dios. Un discípulo que escuchó a Jesús en el huerto escribió después: “si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). Las oraciones de Cristo muestran que lo que es posible está limitado por los mismos demonios que Jesús vino a vencer. Por ejemplo, no fue posible que Dios nos salvara del mal y salvara a la vez a su Hijo. De igual forma, nuestra lucha contra el mal a menudo nos pone ante una situación similar. Ser aquello para lo que Dios nos envió, sus hijos dando testimonio en un mundo ajeno, significa que tendremos que sufrir maldades.

Recientemente se han cancelado algunas de nuestras campañas de evangelismo. Íbamos a confrontar los males, pero esos males fueron los que produjeron la retirada de visas y permisos. No se ha hecho la voluntad de Dios. Por eso debemos orar: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Nuestras vidas han estado bajo una seria amenaza, pero ese peligro sólo se podría eliminar cuando el evangelio entre en las vidas de nuestros oponentes. ¿Qué se puede hacer en tales circunstancias? Esto crea un dilema, y tenemos que dejar que Dios lo resuelva. Es parte del proceso, o la lucha, contra el diablo. He dicho por todas partes que aparentemente el sufrimiento y el ministerio de sanidad son inseparables. Sin embargo, moveremos montañas si seguimos caminando y creyendo.

- Tomado del libro Momento de actuar por Reinhard Bonnke.


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El amor triunfa sobre el fracaso

El amor del Padre es tan increíble. Mi historia e imagen favorita del amor supremo se encuentra en la narración del hijo pródigo. Este hijo había desperdiciado su herencia viviendo perdidamente, había dado la espalda a su familia y había decepcionado a su padre, pero el corazón de su padre siempre estaba vigilante, atento y listo para la llegada de su hijo. Incluso antes de que el hijo llegara a casa, el amor de su papá ya se había tragado sus errores.

De la misma forma, el Señor nos vio desperdiciando nuestras propias vidas y vino para portarse con nosotros como este padre quien, incluso cuando el hijo todavía estaba lejos, lo vio, corrió hacia él y lo abrazó y lo besó. Era el hijo del chiquero, al que muchos no querían acercársele porque no podían soportar el olor hasta ver quién estaba detrás de él: un ser humano lleno de las promesas de Dios.

Pero el amor de su padre era demasiado fuerte como para dejar de ser. El hijo se para frente su papá con el hedor de las malas decisiones en todo el cuerpo y el padre lo viste con las mejores ropas, hace una fiesta y le da la bienvenida al hogar.

“Él miró más allá de mis errores y vio mi necesidad”. Escribí estas palabras en una canción hace muchos años después de leer el Salmo 18. Pensar en el compromiso de Dios con nosotros me dejó estupefacta, su compromiso de responder a nuestro llamado y, cuando estamos en problemas, estar allí para ayudarnos.

A veces mueve el cielo y la tierra para intervenir; otras veces da las respuestas a través de personas ordinarias como usted y como yo. Si nos separamos de aquellos que se están alejando de la fe, juzgamos sus decisiones inmaduras y los desechamos cuando cometen errores, entonces no debemos llamarnos líderes. Cualquiera puede conducir a otros durante los buenos tiempos, pero los verdaderos líderes saben cómo conducir a las personas a través del desierto y mostrarles cómo permanecer firmes en los tiempos difíciles.

Es como la paternidad. El privilegio más maravilloso e increíble en este planeta es que se nos confíe la formación de estas pequeñas vidas. Pero también le puedo asegurar que es el trabajo más difícil, estresante y emocionalmente agotador que existe.

¿Cómo sabrán las personas que vale la pena seguirnos? Juan 13:35 explica: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Amor es una palabra grande, una palabra de acción, lo que significa que requerirá un esfuerzo de nuestra parte. Para Jesús, el amor significó sacrificio, así que no debe sorprendernos cuando aprendamos que guiar a la manera de Dios significa amar a la manera de Dios, la manera del sacrificio. Algunas de las personas que usted y yo amamos tienen el potencial de ser peligrosos para sí mismos, para usted, para su equipo y para la iglesia. Y no podemos hacer nada sin la sabiduría de Dios, ni siquiera amar. Pero podemos confiar en la Palabra de Dios y en el poder de la oración para mostrarnos cómo cubrirlos y ayudarlos para que obtengan la sanidad que necesitan. Tengo que admitir que me han sorprendido mucho las conductas “secretas” de algunas personas. Puede que Dios quiera que las acompañemos durante semanas, meses o años, o puede que quiera que los conduzcamos hacia uno de los servicios de la comunidad donde se ofrece ayuda profesional, ayuda que la iglesia no está equipada para proporcionar. Recuerde, no necesita tener todas las respuestas.

--Extracto tomado del libro El arte de ser un mentor de Darlene Zschech


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Caminar con Dios

“Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey. Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado? Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” Daniel 3:13-15 (RV60).

El objetivo número uno del enemigo para ti en el 2012 es hacer que te postres. Porque cuando te postras, te das por vencido ante el problema que estás enfrentando. Estás, en esencia, adorando ese problema.

Satanás quiere verte de rodillas delante de él y no delante de Dios. Necesitas distinguir entre lo que haces delante de Dios y lo que haces delante de los dioses falsos.

Delante de Dios, póstrate. Sin embargo, delante de los dioses falsos, delante de tus problemas y dolores; ponte de pie y nunca muestres tu debilidad. Delante de Dios, puedes llorar. Pero delante del enemigo ¡grita de gozo! Delante de nuestro Dios, tú eres un cordero, pero delante del enemigo, ¡debes ser un león!

Delante de Dios dices: “Yo me rindo a Él”. Pero delante del enemigo gritas “¡nunca me daré por vencido!”. Nabucodonosor quiere verte de rodillas, pero Alabado sea Dios en el 2012, declaramos que ¡él te verá sobre tus pies! ¡No te postres!!!! No importa lo que venga a tu camino, ¡no te postres!

¿Por qué? Un día, ese diablo, ese demonio, esa enfermedad, ese principado se postrará.

“Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, á la gloria de Dios Padre” Filipenses 2:10-11 (RV60).

Caminar con Dios significa ¡nunca postrarse! ¡No te postres!

Caminar con Dios significa dejarle pelear tu batalla

“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto” Daniel 3:16 (RV60).

Caminar con Dios significa dejar que Él pelee tu batalla. Los muchachos Hebreos miraron al Rey y dijeron, “¿sabes que?, no necesitamos defendernos a nosotros mismos, no necesitamos justificarnos a nosotros mismos”. Espera. Ellos le acaban de decir al Rey de Babilonia “no necesitamos justificarnos a nosotros mismos, no necesitamos defendernos a nosotros mismos. Nuestra acción habla más alto que nuestras palabras”. En otras palabras, “tú puedes ser el Rey de Babilonia, pero nosotros servimos y obedecemos al Rey de Reyes”.

El enemigo quiere que hables con él. Él quiere tu tiempo, tu atención y tu conversación. De hecho, en el futbol americano ambos tienen una escuadra ofensiva y una defensiva. Ambas escuadras no pueden estar en el campo al mismo tiempo.

Mientras él te tenga a la defensiva, no puedes jugar a la ofensiva. No te defiendas a ti mismo. Continúa corriendo hacia la línea de gol. Los muchachos Hebreos básicamente dijeron, nos quieres en la defensa pero nosotros continuaremos corriendo con el balón.

