No te desanimes cuando el Señor te corrija

Si alguna vez se sienten desfallecidos y agobiados, piensen en Jesús, quien soportó pacientemente el maltrato de los pecadores. Ustedes han luchado contra el pecado, pero no hasta el punto de perder la vida. Son hijos de Dios, pero olvidaron lo que él les dice a sus hijos para animarlos: "Hijo mío, toma en serio la disciplina del Señor, no te desanimes cuando el Señor te corrija." Hebreos 12:3-5

Los hijos de Dios no deben menospreciar la disciplina del Señor. Si el Señor nos disciplina, debemos prestar
mucha atención. Todo lo que el Señor nos asigna, nos lo asigna con un propósito específico. El desea edificarnos por medio de nuestras experiencias y circunstancias. El nos disciplina con el propósito de perfeccionarnos y santificarnos. La disciplina que trae sobre nosotros forja Su naturaleza en nosotros. Como resultado, adquirimos un carácter disciplinado. Este es el propósito de la disciplina del Señor. El no nos castiga sin motivo. Nosotros no sufrimos al azar. Dios no nos hace pasar por tribulaciones simplemente para hacernos sufrir. El propósito de todos nuestros sufrimientos es que podamos participar de la naturaleza y la santidad de Dios. Esta es la meta de la disciplina.

Muchos hijos de Dios han sido salvos durante ocho o diez años; sin embargo, nunca dicen: “El Señor me está disciplinando, corrigiendo, castigando y moldeando para hacerme un vaso”. No ven el propósito que Dios tiene al castigarlos, disciplinarlos y esculpirlos. Pasan ciegamente por sus experiencias. No se preguntan acerca de lo que atraviesan hoy, y lo dejan pasar inadvertidamente; no les incomoda lo que ven al día siguiente, y no se preguntan cuál es la voluntad de Dios, y continuamente la desatienden. Les parece que Dios hace sufrir a la gente por crueldad. Tengan presente que la primera reacción de los hijos de Dios debe ser respetar y honrar la disciplina de Dios. Lo primero que debemos hacer cuando experimentemos algo, es encontrar el significado: ¿Por qué sucede esto? Debemos aprender a honrar y respetar la disciplina de Dios. No debemos tenerla en poco, es decir, no debemos ser descuidados acerca de ella, pues en tal caso indicamos que Dios puede hacer lo que desee y nosotros simplemente lo aceptamos sin entenderlo, pues nos parece que lo que El hace no tiene ningún objetivo.

Por una parte, no debemos menospreciar la disciplina; por otra, no debemos hacer demasiado escándalo al respecto. Si la vida cristiana se convierte exclusivamente en una historia de sufrimiento e incomodidades, nos desanimaremos mucho. A esto me refiero cuando digo que podemos exagerar la nota al centrarnos en la disciplina. Debemos aprender a aceptar la disciplina del Señor y comprender que la disciplina que nos inflige y el oprobio que llevamos siempre tienen un propósito. Así que, no debemos desanimarnos cuando somos disciplinados.
Watcham Nee