Cuando la aflicción te habla



Que difícil es aprender a escuchar la voz de Dios en medio de los gritos del dolor y la aflicción, cuando todas las voces se confunden y no sabes bien que oír o a quien oír.

Pienso en Job, cuando en medio de todas las tragedias desesperadamente trataba de escuchar la razón para corregir y no la hallaba, y luego, inmerso en sus razonamientos vio llegar a sus amigos... tal vez pensando que podría al fin recibir un bálsamo para sus penas y sólo se encontró con un sin numero de acusaciones y llamados al arrepentimiento.

Tal vez esos jóvenes amigos se criaron a su sombra y crecieron bajo sus consejos, supieron recibir de el la enseñanza que, como miel, sus labios destilaron, y al verlos de lejos una luz en su corazón se encendió para darle una esperanza de comprensión, y tan rápido como se ilumino así también se apago, las palabras que esperaba no llegaron y solo la exhortación casi despiadada se descargo de sus palabras.>Sólo pudo comenzar a justificarse casi sin saber y al borde de la locura. Era una lucha desesperada por sobrevivir. Qué frágil es el ser humano, con que rapidez todos nuestros fundamentos tiemblan como hojas en el viento! En un momento parece que tenemos todo el cielo atrapado entre nuestras manos y que tenemos una línea directa al cielo, con una comunicación instantánea, que ni llegamos a hablar y El ya responde, y de pronto un leve sacudón y todo lo que estaba firme se desvanece, comienzan a llegar las voces como en un teléfono ligado, y la gloria que era como una roca se desliza como el viento entre nuestros dedos.

Pienso que tal vez estos son esos momentos que Dios tiene reservados para sus soledades con nosotros, esas circunstancias que El ordena y emplea para hacernos recordar que nada es tan firme, ni la unción, ni el poder, ni la gloria, ni la fe, ni la fuerza o la autodeterminación, nada de todo esto es tan firme como el Amor. Si, el amor que El siente por nosotros y que a veces deseoso de arrancar lagrimas de dependencia de nuestros corazones nos sumerge en las profundidades de la angustia para primero llamarle Padre, y luego: Sálvame que perezco. El reconocimiento que solo dependemos de El. Que El es nuestro todo y sin ninguna duda nuestro mejor amigo.Tal vez esos son los momentos especiales de Dios en que se deleita abrazándonos y mimándonos y soplándonos entre sus brazos, aunque claro, para nosotros parecen circunstancias dolorosas y angustiantes, que hasta parecen soledades de abandono, y sin embargo es cuando El mas cerca esta.

La verdad es que hay muchas cosas de Dios que no entiendo, pero hay una que aprendí muy bien y es que sin El no querría vivir y si estoy con El no importa como vivir porque aunque no me de cuenta, en lo mas profundo de mi ser se que El esta allí.

...solo otro pensamiento, y este... desde el dolor de mi aflicción.

Dios te bendiga!