Caminar con Dios significa reconocer que Él puede

“He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.” Daniel 3:17 (RV60).

Caminar con Dios es reconocer que no importando lo que estés pasando en el 2012, Él puede. Iglesia, en el 2012 siempre recuerda, Dios puede. Cuando Faraón se rehusó a dejar ir a los hijos de Israel, Dios pudo cambiar el corazón de Faraón.

Cuando Gedeón estuvo rodeado de enemigos y no había salida, Dios pudo hacer camino. Cuando un gigante se atrevió a maldecir a los hijos de Dios de Israel e intimidar al liderazgo, Dios pudo ver a través de ellos. No importa por lo que estás pasando, Dios puede. Y el mismo Dios que sacó a José del pozo, puede sacarte de tu pozo. ¡Él Puede! El mismo Dios que hizo que los hijos de Israel pudieran cruzar, puede. El mismo Dios que derrumbó las murallas. Alguien grite, Él Puede.

En el 2012, no vas a caer, ¿Por qué? Porque Él puede. No serás derrotado, ¿Por qué? Porque Él puede. Caminar con Dios significa reconocer que ¡Él Puede!

Caminar con Dios significa una fe inquebrantable

“Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” Daniel 3:18 (RV60).

Una de las más grandes declaraciones en toda la escritura es la siguiente, “Y si no”. Muchos en el cristianismo moderno basan su caminar no en quién es Dios, sino en qué puede hacer Dios por ellos. Muchos mantienen a Dios como rehén por los resultados de bendiciones pedidas, en vez de servirlo a Él por lo que ya hizo en la cruz. Si me bendices, te voy a servir, en vez de, porque moriste en la cruz por mi, te voy a servir por siempre.

Dios está buscando gente de “Y si no”. Gente que diga, Dios me puede sanar, y si no, aún así le voy a servir. Dios me puede dar un mejor trabajo, y si no, aún así le voy a alabar. Dios puede librar a mi esposo de las drogas, y si no, aún así le voy a servir. Dios puede salvarme del fuego, y si no, aún así le voy a dar la gloria y ¡no voy a adorar a dioses falsos!

Caminar con Dios significa una fe inquebrantable. Di conmigo: Mi fe es sólida, ¡No puedo ser movido!

-Rev. Samuel Rodríguez, presidente de la Conferencia Nacional de Liderazgo Cristiano Hispano (NHCLC), la organización hispana cristiana más grande en los Estados Unidos la cual representa a más de 34,200 iglesias.


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Despertar

El cristianismo es la única fe que nos invita a una relación personal con Dios. El Dios del universo. Y el apasionado celo espiritual es una de las más importantes y visibles características de tener esa relación personal. El apóstol Pablo dijo: “Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu” (Romanos 12:11, NVI).

Pero si la mayoría de nosotros somos sinceros, cuando se trata de cómo vemos nuestra relación con Dios, nuestra pregunta íntima sería: ¿Nunca dejo de ser diligente? ¿En serio? ¿Es posible eso? Yo respondería inequívocamente: Sí, lo es. Si Dios nos ha ordenado que nunca dejemos de ser diligentes, también ha hecho una manera de que eso sea posible.

Independientemente del tiempo que hayamos seguido a Jesús, la novedad y el entusiasmo que experimentamos en Cristo cuando recién lo recibimos deberían seguir siendo evidentes en nuestra vida cotidiana. Si no lo estamos experimentando, debemos preguntarnos por qué. Pablo le dijo a su discípulo Timoteo “que avives el fuego del don espiritual que Dios te dio” (2 Timoteo 1:6, NTV). Cuando el fuego de Dios en nuestro corazón comienza a arder sin llama, hay que reconocer que una cualidad clave de nuestro caminar con Dios se ha perdido.

El día en que me desperté

Cuando comenzó mi viaje con Cristo, al igual que muchos nuevos creyentes, yo en realidad no sabía por dónde empezar a vivir para Dios. Sabía que era salvo, creía que mis pecados habían sido perdonados, y estaba seguro de estar en camino al cielo. Pero, ¿qué seguía?Yo aún no sabía que solamente había dado el primer paso.

Si realmente queremos conocer a Dios y experimentarlo, tenemos que ir más allá de la decisión inicial y llegar a un punto de total entrega. Después de recibir la salvación en Cristo, el primer paso para un verdadero despertamiento es darle todo a Él. Entregar su vida es algo más que confiar en Jesús como su Salvador para poder ser perdonado e ir al cielo. No es simplemente añadir a Dios a su vida. La verdadera entrega significa salir del asiento del piloto y dejar que Él tome el control. Significa darle toda la vida y descubrir la realidad del gozo, la paz, la libertad, los sentimientos y las experiencias que vienen con conocer verdaderamente a Dios. Solemos creer que es una decisión que se toma una sola vez, pero es una práctica que debemos realizar habitualmente para mantener el fervor espiritual. Permítame explicárselo.

Cuando le entregué mi vida a Cristo, experimenté algo de paz interior. Me sentí mejor, porque sabía que era salvo, pero todavía no tenía la libertad que estaba buscando. Yo había tomado la decisión, pero no tenía ninguna pasión o poder para vivir para Dios.

En los días que siguieron quería leer la Biblia, y eso me ayudó, pero no entendía cómo aplicarla a mi vida cotidiana. Yo no sabía lo que era una relación personal con Jesús ni que Dios quería que yo viviera una vida de libertad y poder. Y ciertamente no sabía que podía experimentar a Dios en mis emociones.

Debido a todos estos factores, durante casi un año avancé y retrocedí en mi relación con Jesús. Yo amaba a Dios, y durante un tiempo quería hacer lo que haría un cristiano. Pero entonces venía la tentación y quería ceder. Luego volvía al carril con Dios . . . y de nuevo caía en la tentación...y volvía a vivir para Dios: usted capta la idea. Aunque realmente nunca volví al estilo de vida y a los patrones destructivos que tenía antes, era inconstante en mi recién descubierta fe. Fue frustrante, para decir lo mínimo.

Finalmente llegué a un punto de inflexión antes del verano entre mi segundo o tercer año de universidad. (¡En ese momento en mi vida estaba en el plan universitario de seis años!) Una noche, en una reunión de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo, de repente me di cuenta cuando el orador dijo: “Si nunca he caminado con Dios, tiene que caminar con Dios este verano”. En ese instante, oí la voz del Espíritu Santo en mi corazón, diciendo: Stovall, en realidad nunca has caminado conmigo. Nunca te has entregado verdaderamente a mí. Yo sabía que esto significaba que aunque había aceptado a Jesús, nunca le había entregado por completo mi vida. Simplemente lo había añadido a mi vida para poder tener un alivio, una vida mejor y un boleto al cielo. Pero no le había dado realmente cada área hasta el punto de querer conocerlo a Él y su voluntad por encima de todo.

Lamentablemente, creo que es aquí donde están muchos cristianos hoy en día. Aunque han confiado en Cristo para recibir perdón y vida eterna, siguen viviendo la vida a su manera y en realidad no caminan con Dios. Un corazón verdaderamente rendido da un paso más y dice a todo: “Como tú quieras, Señor”.

