Ayuno y oración

Jesús, a la vez que era una figura muy pública, realmente era una persona muy privada. No se le ve orando en público ni cercanamente a lo que se le ve orando en privado. De hecho, nuestro Salvador estaba tan comprometido a la oración privada que con frecuencia oraba durante horas y horas, incluso durante toda la noche. Parecía anhelar momentos íntimos a solas con su Padre celestial. Pero si Jesús pudiera haber logrado todo lo que vino a hacer solamente por la oración, ¿por qué ayunaba? ¿Podríamos estar perdiéndonos nuestros mayores avances porque no ayunamos? ¿Recuerda la producción al treinta, al sesenta y al ciento por uno de la que habló Jesús (Marcos 4:8, 20)?
Veámoslo de esta manera: cuando usted ora, puede liberar ese aumento del treinta por uno, pero cuando tanto la oración como el ofrendar son parte de su vida, creo que eso libera la bendición al sesenta por uno. Pero cuando las tres cosas, ofrendar, orar y ayunar, son parte de su vida, ¡puede ser liberada esa bendición del ciento por uno! Si ese es el caso, tiene usted que preguntarse qué bendiciones no están siendo liberadas. ¿Qué respuestas a la oración no están llegando? ¿Qué ataduras no están siendo rotas porque no ayunamos? Mateo relata la historia de un padre que tenía un hijo poseído por un demonio. Por años había visto desesperanzado a su hijo sufrir graves convulsiones. A medida que creció, los ataques se volvieron tan graves que el muchacho frecuentemente se lanzaba a un fuego o al agua. Un espíritu suicida le atormentaba constantemente; la situación se volvió amenazadora para la vida.

Al haber agotado todo intento de curar al muchacho, incluso al haberle llevado a los discípulos sin éxito, la grave situación del padre parecía imposible. Entonces oyó que Jesús estaba cerca. Acercándose al Maestro clamó: “Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar”(Mateo 17:15-16). Cuando llevaron al muchacho ante Jesús, la Biblia dice: “Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora” (v. 18).
Pero ¿qué marcó la diferencia? Después de todo. Mateo 10:1 dice que Jesús le había dado a los discípulos poder para echar fuera espíritus malos y para sanar toda enfermedad. Entonces, ¿por qué no pudieron los discípulos echar fuera al demonio y sanar al muchacho? Eso es lo que ellos también querían saber, y por eso más entrada aquella noche, cuando estaban a solas con Jesús, se lo preguntaron. Jesús respondió: “Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.
 Pero este género no sale sino con oración y ayuno” (Mateo 17:20-21). Ahora bien, yo he leído ese pasaje muchas veces, e incluso he enseñado de él; pero cada vez me he enfocado en la frase: “y nada os será imposible”. Creo que muchas personas se detienen justamente aquí, pero Jesús no lo hizo porque Él sabía que había más; mucho más. Mire, esa pequeña palabra, pero, es la conexión, es la llave que abre el poder en la frase “y nada os será imposible”. Jesús les dijo a los discípulos que necesitaban fe, incluso fe tan pequeña como una diminuta semilla.
Pero eso no fue todo. Mucho antes de este incidente, el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto, donde pasó cuarenta días y cuarenta noches sin tomar alimento alguno. “Pero este género no sale sino con oración y ayuno”. Para Jesús, echar fuera a ese terco demonio no era imposible. Si Jesús pudiera haber logrado todo lo que vino a hacer sin ayuno, ¿por qué ayunó? El Hijo de Dios ayunó porque sabía que había cosas sobrenaturales que solamente podían ser liberadas de ese modo. ¿Cuánto más debería ser el ayuno una práctica común en nuestras vidas? Si está usted preparado para llevar bendiciones sobrenaturales a su vida y liberar el poder de Dios para vencer cualquier situación, comience hoy haciendo que la disciplina del ayuno sea una parte de su vida. ¡Será grandemente recompensado!

- Tomado del libro El ayuno, con diario de 21 días por Jentezen Franklin. Usado con permiso
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