Cómo aceptarte a tí mismo

¿Cómo podemos ser libres para ser quienes somos, si no nos conocemos a nosotros mismos? La vida es, a veces, como un laberinto, y es muy fácil perderse. Cada persona parece esperar algo diferente de nosotros. Nos sentimos presionados de todos lados para mantener a otros felices y satisfacer sus necesidades. En el proceso, podemos perder de vista quiénes somos. Puede que fracasemos en entender qué es lo que Dios quiere, o cuál es Su propósito para nosotros. Puede que logremos complacer a todos los demás, pero no estar contentos nosotros mismos.

En mi propia vida, durante años traté de ser tantas cosas que yo no era. Estaba totalmente confundida. Finalmente me di cuenta de que no sabía cómo debería ser. En algún momento en ese proceso, cuando trataba de satisfacer todas las demandas de los demás y las mías, me perdí de vista a mi misma.

Tenía que bajarme de esa especie de carrusel, por así decirlo, y hacerme algunas preguntas muy importantes como: ¿Para quién estoy viviendo? ¿Para quién estoy haciendo todas estas cosas? ¿Me he convertido en alguien que siempre está preocupada de complacer a la gente? ¿Estoy haciendo la voluntad de Dios para mi vida? ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Cuáles son lo dones con los que he sido ungida? Sentía la presión de ser como mi marido, muy calmada y estable. Sentía la presión de ser como mis amigos y pares. La esposa de mi pastor, es una persona muy dulce. Cuando estaba cerca de ella sentía que yo debía ser más dulce. Sentía la presión de ser como mi amiga. Ella era muy creativa, cocinaba, cosía, pintaba, empapelaba paredes, cuidaba el jardín, y parecía ser todo lo que yo no era. Por lo tanto, trataba de ser como ella. En realidad estaba tratando de ser tantas personas a la vez, que me perdí de vista.
¿Te has perdido de vista tú también? ¿Te sientes frustrado tratando de cumplir con todas las demandas de los demás, mientras tú te sientes insatisfecho? Si es así, tendrás que tomar una decisión y proponerte encontrarte a ti mismo y después sentirte libre para ser quien eres. Si te dejas llevar por la estrategia de! mundo, algo estará gritando tratando de llamar tu atención por todos lados.

Todos somos diferentes. Como el sol, la luna y las estrellas, Dios nos ha creado diferentes el uno del otro, y Él lo ha hecho deliberadamente. Cada uno de nosotros suple una necesidad, y todos somos parte del plan total de Dios. Cuando luchamos para ser como otros no sólo perdemos de vista quiénes somos, sino que también entristecemos al Espíritu Santo. Dios quiere que nos acomodemos a Su plan, no que
nos sintamos presionados tratando de acomodamos a los planes de todos los demás. Ser diferente está bien; no hay nada malo en ser diferente. Todos nacemos con temperamentos diferentes, diferentes
rasgos físicos, diferentes huellas digitales, diferentes dones y habilidades, etcétera. Nuestra meta debería ser encontrar lo que cada uno debe ser como individuo y después lograrlo. Romanos capítulo doce nos enseña que debemos ejercitar nuestro don. En otras palabras, encontrar para qué somos
buenos y dedicamos a eso con todas nuestras fuerzas.

Todos tenemos limitaciones, y debemos aceptarlas. Eso no es malo; simplemente es un hecho. Es maravilloso estar, libre pata ser diferente, y no sentir que algo está mal con nosotros porque somos diferentes. Debemos estar libres para amamos y aceptamos a nosotros mismos, y el uno al otro sin sentir la presión de compararse o de competir. Las personas seguras de sí mismas, que saben que Dios las ama y que tiene un plan para ellas, no se sienten amenazadas por las habilidades de otros. Gozan de
lo que otras personas pueden hacer, Y disfrutan de lo que ellas pueden hacer.

En Gálatas 5:26, el apóstol Pablo nos insta: No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros. Luego, en el capítulo siguiente, añade: Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, 'Entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro (Gálatas
6:4).

Comparación y competencia son palabras del mundo, no de Dios. El mundo las exige, pero el sistema de Dios las condena. Cuando esté en la presencia de Dios, no me preguntará por qué no fui como David, o como el apóstol Pablo, o como la esposa de mi pastor, o como mi amiga. No quiero escuchar que Él me diga: "¿Por qué no fuiste tú misma?" yo quiero escucharle decir, "...Bien, buen siervo y fiel..." (Mateo 25:23).

De Cómo tener éxito en aceptarte a tí mismo, de Joyce Meyer