Es entonces cuando comenzamos a experimentar la alegría y la presencia de Dios al máximo. Cuando realmente estamos caminando con Dios todos los días, esa llega a ser la oración de nuestros corazones para seguir haciéndolo. En ese momento en aquella reunión del campus, las luces se encendieron para mí. Yo sabía que había oído la voz de Dios. Hasta ese momento Dios me había hablado a través de empujoncitos, tironeando de mi corazón, o por pensamientos inspirados por el Espíritu Santo. Pero esto . . . esto era diferente. Esta fue una voz que escuché muy adentro de mí, y que me hizo sentir un torrente de energía en mi mente y en mi corazón. Supe que si no obedecía a esa voz me perdería algo importante. Yo había estado tratando de saber desde hacía un año cómo era Dios realmente ¡y esta era mi oportunidad! Dios me estaba dando esta increíble oportunidad de conocerlo en un nivel mayor, por lo que me tomó alrededor de una milésima de segundo declarar en mi corazón: ¡Sí, Dios!

Me le entregué completamente en el acto. No más añadir a Dios a mi vida porque yo quería ir al cielo o porque sabía que servir a Dios era hacer lo correcto. No hay ir y venir con un pie en el mundo y el otro pie en el reino de Dios. Finalmente entendí que seguir a Jesús era todo o nada. Yo sabía que Dios me estaba diciendo: “Mira, Stovall, si quieres la vida que tengo para ti, ella comienza con tu entrega total. Si quieres todo de mí, necesito todo de ti”.

En mi corazón, mientras respondía: ¡Sí, Dios! Yo sabía que eso significaba dejar atrás por completo todo lo que había conocido y que habría costos reales asociados a la decisión. Pero asi se tratase de relaciones, de popularidad, o lo que fuera, no me importaba. Yo estaba dispuesto a lanzarme a las profundidades. Si Jesús era real y verdadero, en realidad no había otra opción. Todo fue diferente a partir de entonce

Al dar ese paso de entrega total, fui lleno del Espíritu Santo, y desperté a la presencia de Dios, lo cual fue una de las experiencias más intensas de mi vida. Fue como si un gran reloj despertador hubiera sonado dentro de mí y mi alma se hubiera despertado. Las anteojeras se cayeron de mis ojos y empecé a ver toda mi vida a través de un filtro completamente diferente. Por fin he gustado cómo es y debe ser la vida verdadera, y pude decir que era pura y auténtica. No era solo algo de gran alcance, era personal. A través de la presencia del Espíritu Santo, Dios estaba viviendo dentro de mí, y realmente podía sentir a Dios de una forma concentrada, como su presencia quemante en mis emociones.

Para un tipo como yo, que había basado toda su vida en sentirse bien, esto era sencillamente increíble. Tenía una nueva energía y entusiasmo por participar en la adoración a Dios, que se convirtió en una expresión externa del amor y la gratitud que interiormente sentía por Él. La Palabra de Dios también se me hizo mucho más significativa.

Hasta ese momento, la Biblia no hubiera sido gran cosa para mí. En realidad, me dormía cuando trataba de leerla. Pero ahora los puntos se conectaban y lo capté. Y cuando lo hice, la Palabra comenzó a cambiar mi vida. Me satisfizo y fortaleció de tal manera que energizó todo mi ser, y me encontré con hambre de más.

Eso es exactamente lo que pasa cuando te despiertas a Dios y “pruebas y ves” que Él es bueno (Salmo 34:8, NVI). A semejanza de nuestro apetito natural de alimentos, este hambre sobrenatural de Dios se despierta dentro de ti y te lleva a perseguirlo. Por fin había encontrado lo que estaba buscando y nunca volví atrás.

El despertamiento es para todos

Han pasado más de veinte años desde que por primera vez desperté a una verdadera relación personal con Dios, emocionante, fresca y creciente. Mi amistad con Él ha cambiado y se profundizó con el tiempo, pero ha sido este estilo de vida de perseguir la novedad de ese “primer amor” lo que ha mantenido mi vida espiritual constante y próspera. He “[peleado] la buena batalla de la fe” para preservar mi pasión espiritual y experimentar la presencia de Dios todos los días (1 Timoteo 6:12).

Colosenses 2:6 dice: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él”. No creo que la gente tenga excusas legítimas para no experimentar hoy la misma pasión espiritual del día en que se enamoró de Jesús. Simplemente no hay sustituto para una próspera, alegre, emocionante vida con Dios. ¿Por qué iría a desear menos? Quiero que mi caminar con Dios se mantenga fresco, y quiero disfrutar de mi relación con Jesús, y he descubierto que Dios quiere eso aún más que yo.

Tal vez usted está leyendo esto y se da cuenta de que nunca le ha rendido totalmente su vida a Dios. O tal vez lo hizo en un momento y tenía un fuego que ardía en su corazón, pero con el tiempo su corazón se ha vuelto tibio o duro, y ha perdido su pasión por Dios. Tal vez usted ama a Dios, pero las cosas de este mundo lo han estancado y siente la necesidad de volver a entregarle su vida a Él.

Cualquiera que sea el caso, tengo palabras de aliento para usted: Dios se encontrará con usted allí donde usted está. Cualquier despertar espiritual comienza siempre con una nueva entrega a Dios. Y con nuestra entrega, Dios nos vuelve a llenar con su presencia a través del poder del Espíritu Santo. Efesios 5:18 nos dice: “Sed llenos del Espíritu”. Esa palabra llenos significa estar siempre lleno, no solo ser llenado una vez. Cuando experimentamos estancamiento en nuestra relación con Dios por la razón que sea, volver a entregarnos es el primer paso para reavivar el fuego interior.

Santiago 4:10 dice: “Humíllense delante del Señor, y él los exaltará” (NVI). Hay todo un nuevo mundo esperándolo, pero debe despertarse. Usted puede tomar espiritualmente el fuego y avanzar en su destino con Dios. Esa es realmente la única manera de vivir como creyente. Pero para llegar allí, usted debe ir por todo. Esto significa entregarse totalmente. ¡No hay medias tintas! Cuando usted experimente realmente la presencia de Dios y la satisfacción de estar en su intimidad, y cuando crea que Él quiere que lo experimente cada día, usted peleará para mantener su fervor espiritual.

Este puede y será su mejor año, si es espiritualmente su mejor año.

Aunque le haya dado su vida a Dios, aunque lo conozca desde hace mucho tiempo, lo insto a aprovechar esta oportunidad para rendirse de nuevo a Él. Pídale a Dios que le muestre cualquier área de su vida que no le haya dado por completo y entréguesela hoy. Usted puede orar en sus propias palabras o usar la siguiente oración como un lineamiento, pero la clave es asegurarse de que este asunto se resuelva en su corazón antes de seguir adelante. Que el clamor de nuestros corazones sea: “Tu voluntad, no la mía, Señor. Que sea como tú quieras”.

Querido Jesús, gracias por tu amor, tu perdón y tu bondad para con mi vida. Señor, me humillo ante ti, y pongo toda mi confianza y esperanza en lo que eres. Quiero experimentar todo lo que tienes para mí. Te entrego toda mi vida. Dios, lléname con el Espíritu Santo. Hágase tu voluntad en mi corazón, y que mi vida te glorifique. En el nombre de Jesús, amén.

- Tomado del libro El despertamiento por Stovall Weems


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Alza tu mirada

Es en esa posición de impotencia, abandono o descontrol que alzamos nuestros ojos al cielo.

