Los desafíos de Dios

Los desafíos de Dios subvierten el sistema"Dios no quiere tu infelicidad, sino tu felicidad. Y muchos de tus sueños fueron puestos por Dios en tu corazón. Otros sueños, los que no son de Dios, hay que correrlos a un costado, porque te dispersan"

Dios no quiere tu infelicidad, sino tu felicidad. Y muchos de tus sueños fueron puestos por Dios en tu corazón. Otros sueños, los que no son de Dios, hay que correrlos a un costado, porque te dispersan.
Hay personas que tienen tantos sueños de tantas cosas distintas que son inconstantes en todos sus caminos.
Dios tiene un plan perfecto para tu vida. Él te lo revela y vos tenés que encarnar la visión de Dios te da. Hay personas que le tienen miedo a la visión de Dios porque piensan que ésta va a frustrar sus propios sueños. En la mayoría de los casos esos sueños personales no son malos.
Algunos tienen miedo de la visión de Dios porque sueñan con ser músicos, y temen que Dios les diga que tienen que irse de misioneros a vaya a saber dónde. No tengas temor. A menos que tus sueños explícitamente estén en contra de lo que la Biblia ya dice, es muy probable que tus sueños sean el resultado de una vocación que Dios ha puesto en tu interior. O de un anhelo.
El diablo pone en nuestras mentes la mentira de que Dios nos quiere frustrar, forzar nuestra personalidad y anularla. Pero pensar esto es como pensar que Dios se tiene que corregir a sí mismo. El Dios creador que nos hizo con ciertas inclinaciones, ya sea analíticas o creativas, ahora se tendría que corregir y cambiarme. Si tengo una mentalidad analítica, cambiarme para que sea un artista. Hay casos en que esto sí ocurre, pero son las excepciones, no la regla. Y aún cuando se diera la excepción, Dios lo hace de tal manera que la persona disfruta de ese cambio, no lo sufre.

Dios imparte su visión para tu vida por medio de tus sueños. Pero esta visión es más que sueños humanos. Todo el mundo tiene sueños. Pero visión, desde una perspectiva bíblica, es mucho más que un sueño humano. En realidad la visión es el sueño, el deseo y el anhelo de Dios. Alguien dijo con mucho acierto: "Visión es el don de ver lo que otros sólo sueñan".

Subvierte la chatura

Las grandes dificultades económicas y sociales con las que las personas viven en nuestro continente latinoamericano, en medio de un sistema capitalista que selecciona a los más "aptos", que deja fuera del sistema a la mayoría, nos quiere robar hasta la capacidad de soñar grandes cosas para Dios, de visualizar la visión que Dios tiene para nosotros. Los que viven con la cabeza gacha, sólo pueden ver el suelo. Pero los creyentes que han creído y adoptado los sueños de Dios para sus vidas, tienen una gran visión. Viven con una cosa fija en sus cabezas: la visión de Dios para sus vidas. Sueñan los sueños de Dios para sus vidas y sueñan realizar cosas para Dios. Ellos son subversivos de la realidad que continuamente les dice que no pueden. Son como Abraham, el padre de la fe, subvierten el sistema creyendo en esperanza contra esperanza.

Hay algo que sí me gusta de este capitalismo salvaje. Y es que a todos nos queda claro que la felicidad no puede pasar por esta cultura de tener o no tener, de consumir o no consumir. Que la felicidad tiene que ver con algo mucho más trascendente. Que sí es cierto que tenemos que trabajar con todo para sobrevivir, pero que la vida es más que sobrevivir, y que la única manera de vivir, es con un proyecto de vida más trascendente. Que si no hay sueños, la vida es una pesadilla. Que si no hay visión la vida es oscuridad. Que sin visión el pueblo perece.

¿Qué cosa trascendente te gustaría haber hecho antes de morirte? ¿Por qué cosa te gustaría que se te recuerde en este mundo? Rebelate al sistema. Volvé a soñar. Volvé a tener visión.

Los patriarcas como Abraham nos enseñan que los sueños de Dios se deben transformar en hechos concretos. El águila tiene una gran visión, con el propósito de ver y acechar su presa. La visión no es simplemente para ver. Sino para concretar.

La visión de Dios se traduce en cosas concretas para tu vida. Cuando vos tenés sueños para Dios, Dios tiene sueños para tu vida. Y su sueño, su visión se concreta en cosas para tu felicidad para que los objetivos que perseguís se hagan realidad. La Biblia dice en Jeremías 29:11 que Dios tiene pensamientos de bien para nosotros y no de mal, para darnos el fin que esperamos.

