Tú eres mi Dios, por eso te doy gracias y te alabo


Hay una razón más que suficiente para agradecer a Dios y alabarlo, y es que su amor por nosotros no tiene límites. Cómo
no alabarlo por el cariño con el que nos trata, por la bondad con que nos
aconseja, por su magnífica obra de restauración que día tras día forja en nuestro interior. 
Tanto es su amor, que no mira nuestras ofensas o retrocesos, sino que Su misericordia hacia nosotros es tan grande que sigue amándonos incondicionalmente. 
En la quietud de tu día de descanso, alaba a Dios, adóralo, cántale con todo el corazón, busca adorarlo en conjunto con otros creyentes, y exprésale tu agradecimiento y amor, Él te mirará desde su trono y se regocijará en ti.