Cuando éramos niños, en ocasiones, mi padre solía recitar con nosotros el Salmo 121 cada vez que salíamos fuera de nuestra casa. Mientras lo recitaba, venía a mi mente la estampa vívida del lugar montañoso donde vivía. Desde el balcón de mi casa, podía ver los montes adyacentes, con algunas casas y calles. Pero mi vista sólo alcanzaba ver la parte interior de esos montes, no podía ver lo que pasaba al otro lado del monte, o si alguna persona o vehículo se aproximaba, hasta que llegaban al lado donde sí podía ver.

Así como el salmista dice: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?” (v. 1), muchas veces, hay montes que se levantan en nuestra vida, que nos impiden ver lo que pueda estar pasando al otro lado o lo que pueda estarse acercando. Es como si estuviéramos en medio de ese valle de desolación y sólo a nuestro alrededor hay montañas que nos impiden salir de él o ver si viene la ayuda de camino.
En ocasiones, los montes pueden ser mucho más altos a nuestra vista, y sólo estamos mirando a ver por dónde puede estar la salida. Estamos esperando ver esa luz a la distancia que nos indique el camino a seguir. Por eso, tendemos a mirar hacia arriba y decir entre sí: “¿Cómo podré salir de esta situación?”,“¿Quién podrá ayudarme a salir de esto?”, “¿De dónde vendrá mi socorro?”.

Sin embargo, es en esa posición de impotencia, abandono o descontrol que alzamos nuestros ojos al cielo. Nuestra posición nos obliga a tener que alzar nuestra mirada y exclamar: “Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra” (v. 2).

Hay alguien mucho más grande que yo, más grande y más alto que el monte que se levanta en mi vida, y tiene que estar arriba en los cielos. Tiene que ser el Dios creador de los cielos y la tierra, quien habita en las alturas y mira desde los cielos a la tierra y acude al socorro de su criatura (ver Sal. 14:2; 33:13; 53:2; 85:11; 102:19). Él es siempre nuestro oportuno socorro, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (ver Heb. 4:16; Sal. 46:1). Así como vemos la tierra, plana y redonda, desde la cámara potente de alguna nave espacial (como cuando vemos algún documental por la televisión), así mismo ve Dios la tierra desde las alturas. ¡Las montañas no se ven como montañas! Desde arriba no se puede apreciar cuán alta es la montaña. Así que a Dios no le impresiona nada de eso. ¡Él se enfoca en ti y solamente en ti!

Por eso es que no tenemos por qué estar atemorizados. Nuestro Dios es alto y sublime, pero también está accesible a nosotros. Él ha dicho: «Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre, ni por siempre estaré enojado, pues decaerían ante mí el espíritu y las almas que yo he creado...Produciré fruto de labios: Paz, paz para el que está lejos y para el que está cerca», dice Jehová. «Yo lo sanaré» (Is. 57:15-16, 19). Dios tiene cuidado de sus criaturas, de sus hijos. Sólo espera que le abramos el corazón.

La única manera en que Dios puede habitar dentro de nosotros es pidiéndole a Él que venga y haga morada en nosotros; y Él lo hace por medio de su Espíritu. Nuestro espíritu está anhelando conectarse con Él para ser reavivado; nuestro corazón, nuestra mente y nuestros pensamientos también anhelan ser vivificados. Sólo así se podrá producir en nosotros la paz, el descanso y la confianza que necesitamos tener cuando las situaciones difíciles nos rodean como montes a nuestro alrededor.

Anímate a levantar tu rostro, a enfocar tu mirada en Aquel que es tu socorro. Cuando te enfocas en los cielos, lo demás a tu alrededor se vuelve insignificante. Confía de todo corazón en Dios, quien te creó y te conoce, aun desde antes que existieras en este mundo. Él está ahí para sostenerte, para ayudarte y para darse a conocer tal como Él es: el Dios de paz, el Dios que provee, el Dios que sana y el Dios que te bendice.

Lydia C. Morales


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En las manos de Dios nada es desperdiciado

¿Siente como si todo fuese un desperdicio de tiempo porque ha malgastado una gran parte de su vida para que Dios haga algo por medio de usted? Quizá piense en ese ser querido al que ha intentado alcanzar durante años. Quiero dejar totalmente claro que usted está totalmente equivocado en ese modo de pensar. En las manos de Dios nada es desperdiciado. La Biblia dice que el hijo pródigo “juntándolo todo . . . se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente” (Lucas 15:13). Pero llegó el día en que se produjo la recompensa de quien desperdició. Él volvió en sí y su padre le restauró por completo. ¿Ha pasado usted su vida desperdiciándola en drogas, en alcohol? ¿Ha desperdiciado sus años abusando de su cuerpo con adicciones sexuales? El ayuno puede romper el yugo. Se necesita valentía para decir: “Tengo una adicción en mi vida y necesito ser libre”. Pero Jesús sabe que usted ha desperdiciado lo suficiente de su vida y es momento de ser hecho nuevo por completo. Si está usted batallando con una adicción, ayune y ore . . . busque al Señor en su quebrantamiento. Nada está oculto de los ojos de Él. Al igual que Él lo sabía todo de la mujer en el pozo, lo sabe todo de usted. Pero si se da usted permiso para quebrantarse y derramarse delante de Él, Él puede limpiarle. Él puede llenarle de su amor. Él puede quitar esa carga y reparar lo que se ha desperdiciado.

Incluso después de que Jesús alimentase a las multitudes comiendo todo lo que podían al multiplicar unos pocos panes y peces, les dijo a sus discípulos: «Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada» (Juan 6:12). Quizá conozca a alguien que está enganchado a las drogas, el alcohol o algún otro tipo de vicio. Le insto a que haga a un lado la hamburguesa y en cambio clame a Dios por esa persona. Reúna los fragmentos de la vida desperdiciada de esa persona mien­tras ayuna y ora por su liberación. ¡Dios no quiere que nada se desperdicie! ¿Está su vida llena de fragmentos y pedazos rotos? Entréguelos al Señor. Póngalos a sus pies. Permita que Él le restaure, le levante y le llene de su pasión. ¡Dios se inte­resa por los fragmentos y los pedazos de su vida!

Si es usted padre o madre, ¿le ha convencido el enemigo de que nunca ha tenido una buena relación con sus hijos, que nunca la tendrá, y que es una pérdida de tiempo intentarlo? O quizá le haya susurrado que usted nunca arreglará la relación con sus padres, con su cónyuge o con sus hermanos porque se han dicho y se han hecho demasiadas cosas. Usted se ha convencido de que las heridas son tan profundas que ellos nunca volverán a hablarle. Creo que cuando usted ayuna según lo que Dios llama ayuno, no se esconderá usted de su hermano (véase Isaías 58:7). En otras palabras, los muros que les han dividido se derrumbarán a medida que cada muro de resistencia comience a debilitarse. Mientras usted ayuna y ora, pida a Dios que restaure lo que el enemigo ha tomado de su familia. Ore para que las líneas de comunicación que han sido destruidas entre los familiares de su propia sangre sean restauradas.

Del ayuno que Él escoge, Dios dice: “Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restau­rador de calzadas para habitar” (Isaías 58:12). Una vez que es usted libre, Dios puede usarle como una calle bien ilumi­nada para guiar a otros a Él. Él puede usarle como un puente para alcanzar a quienes están distantes de Él. Por medio de usted, Él puede tomar esas vidas que han estado desoladas y destruidas por adicciones, opresión y abuso y convertir lo que antes fue un terreno estéril en un huerto fructífero.