Animate a darle vuelo a tu vida, como el águila. No te arrastres. No te sujetes a la chatura. Jugate y dale trascendencia a tu existencia. No te ates al sistema. No te limites a los grises, pinta de colores la vida. Atrevete a tener sueños para Dios y a concretarlos. Dios también concretará sus sueños para tu vida. Levanta vuelo. Remontate por encima de la mediocridad de este tiempo, y viví feliz en lugar de deprimido; confiado en lugar de desesperanzado; entusiasta en lugar de quejoso. Si te sometes al sistema de nuestro tiempo y a los estados de ánimo que pretende el sistema imponerte, entonces estás condenado a la infelicidad. Por el contrario, que tu vida esté sometida al Dios de la esperanza, de la seguridad, de la abundancia.

El águila comparte no sólo la presa con sus polluelos, sino que al alimentarlos de su sangre, hace que internalicen desde pequeños que ellos también tendrán que alcanzar sus propias presas. Los padres que confían en Dios transmiten esta visión de la vida a sus hijos. Los jóvenes y no jóvenes confiados en Dios transmiten esa visión a otros. Se juntan para apoyarse en la visión. Se juntan para concretar esa visión. Quieren hacer algo diferente con sus vidas, quieren hacer algo distinto para el reino de Dios. Quieren dejar de ser engranajes de la maquinaria. Quieren dejar de estar adormecidos, anestesiados. Y lo transmiten, cumpliendo la misión.

Por eso podemos como Abraham, creer en esperanza contra toda esperanza. Y dice la Biblia que su fe no se debilitó mirando su realidad, su cuerpo como muerto y la esterilidad de Sara. Ni dudó por incredulidad a la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.


Subvierte la realidad creyendo

No importa cuáles sean tus circunstancias, ni en qué situación te encuentres, si sos un hijo del Dios llamá a las cosas que no son como si fuesen. El no teme llamarte santo y sin culpa, aun cuando estás todavía confuso y en desorden. Porque ve tu vida no como ahora está, sino en función de lo que hará con vos. Él llama a las cosas que no son como si fuesen. El te llama no como estás, sino en función de su poder de resurrección. Porque la tumba está vacía. Declárale a la tristeza, desesperanza, desaliento, angustia, temor, incertidumbre, que la tumba de tu Señor está vacía, y por ende ahora tu vida quedará vacía de temor, de tristeza, de angustia, de desaliento, de desesperanza, de inseguridad y de incertidumbre.

Proclama el poder del resucitado sobre tu realidad. No te resignes, no asumas una actitud pasiva. Hablale a los huesos secos de tu situación, como lo hizo el profeta Ezequiel, que tomen vida. Llama al Espíritu Santo de los cuatro vientos para que sople su poder vivificador sobre tu condición. No temas. La supereminente grandeza del poder de Dios que operó en Cristo Jesús resucitándole de los muertos, opera ahora en vos.


Subvierte la maldad
Muchos, al ver la realidad de un mundo marcado por el crecimiento de la maldad se desaniman. Fe es la certeza de lo que se espera. ¿Qué esperamos? ¿Por qué nos sostenemos en medio de la multiplicación de la maldad? Esperamos al nacido de la virgen, a aquel que fue anunciado por los profetas, al creador de los cielos y la tierra. Al que vino al mundo y anduvo haciendo bienes y deshaciendo las obras del diablo. Al que levantó e hizo andar a los paralíticos, al que dio vista a los ciegos, e hizo oír a los sordos, al que limpió a los leprosos.

Esperamos al que por amor murió por nosotros en la cruz llevando nuestros pecados. Esperamos al que al tercer día resucitó y ascendió en gloria. Esperamos al que viene ya no como un bebito indefenso sino como el Juez del Universo. Esperamos al que viene ya no envuelto en pañales sino con vestiduras reales; ya no pobre y humilde en un pesebre, sino que esperamos al Señor y Soberano del Cosmos.

Por eso, Dios nos llama a que nosotros no perdamos nuestra confianza, porque nuestra fe tiene gran galardón, gran recompensa. Dice la Palabra que a Dios no le agradan los que retroceden. Que en medio de la tribulación tengamos paciencia, porque si hacemos la voluntad de Dios, entonces vamos a obtener la promesa. Porque nosotros los que creemos no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma (Hebreos 10).
No llegaste hasta aquí para volver atrás, Dios te trajo para poseer la tierra que él te dio. Dios te destinó a la victoria, no a la derrota. Te salvó para que vivas lleno de pasión por él y de compasión por la gente. Que sepas para qué estás en el mundo, dispuesto a concretar los sueños de Dios para tu vida, con una visión fresca, con una unción nueva, lleno de poder, lleno de alegría. Libre de temor, pleno de esperanza y expectativas. Con tus vestiduras blancas, viviendo en santidad y haciendo su voluntad.

