¿Naturaleza pecaminosa u obras de la carne?

La respuesta correcta a esta pregunta puede representar una restauración total: vencer las tentaciones, manejar efectivamente la culpa y la vergüenza y disfrutar del perdón total de Dios en su vida, por cuanto usted está en Cristo y es una nueva criatura. La frase “naturaleza pecaminosa” ha confundido a muchos creyentes y ha causado que no disfruten de su libertad en Cristo. Sinceramente muchos creen, y es lo que se les ha enseñado, que la razón de su lucha interior, sus tentaciones y pensamientos erráticos es que tienen dos naturalezas, una buena y la otra mala.

Esto ha sido el resultado de la forma en que en algunas Biblias se ha traducido la palabra “carne” del griego sárx (#4561 en la Concordancia Strong). La
traducción literal de esta palabra sárx es “carne” y no “naturaleza pecaminosa”. En el diccionario Expositivo Vines de palabras del Nuevo Testamento se presenta el uso de esta palabra en sus múltiples formas y nunca se considera como una “naturaleza pecaminosa”.

Un estudio del término “carne” nos revela que es una manera de andar (“para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”, Romanos 8:4) y una manera de pensar (“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”, Romanos 8:6). Por eso hay un contraste continuo en la Escritura sobre los frutos de la carne y el fruto del Espíritu. Conforme a la Palabra, la “carne” es el residuo de la programación de pensamientos y la forma de vida que teníamos antes del nuevo nacimiento. Por esta razón necesitamos la renovación de nuestro entendimiento. Tenemos pensamientos carnales que necesitan ser reprogramados.

Antes de nacer de nuevo, desarrollamos una extensa red de estrategias para afrontar la vida, tratar con el dolor y hacer lo que queríamos. Ahora tenemos una nueva manera de pensar y una nueva fuente de donde emana el poder: el Espíritu de Dios. Cuando usted es tentado(a), peca o tiene pensamientos impuros, no significa que su vieja naturaleza resucitó, sino que está en un proceso de renovación de la mente. En vez de caminar en el Espíritu, está caminando en la carne.

Es importante entender que aunque nuestro hombre interior (espíritu) está ligado a la naturaleza santa de Cristo y se le ha impartido su vida, en nuestra alma (mente, voluntad, sentimientos y emociones) no hay ninguna naturaleza espiritual en sí misma. El alma es el espejo que refleja la carne o la naturaleza de la nueva creación que usted es en Cristo. Es precisamente en el alma que está nuestro problema con la carne y cuando no entendemos sus sutilezas, nos causan serios problemas con el pecado. El problema del pecado es un asunto de control. Son aquellas cosas que tenemos temor a que sean descubiertas, pero cuando no tratamos con ellas nos seducen y activan ciclos destructivos.

Cuando llegué frente a mi terapista luego de haber confesado mi pecado de adulterio a mi esposa, a mis hijas, a la junta de gobierno de la iglesia, a personas importantes para mí y finalmente a la congregación, tenía una pregunta que me perturbaba y era: ¿Cómo fue posible que le fallara de esta manera a Dios, a mi esposa, mi familia y a la gente a quien amo? Nunca olvidaré la respuesta: “Sr. Moya, ningún pecado se puede justificar, pero ningún pecado se forma en un vacío. Trabajemos durante las próximas dos semanas para descubrir qué le pasó”. Sentí un alivio y a la vez confusión. Yo pensaba que había hecho todo lo posible para que nada de eso me sucediera, pero evidentemente no había sido suficiente.

Desde aquel momento hasta hoy, estoy mucho más consciente de las sutilezas del alma y de cómo poner en el contexto correcto mi historia de vida, tendencias, fortalezas y debilidades. Eso me ayuda a aplicar la obra de la cruz y a descansar en la gracia de mi Padre, que conoce mis más íntimos secretos y temores.

El mensaje de la Palabra sobre quiénes somos como hijos de Dios es consistente. En Cristo hemos muerto, fuimos sepultados y hemos resucitado para andar en una nueva vida. Pero todavía tenemos luchas con viejas actitudes, viejas maneras de afrontar la vida, recuerdos y memorias del pasado que causaron dolor y heridas. Eso es la carne. Si caminamos conforme a la carne, no cambia el hecho de que somos una nueva criatura. Tampoco cambia nuestra fuente de vida. Significa que estamos actuando como alguien que no somos. Escogimos la vieja manera de vivir cuando ya somos una nueva criatura. Para cambiar esta dirección, es necesario el arrepentimiento: un cambio de mentalidad. Nunca olvide que el arrepentimiento es un regalo de la gracia para comenzar otra vez.

―Tomado del libro Caer no es la sentencia final por Tommy Moya.