Un amigo mío comenzó una iglesia en un granero hace muchos años. Lo interesante es que ese granero se utilizaba como salón de baile durante toda la semana, pero no se utili­zaba para nada los domingos en la mañana. Mi amigo tenía muy poco dinero, pero se las arregló para rentar ese granero los domingos en la mañana a muy buen precio. Había sufi­ciente espacio para un pequeño púlpito y algunas sillas para la congregación en la zona de baile. Él llegaba temprano la mañana del domingo y limpiaba y preparaba todo. Poco a poco, personas comenzaron a ser salvas. A medida que las personas de la localidad comenzaron a entregar sus vidas al Señor, dejaron de hacer fiestas, y el granero y salón de baile comenzaron a perder dinero. Finalmente lo cerraron, y mi amigo pudo comprar el edificio. Años después, me dijo: “Cuando tomamos ese terreno, era solo cincuenta acres de tierra estéril, pero ahora tenemos un fructífero huerto en él”. Eso es lo que Dios puede hacer con su matrimonio, con su familia. Es momento de ayunar y orar por ellos, y no tirar la toalla. Puede que no haya nada que usted pueda hacer . . . pero no hay nada que Él no pueda hacer.

El Señor responde a su quebrantamiento cuando usted le dice: “Señor, te entrego mi corazón y mi alma; tú eres el único por quien vivo. Con cada aliento, Señor, quiero que tú hagas tu obra en mí”. Y entonces, permita que Él se muestre fuerte por medio de su vida.

Del libro El ayuno de vanguardia por Jentezen Franklin. Image and video hosting by TinyPic
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Padre nuestro

Padre nuestro. Existe una revolución espiritual en esas palabras. Jesús no les enseñó a sus discípulos a comenzar sus oraciones: “Oh, Dios de Abraham, Isaac, Jacob y Moisés”, u: “Oh, hacedor del cielo y la tierra”, ni: “Oh, gran Espíritu que todo lo ve y lo sabe”; sino “Padre” y no solamente “Padre”, sino “Padre nuestro”. No comenzó con “Padre mío”, porque la gente habría pensado que solamente debía ser el “Padre de Jesús”, sino “Padre nuestro”, expresando el hecho de que “ustedes son mis hermanos y hermanas y Dios es nuestro Padre”. Pablo, quien recibió esta revelación, amplió lo que Jesús dijo aquí, explicando: “Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15).

Es lo que Jesús oró en el huerto de Edén cuando inquirió si tenía que sufrir la cruz en Marcos 14:36. En esencia preguntó: “¿Papi? ¿Padre? Haré todo lo que deseas que haga pero, ¿no podemos salvar a la humanidad de otra manera?”. Él estaba recurriendo a la relación íntima que compartía con su “Papi”, mientras apelaba a la autoridad de la cabeza de su hogar, que era su “Padre”. Doblando la rodilla delante de cada uno fue a la cruz, pero debido a la calidad de su relación con Aquel a quien podía llamar “Papi”, no fue solo. Al ordenarnos orar “Padre nuestro”, Jesús nos dijo que teníamos el mismo derecho de acudir a Dios. Si no aprende nada más de este libro, deseo que comprenda esta revelación: Usted es hijo de Dios y Él desea tener una relación con usted de Padre a hijo, de Papi a hija. Dios desea escuchar sus oraciones y ver que la oración desarrolla en usted el poder para ser un vencedor. Como lo describió Pete Greig, uno de los fundadores y líderes del movimiento 24–7 Prayer (Oración 24–7):

La oración se trata de poder. La oración se trata de milagros. La oración se trata de avance. La oración se trata de la extensión del Reino. Pero más que todo eso, la oración se trata de tener intimidad con Dios. Se trata del regazo del Padre y de ser escogido por Jesús.

El comienzo de la confianza en la oración es darse cuenta de que existe Alguien del otro lado, que no solamente desea lo mejor para usted, sino que también desea la misma relación con usted que tiene un padre con su hijo. Él desea verlo nacer saludable, admirando cada dedito, verlo crecer, verlo aprender a caminar, verlo aprender a valerse por sí mismo y nunca estar más lejos de una llamada o un mensaje de texto mientras madura y sale para llevar a cabo su propósito en el “negocio familiar”. Él desea escuchar lo que usted quiere decir, Él desea ver que sus necesidades sean satisfechas, Él desea responder sus preguntas, Él desea darle entendimiento, sabiduría y revelación, y Él desea conocer a sus amigos. Él siempre lo apoya, Él siempre tiene un consejo sabio para usted, Él tiene palabras de ánimo y edificación y Él posee el poder del universo para utilizarlo para usted cuando lo considere necesario. Todo lo que usted tiene que hacer es conectarse con Él.

Sé que para algunos este concepto puede ser difícil de comprender, especialmente si nuestros padres terrenales no se concentraron exactamente en la “conexión”. Muchos padres están ausentes, si no física, emocionalmente. Realmente creo que ha habido un ataque a los padres en nuestro mundo por esta precisa razón. El enemigo no desea que tengamos una buena opinión de los padres que nos acerque más a Dios el Padre. Satanás desea que pensemos de los padres como personas que se van cuando estamos muy jóvenes como para acordarnos de ellos, hombres que beben mucho, que utilizan las manos para golpearnos en lugar de enseñarnos o consolarnos, quienes son egoístas y flojos, sin rumbo, imprudentes, indiferentes, destructivos e imperfectos.

William P. Young, el autor de La cabaña describió este sentimiento de la siguiente manera: “Pasé la mayor parte de mi vida intentando borrar el rostro de mi padre del rostro de Dios”. Si así era su padre, deseo que ponga eso a un lado. Deseo que permita que esa mentalidad se rompa en su vida, porque es una maldición que no le pertenece. Su Padre celestial no tiene ninguna de esas características negativas.

En lugar de eso deseo que imagine cómo sería el mejor padre de la tierra. Su corazón sabe más acerca de la verdadera paternidad de lo que usted se imagina. Dios puso un poco de sí mismo en cada uno de nosotros. Piense en los buenos padres de quienes ha leído en los libros y visto en las películas, o imaginado en las casas de sus amigos. ¿Qué características de esos padres le dieron pautas de cómo es verdaderamente un buen padre? Tómese un momento para imaginar cómo sería el mejor padre y después piénselo de nuevo, porque Dios es un Padre más allá de lo que podemos pedir o imaginar.

Medite en la bondad de Dios, el Padre, y permítale llenar sus pensamientos de Él mismo. Ese es “nuestro Padre”, ese es “su padre y “mi Padre”. Ese es el Padre que creó el cielo y la tierra, de hecho todo el universo, solo para que tuviéramos un lugar dónde jugar. Ese es el Padre que planeó lo mejor para usted antes de que fuera concebido en el vientre de su madre. Una vez más, miré cómo describe Jesús a “nuestro Padre”: "¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7:9–11).

Incluso si usted no tuvo un padre, en su interior sabe cómo sería un buen padre. Aunque pueda pasar un tiempo antes de que estas verdades sean reales para usted, el comienzo es acudir a nuestro Padre en oración. Vaya y permanezca en su presencia, y permítale enseñarle quién es Él en realidad. Pase tiempo sentado en su regazo. A Él no le molestará, de hecho, ¡eso es lo que Él siempre ha esperado que usted haga!

- Fuente: Como un guerrero ora por Cindy Trimm

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¿Qué caso tiene orarle a un Dios soberano?