Dios te destinó a la victoria, no a la derrota. Por eso quiere que vivas con fe. Vos no sos de los que vuelven atrás, de los que retroceden para perdición. Vos sos parte del pueblo de los que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filos de espada, sacaron, fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros (Hebreos 11).
Por eso el Señor te dice hoy: es cierto que la maldad se ha multiplicado, pero no dejes tu primer amor y subvierte la maldad con tu fe.

Subvierte el dominio de los sentidos
El mundo de hoy está dominado por los sentidos. Pero nuestra aproximación a la realidad, desde el momento en que le entregamos nuestra vida a Cristo, es distinta. Ya no andamos como antes.
Nuestra aproximación a la realidad, a la vida, al futuro, no son los sentidos, lo que vemos, lo que oímos, ni tampoco lo que sabemos o conocemos, sino la fe.
Y la fe no ve. Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11).

La fe no sabe. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. La fe no oye, no toca. Vos no necesitas fe cuando ves, oís, o podes tocar. Nosotros no vivimos por sensaciones, ni por sentimientos, sino por fe. La Biblia dice que el justo por la fe vivirá. Vivimos por fe.
Fe no es ver porque por fe andamos, no por vista (2 Corintios 5.7).
Fe no es tener. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
Fe no son circunstancias. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón.
La fe no tiene temor. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.

Fe no es éxito. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados ( Hebreos 11).
No seas esclavo de las sensaciones ni de las percepciones naturales de la realidad. Sé prisionero de Cristo.

Pablo estaba preso en Roma, pero no era prisionero del Imperio Romano. No ignoraba su realidad. Sus ojos veían las guardias de soldados custodiándolos. Sus oídos escuchaban las órdenes de los romanos. Sabía perfectamente de su condición de presidiario. Pero el vivía por fe y entonces leía su realidad con los ojos de la fe. Él era prisionero de Cristo.
Abraham recibió una promesa de Dios: "tendrás un hijo". Y la Palabra de Dios dice: "Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (de casi 100 años) o la esterilidad de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios; plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido" (Romanos 4).

Abraham era un realista. Dice que consideró, observó su realidad. Él un anciano de 99 años. Ella una anciana de 90. Él, su cuerpo como muerto. No había Viagra. Ella, estéril. No ignoró, ni tapó sus ojos a la realidad. Pero, no se quejó, porque la queja conduce a la duda y la duda a la incredulidad. Dice que no se debilitó su fe al considerar la realidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios. En lugar de queja y tristeza, brindó alabanza y alegría. Daba gloria no por lo que veía, sino por lo que le había sido prometido y conociendo mejor que nadie su realidad, se fortaleció en alabanza porque estaba plenamente convencido de que era el Señor también poderoso para hacer lo que había prometido.

La queja y amargura son nuestra debilidad. Y también una muestra de nuestra falta de fe. Pero dice Nehemías que el gozo del Señor es nuestra fuerza. Por eso Abraham se fortaleció, dando gloria a Dios. Cuando nació el niño de la promesa, lo llamaron Isaac que significa risa. La alegría y la alabanza en fe no solo hacen realidad la promesa, sino que dan a luz la risa.

Los creyentes en Jesucristo somos subversivos, revolucionarios. No nos conformamos al sistema de robo, destrucción y muerte que el diablo ha impuesto. No nos resignamos. No somos espectadores que simplemente observan cómo el príncipe de este mundo destruye las vidas, las familias, las naciones y la creación. No somos narcorreligiosos, que se dan una sobredosis de espiritualidad para evadirse de la realidad. Porque los sueños de Dios incluyen un mundo diferente, un cielo nuevo y una tierra nueva. Por eso no nos conformamos a la chatura, a la maldad, a la esclavitud a los sentidos, sino que vivimos por fe. Y así como un día Mathin Luther King, soñó un mundo sin desigualdades para los negros, nosotros soñamos los sueños de Dios y con fe subvertimos el sistema diabólico. Dejamos huella en nuestro camino. Le damos trascendencia a nuestra vida. Nos convertimos en águilas. Volamos alto. ¡Empezá a mover tus alas!