Porque nuestro Dios escucha y responde la oración, cosas que desde nuestra perspectiva habrían de suceder de un modo, Dios las torna para que ocurran de otro. Un ejemplo notorio de esto lo encontramos en Ex. 32. Los hijos de Israel habían pecado gravemente contra Dios haciéndose un becerro de oro para adorarle, en vista de que Moisés tardaba en bajar del monte Sinaí. Ante ese terrible acto de idolatría Dios le anuncia a Moisés que va a destruir al pueblo:

“Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande” (vers. 9-10).

Pero Moisés no piensa “dejar a Dios”; él no está dispuesto a quedarse de brazos cruzados; así que, a pesar de todo, intercede por el pueblo apelando a un argumento poderoso: el pacto que Dios había hecho con Abraham, Isaac y Jacob:

“Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre” (vers. 11-13).

Moisés no pensó: “Dios no puede destruir a este pueblo, porque Él hizo un pacto prometiendo su preservación; así que puedo quedarme tranquilo, porque eso seguro no va a suceder”. ¡No! El pacto de Dios no conduce a Moisés al “quietismo”, sino más bien a la oración. Él descansa en la promesa de Dios para interceder por el pueblo, y al hacerlo Dios responde Su oración: “Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo” (vers. 14).

Alguien ha dicho al respecto: “Dios escucha las oraciones de Su pueblo. Por eso considera como un grave pecado cuando nadie intercede en medio del peligro: ‘Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor’” (Ez. 22:30-31). Nadie intercedió, y por eso el castigo no sería retenido.

Dios espera que Su pueblo ore, que Sus hijos intercedan delante de Él. Esas intercesiones forman parte de Su plan soberano: son el medio diseñado por Dios mismo para que las cosas pasen. Es por eso que Santiago dice en su carta: “No tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Sant. 4:2).

“Pedid y se os dará – dice el Señor – porque todo aquel que pide recibe” (Mt. 7:7-8). Algo de razón tenía el poeta que definió la oración como…

cuerda que liga las divinas manos,
música de admirable punto y letra,
que al mismo Dios el corazón penetra.

Cuando el creyente ora, su clamor penetra en el corazón mismo de Dios, porque Él ha decretado obrar en el contexto de las oraciones de Su pueblo. Como bien señala D. Carson: “La auténtica y maravillosa verdad es que los seres humanos como Moisés, usted y yo, podemos participar en los propósitos de Dios a través de los medios que Él dispone”.

Y más adelante añade: “Este Dios se nos presenta como personal, de forma que podemos orar a Él, discutir con Él, presentarle razones, interceder ante Él. Pero también es soberano, el tipo de Dios que obra en nosotros – ¡y en nuestras oraciones! – ‘así el querer como el hacer, por Su buena voluntad’ (Fil. 2:13). Su carácter soberano no rebaja su carácter personal; el hecho de que sea una persona no disminuye su soberanía. Nunca es nada menos que soberano y personal”.

Nuestro Dios es soberano, pero también es personal; Él en Su soberanía ha decretado que cosas pasen cuando Su pueblo ora. Cuando Su pueblo no ora, esas cosas no pasan, y entonces debemos concluir que, por una razón solo conocida por Dios, era parte del decreto que no ocurriera.Para ponerlo más sencillo aún: cuando Dios decreta que algo ocurra, Él también decreta las causas que deben suceder para que eso ocurra. Todo lo que pasa en el mundo tiene una causa, y tanto el hecho como la causa forman parte del decreto de Dios.John Piper lo explica de este modo: “Si Dios predestinó que yo muriera por una herida de bala, entonces yo no moriré si la bala no es disparada. Si Dios predestinó que yo fuera sanado por una cirugía, entonces, si no hay cirugía, no seré sanado”.

Es como en el caso del sol, dice Piper. Ya que Dios predestinó que el sol brillara, también predestinó que fuera una bola de fuego inextinguible. Si se extinguiera el fuego ya no habría brillo porque Dios decretó que el brillo del sol emanara del fuego.“Pues así pienso yo acerca de las respuestas a las oraciones. Ellas son el brillo y la oración es el fuego. Dios ha establecido el universo de tal manera que en gran medida este se mueve por la oración, de la misma manera que ha establecido la brillantez para que en gran medida ocurra por medio del fuego”.

Oremos, entonces; no nos detengamos de interceder ante el trono, que el Dios de gloria cumplirá Su promesa, sin importar los aspectos del misterio que nosotros no podemos comprender por el momento. “Pedid y recibiréis, dice el Señor en Jn. 16:24, para que vuestro gozo sea cumplido”.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.Image and video hosting by TinyPic
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El gobierno soberano de Dios sobre el pecado

Con respecto al gobierno soberano de Dios sobre el pecado la Biblia enseña claramente al menos 3 cosas: En primer lugar, que las acciones pecaminosas de los hombres sólo pueden ocurrir por el permiso de Dios y conforme a Su propósito. Esa es una de las grandes lecciones que aprendemos de la vida de José; sus hermanos pecaron contra él de diversas maneras, pero al revelárseles en Egipto, José les dice estas asombrosas palabras:

“Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros” (Gn. 45:5).

¿Quiénes lo vendieron? Ellos lo hicieron. ¿Quiénes fueron los responsables de esa acción? Ellos otra vez. ¿Pecaron los hermanos de José al tratarlo como lo trataron? Sí. Pero aún así José les dice que fue para preservar la vida de muchos que Dios lo envió a Egipto. Y más adelante, luego de la muerte de Jacob, les dice:

“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo” (Gn. 50:20).

Dios usó el pecado de los hermanos de José para llevar a cabo Sus propósitos buenos y santos. Pero el caso más impresionante de todos es el de nuestro Señor Jesucristo. Dice en Hch. 4:27-28:

“Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera”.

En este pasaje vemos claramente la responsabilidad humana envuelta en la muerte del Señor. Herodes, Poncio Pilato, los gentiles y el pueblo de Israel se unieron para llevar a cabo sus planes perversos contra el Hijo de Dios. Ellos hicieron lo que quisieron, y al hacerlo pecaron gravemente contra Dios. Pero a final de cuentas, llevaron a cabo lo que Dios había propuesto en Su consejo eterno que sucediera.

En segundo lugar, la Biblia también nos enseña que Dios restringe el pecado de Sus criaturas. No todos los planes malvados que el hombre concibe son llevados a cabo, y cuando son permitidos por Dios, éstos no pueden llegar en su intensidad más lejos del permiso divino (comp. Sal. 76:10; Is. 10:5-7, 15).

En tercer lugar, también vemos en la Biblia que Dios usa el pecado de los hombres para obrar Sus buenos y sabios propósitos a través de ellos, sin ser autor de pecado y sin quitar al hombre su responsabilidad al cometerlos:

“Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Hab. 1:13).

“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Sant. 1:13).

“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1Jn. 1:5).

¿Cómo podemos congeniar todas estas enseñanzas bíblicas? Debo decir de antemano que Dios no nos ha revelado toda la información que necesitamos para desvelar por completo este misterio de este lado de la eternidad. Pero hay algunas cosas que sí nos fueron reveladas en las Escrituras.

Lo primero que debo decir aquí es que al usar la palabra “permitir” no lo hago en el sentido de dejarle libertad de acción a las criaturas para que actúen fuera de Su control soberano, como si Dios fuera un espectador pasivo de las acciones malvadas de los hombres. Como bien señaló Teodoro Beza, el sucesor de Calvino, la palabra “permiso” es apropiada si lo que significa es que “Dios no actúa en el mal, sino que deja a los hombres a merced de Satanás y de sus propias concupiscencias”. En otras palabras, el decreto de Dios incluye dejar a algunos hombres seguir el curso de su propia maldad, sabiendo que a final de cuentas el pecado de ellos cumplirá el propósito de Dios (como sucedió en el caso de José y en el del Señor Jesucristo).

En ese sentido, no podemos igualar la obra salvadora que hace Dios en los elegidos y Su actuación en aquellos que finalmente se pierden. O para decirlo de otra forma, la actuación de Dios al endurecer el corazón del pecador no es idéntica a la obra que Él hace en los pecadores elegidos al transformar sus corazones de piedra en corazones de carne.

La Escritura revela claramente que Dios endurece el corazón de los pecadores (Ex. 7:3; Rom. 9:18; 11:7; 2Cor. 3:14); pero también enseña que es el hombre quien endurece su propio corazón (Ex. 8:15; Sal. 95:8; Is. 63:17; Mt. 19:8; He. 3:8, 13). En todos estos textos es tan claro como la luz del medio día que el hombre es responsable y culpable de su dureza.

El decreto de Dios con respecto a los réprobos, entonces, contempla dejarlos actuar conforme a su inclinación pecaminosa. Mientras que en el caso de los que se salvan, es Dios, y solo Dios, el que transforma sus corazones para que, libertados ya del pecado, escojan libremente lo bueno (1R. 8:58; Sal. 51:10; Is. 57:15; Jer. 31:31-34; Ez. 11:19; 36:26; 2Cor. 3:3; 4:6; He. 10:16).

Los teólogos que redactaron los Cánones del Sínodo de Dort fueron muy cuidadosos en afirmar “que las Iglesias Reformadas no sólo no reconocen, sino que también rechazan y detestan de todo corazón” la idea de “que la reprobación es la fuente y causa de la incredulidad e impiedad de la misma manera en que la elección es fuente y causa de la fe y de las buenas obras”.

En otras palabras, ellos rechazaron vehementemente la enseñanza de aquellos que equiparan la acción de Dios en los que se salvan y la acción de Dios en los que se pierden. O si queremos ponerlo de otra manera, estos teólogos condenaron la idea de que, así como la elección de Dios es la causa final de la salvación de los elegidos, así también la reprobación de Dios es la causa final de la incredulidad e impiedad de los que se pierden. No. Los perdidos se condenarán porque decidieron voluntaria y libremente mantenerse en su incredulidad e impiedad. Como dice C. S. Lewis, a todos aquellos que quisieron mantener a Dios lo más lejos posible de sus vidas, al final Dios les dirá: “Hágase tu voluntad”.

Por otro lado, en vez de perturbarnos por esta enseñanza de las Escrituras, debemos dar gracias a Dios de que el pecado no está fuera de Su control y de que nosotros como criaturas no podemos en nuestro pecado frustrar Sus designios, porque de no ser así este mundo sería un infierno, un caos total. No habría restricción ni consuelo, porque estaríamos a expensas de la maldad de los demás; y, lo que es peor aún, de nuestra propia maldad. ¿Cómo podría Dios prometer, en Rom. 8:28, que todas las cosas obran para el bien de aquellos que aman a Dios, esto es, de los que conforme a Su propósito son llamados, si Dios no tuviera control de todas las cosas, incluyendo el pecado de los hombres?

Somos agentes libres en el sentido de que nuestras decisiones no vienen determinadas desde afuera. Pero Dios posee tal control sobre Su creación, y aún sobre las causas que determinan nuestras acciones, que nuestros pecados no solo no lo toman por sorpresa, sino que en Su sabiduría infinita llevará Su plan a cumplimiento, algunas veces frustrando nuestros designios pecaminosos, y en otras ocasiones usándolos para Sus propósitos santos, buenos y sabios, como hizo en el caso de José, o en el caso de la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo.

Ese es nuestro Dios, el Dios que se revela en las Escrituras y el Dios al cual adoramos. Hemos de reconocer que hay muchas cosas de Su providencia que no comprendemos. Pero ¿cómo puede un hombre finito pretender comprender a un Dios infinito? El es una Roca bajo la cual podemos refugiarnos precisamente porque es más grande que nosotros. Si Dios pudiese ser plenamente comprendido por Sus criaturas sería de nuestro tamaño, y un Dios de nuestro tamaño no puede ofrecernos toda la protección que necesitamos.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo.

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Quién eligió a quién?

En la declaración de Pablo, en el capítulo 1 de su carta a los Efesios, de que los creyentes hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales, en Cristo. Pero luego Pablo continúa diciendo que todas esas bendiciones vienen a nosotros de acuerdo al plan eterno de Dios. Él nos bendijo con toda bendición espiritual “según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo”.

Todas esas bendiciones no llegaron a nuestras vidas por casualidad, ni por capricho, y mucho menos por algo bueno que Dios haya visto en nosotros. Dios nos bendijo con toda bendición espiritual, porque así había determinado hacerlo desde antes de la fundación del mundo. Este no fue un plan de último minuto, algo que a Dios se le ocurrió de repente hacer. Todo esto fue hecho conforme a la intención eterna de Dios.

Y eso nos coloca frente a una de las doctrinas más impopulares, más atacadas y más abusadas de toda la Escritura: la doctrina bíblica de la elección soberana de Dios. Muchos crujen sus dientes contra esta enseñanza; se sienten profundamente molestos cuando nos escuchan hablar de un Dios soberano que hace todas las cosas según el designio de Su voluntad. En otras palabras, no soportan la idea de que de que Dios ejerza Su prerrogativa de ser Dios.

Pero la Biblia enseña con toda claridad que nuestro Dios es soberano, y que antes de la fundación del mundo Él escogió libremente a un grupo de personas para salvación, y a los otros los dejó sumidos en su justa condenación.

Y noten que Pablo incluye esta gloriosa verdad de las Escrituras en una carta enviada a creyentes comunes y corrientes quienes debían unirse a Pablo bendiciendo a Dios y alabando Su nombre, por haberlos escogido para salvación desde antes de la fundación del mundo. Obviamente él no pensaba que estas cosas debían quedar ocultas, o que solo debían ser estudiadas en un seminario teológico.

Por la importancia de esta doctrina en la vida del cristiano me sentí motivado a postear algunas ideas que podemos extraer de los versículos 3 al 6 de Efesios 1. Les ruego que pongamos a un lado las etiquetas y prejuicios teológicos y observemos con cuidado lo que Pablo dice en este pasaje:
  
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”.

 Al acercarnos al estudio de estos versículos hay dos palabras claves que debemos notar. En el vers. 4 Pablo dice que Dios nos escogió, y en el vers. 5 que Dios nos predestinó. Fuimos escogidos, fuimos predestinados. Ambos términos son muy similares en significado.

“Escoger” significa “hacer una selección”. Esta palabra se usa en Lc. 6:13 para hablar de la selección que hace Cristo de los doce apóstoles. Ellos no decidieron ser apóstoles de Cristo; Cristo los seleccionó soberanamente de entre la multitud que lo seguía para ser Sus apóstoles. Pues lo mismo tenemos aquí. Dios nos escogió para salvación. Como dice nuestro Señor en Jn. 15:16: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”.

La segunda palabra que aparece en nuestro texto de Ef. 1 es “predestinación”. Esta es la traducción de la palabra griega “proorizo”, palabra compuesta de “pro” que significa “de antemano”, y “orizo” de donde proviene nuestra palabra “horizonte”. El horizonte es la línea que divide el cielo de la tierra. La idea de esta palabra es, entonces, trazar un límite de antemano. Dios soberanamente trazó una línea, y a algunos los destinó de antemano para ir al cielo. Podemos revelarnos contra esta verdad de las Escrituras, pero es imposible evadir el hecho de que eso es lo que la Biblia enseña (comp. Rom. 8:28-30; 9:16; 11:32-36). Veamos lo que Pablo nos enseña en este texto con respecto a la elección.

En primer lugar, Pablo establece la base de esa elección. “Según nos escogió en Él”. Cuando Dios nos incluyó en Su plan soberano Él sabía que no merecíamos ser incluidos. Pero Cristo se comprometió de antemano a pagar completamente nuestra deuda. Es en ese sentido que fuimos elegidos en Él. De no haber sido por la segunda Persona de la Trinidad nunca habríamos sido parte del plan redentor de Dios.

En segundo lugar, Pablo establece claramente el momento de la elección: Fuimos escogidos “desde antes de la fundación del mundo”. En otras palabras, esta selección se hizo en la eternidad. Antes del inicio del tiempo, antes de la creación de todas las cosas, Dios nos incluyó soberanamente en Su plan de redención.

En tercer lugar, vemos el propósito de la elección. ¿Para qué nos escogió Dios? Pablo responde dos cosas: por un lado nos dice que Dios nos escogió “para ser santos y sin mancha delante de Él”. No fue que Él vio algo bueno en nosotros y por eso nos escogió, no. Él nos vio más bien en nuestro pecado, en nuestra impiedad, y nos escogió para hacernos santos (comp. Ef. 2:1-3). La santidad es un fruto de la elección, no su causa.

El mejor comentario de este texto es el que encontramos en la carta de Pablo a Tito (2:11-14). Dios el Padre nos escogió, y Dios el Hijo murió en una cruz, para que nosotros fuésemos un pueblo santo, un pueblo de hombres y mujeres apartados para Dios, viviendo bajo los principios de Su voluntad revelada.

Ese propósito divino en la elección debe repercutir en nuestras vidas como cristianos. Positivamente debemos tener la ambición de ser santos, de conformarnos cada vez más al carácter santo de Dios. Negativamente debemos tener la ambición de ser sin mancha, irreprensibles. Amparados en la gracia de Dios debemos apartarnos de toda apariencia de mal, dice Pablo en 1Ts. 5:22. Para eso fuimos escogidos.

Esa obra de santificación se inicia en nosotros en el momento mismo de la conversión, cuando nuestros corazones son purificados y librados de la esclavitud del pecado; continúa desarrollándose en nuestra vida práctica en la medida en que hacemos uso de los medios de gracia que Dios ha provisto; y será finalmente perfeccionada cuando seamos glorificados, totalmente perfeccionados, luego de la venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo.

El propósito de Dios al elegirnos de ninguna manera será frustrado. Algún día nos presentaremos delante de Él y seremos perfectos. Pero no solo eso. En el vers. 5. Pablo nos dice también que fuimos escogidos, predestinados en amor, “para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”.

Hoy día, cuando hablamos de adopción pensamos de inmediato en niños pequeños, pero en el tiempo de Pablo no se solían adoptar bebés, sino personas adultas. Si un hombre rico no tenía herederos, buscaba una persona que fuese digna a quien dejarle toda su herencia, y lo adoptaba como su hijo. De inmediato esa persona tenía derecho sobre todos los bienes del hombre rico. Y eso es lo que Pablo tiene en mente cuando habla aquí de adopción. Nosotros somos ahora hijos de Dios, con todos los derechos filiares de un hijo, porque Dios nos adoptó. Solo que cuando Dios decidió hacer eso nosotros no éramos dignos herederos Suyos. Por eso primero nos justificó, poniendo en nuestra cuenta la justicia perfecta de Cristo, y luego nos adoptó ahora que hemos sido perdonados.

Por eso dice Pablo una vez más que todo eso ocurrió en Jesucristo. En virtud de la obra redentora de Su Hijo que nos es aplicada por la fe, el Juez de toda la tierra nos declara “sin culpa”, y luego nos recibe como hijos en Su familia, y pone sobre nosotros Su nombre, y nos concede liberalmente un sinnúmero de beneficios porque ahora Él es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos. Así que Dios nos escogió para ser santos y para ser adoptados como hijos Suyos.

Pero también vemos en el texto, en cuarto lugar, la razón por la cual Dios nos escogió: “… según el puro afecto de Su voluntad” (vers. 5). La elección de Dios no fue arbitraria o caprichosa. Una decisión arbitraria es aquella que se toma sin razón alguna. Pero en el caso de Dios, Él sí tenía una razón para escogernos, solo que esa razón se encuentra en Él, no en nosotros. Él nos escogió conforme a Su benevolente soberanía, por Su bondad que es santa y que no posee motivos impuros en ella. Eso es todo lo que nos ha sido revelado al respecto y, por lo tanto, es todo lo que debemos decir. Dios se deleitó en amarnos desde antes de la fundación del mundo, y conforme a ese amor soberano nos eligió. Por eso dice en el vers. 5 que fuimos predestinados en amor.

En quinto lugar, y finalmente, Pablo nos muestra en el texto el propósito ulterior de Dios en hacer todo esto: “Para alabanza de la gloria de Su gracia” (vers. 6). La meta final hacia la cual se mueve todo lo antes dicho es el reconocimiento en adoración (eso es alabanza) de la excelencia divina (eso es gloria) manifestada en favor de los indignos (eso es gracia).

Y una vez más, Pablo conecta todo esto con la persona de Cristo: “Para alabanza de la gloria de Su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”; literalmente el texto dice que esa gracia nos fue bondadosamente conferida, gratuitamente impartida sobre nosotros “en el Amado”. Dios el Padre ama a Su Hijo, con un amor eterno e inalterable, y nosotros estamos en Él. En virtud de esa unión, nosotros somos ahora el objeto del amor del Padre, y beneficiarios de todas Sus bendiciones.

Y a la luz de todo esto yo me pregunto, ¿acaso existe un privilegio más grande que ser cristiano? Nuestro Dios nos ha bendecido “con toda bendición espiritual”; nosotros somos ahora los beneficiarios de las riquezas de Su gracia, somos coherederos de Dios juntamente con Cristo, y algún día entraremos en el disfrute pleno y eterno de esa herencia. Y todo eso, porque Dios de pura gracia nos amó cuando no había nada digno en nosotros que nos hiciera merecedores de ese amor. ¿Acaso no deberían nuestros corazones llenarse de sobrecogimiento, de gozo y gratitud, y nuestras bocas de alabanza, ante un cuadro como el que Pablo nos presenta en este pasaje?

Oh, que Dios nos conceda vivir a la altura de nuestros privilegios, que podamos mostrar al mundo la gloria de Dios a través de una vida santa y gozosa, independientemente de las circunstancias adversas en que nos encontremos en estos momentos. Que al igual que Pablo seamos movidos a levantar nuestros corazones y nuestras voces para bendecir a Aquel que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales, en Cristo.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo.

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