Llamados a vivir una vida excelente


Cuando vos buscás la excelencia en tu vida probablemente seas atacado. Pero, no olvides, nosotros estamos llamados a vivir una vida excelente.
Habla nada más ni nada menos que el rey Salomón, después de haber vivido y contemplado las cosas de la vida: ‘He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu’. ¡Yo lo he podido comprobar! No es una condición sine qua non, pero se da a menudo, cuando vos empezás a buscar la excelencia en cualquier área de tu vida, podés recibir algún tipo de ataque.


Ataque en forma de críticas: te critican y vos pensás: ‘Lo único que estoy haciendo es tratar de superarme, de ser mejor hijo o mejor hija de Dios, de ser un mejor administrador, un mejor empleado, un comerciante más honesto…’.

Ataque con forma de enojo: ‘Este está envenenado conmigo, y yo ¿qué le hice?’. No le hiciste nada, sin embargo, tiene enojo, está como resentido, aunque vos no has dado motivos para que él tome esta actitud.

Ataque en forma de burla: ‘Ah mirá…, ahí viene fulano de tal’. Puede ser ironía, y vos sentís que insiste con ese tipo de broma. Seguramente está referido a un área en la que vos estás logrando excelencia; a veces en forma de distanciamiento, a medida que vos progresás en algun área, te vas destacando, hay algunos que te dejan medio de lado.

Pensá siempre que a los mediocres les molesta la excelencia

Si no pueden hacer que vuelvas a la mediocridad, automáticamente pasás a ser un enemigo de ellos. ¿Por qué? Porque tu excelencia hace mucho más manifiesta su mediocridad. Cuanto más buscás la excelencia en tu vida, más visible se hace la mediocridad de los que te rodean.

A veces esto pasa en el trabajo: cuando empezaste a llegar temprano, a ser honesto en las horas que trabajás, en la tarea que hacés, pasás a ser el blanco de la crítica. Estás como en el ojo de la tormenta, no es que te mandes la parte, simplemente estás haciendo lo que debés hacer por lo que te pagan. Pero vivimos en un ámbito de tanta chatura que llegar temprano es ser ‘olfa’ del jefe; ya bajamos tanto el estándar que contestar con respeto te hace ‘chupamedias’, esto se ve a diario. Hay ejemplos en la palabra de Dios, Daniel es uno, dice que buscaban ocasión para acusarlo de algo, que no hallaban tacha ni falta alguna en él.

Otro ejemplo es David. Antes de pelear contra Goliat, uno de sus hermanos se enfureció contra él, aunque era su hermano mayor y se supone que era más maduro, se puso como loco, le dijo:‘¿Viniste a burlarte de nosotros?’. Lo interesante es que el hermano tuvo antes que David la oportunidad de salir a pelear con Goliat, pero no lo hizo y luego le molestó que David lo hiciera. También lo que pasó con Saúl, ¿no? La gente cantaba: ‘Saúl mató a mil y David mató a diez mil’, y Saúl pensó: ‘A este lo mato’. Era evidente que David era mejor que Saúl, tenés que hacer la cuentita nomás: diez mil contra mil. Era diez veces mejor, más productivo, más efectivo David que Saúl y esto trajo todo un problema.


Tenés que saber que serás atacado

Sí, incluso en tu familia, en tu ministerio, en tu trabajo, pero la palabra de Dios te dice que no ‘aflojes’, no niveles para abajo, aun cuando lo que te rodee sea mediocre, seguí nivelando para arriba, y si lo que te rodea es algo pecaminoso, seguí santificando tu vida cada día, inclusive con el riesgo de que te ridiculicen. Aunque seas el único que no evade, el único que no se lleva la birome para la casa, el único que no hace las fotocopias del hijo en la máquina de la empresa, y a veces te ridiculicen. Mantenete firme en eso, no te sientas mal.
Es interesante lo que dice la palabra de Dios: ‘también esto es vanidad’. Estos ataques que recibís son vanos, no hay ningún motivo para que los recibas o seas objeto de ellos. Pero también la palabra agrega, ‘y aflicción de espíritu’. Esto te aflige, porque nadie quiere ser objeto de crítica, de burla ni ser dejado de lado; pero no te desalientes, es parte del precio que tenés que pagar por buscar la excelencia en tu vida. No te sientas mal, los que están mal son los mediocres, no vos, no te acuses a vos mismo.

Vos buscá superarte cada día. Muchas veces hay reacción contra la búsqueda de la excelencia. No sacrifiques la búsqueda de la excelencia a cambio de la aceptación de los demás. En realidad, si los mediocres no te aceptan te hacen un favor, aunque en ese momento te duela.

Aprovechá para rodearte de gente que quiera crecer como vos, amando a todos, pero siendo sabios al elegir por quién nos dejamos influenciar, a quién ponemos en nuestro círculo íntimo, con quién trabamos amistad, con quién nos relacionamos para poder ser sabios, crecer y desarrollarnos en todo lo que hacemos. La santidad va a molestar cada vez más en un mundo de tinieblas como el que vivimos; cada vez más la luz de Cristo en nuestra vida va a molestar, porque estorba a la conciencia de aquellos que pecan y viven en desobediencia.


A lo mejor vos pensás: ‘Desde que empecé a esmerarme en el trabajo, desde que decidí no hacer determinada cosa que hacía antes, ¡la de problemas que tengo!’. Quizás vos estudiás y en tu familia nadie se capacitó, y en vez de ser estimulado, no lo sos. Quizás vos querés testificar de Cristo, hablar al prójimo, y alguno te dice:“Como ‘hinchan’ con eso de invitar a la gente”. Para eso estamos en este mundo, para que conozcan a Cristo. Así que pensá en poner las cosas en regla como Dios manda.

No sacrifiques la búsqueda de la excelencia a cambio de la aceptación de los demás

Tené presente que cuando uno busca la excelencia en lo que hace, habrá ataques; son ataques vanos, que a veces producen algo de aflicción y duelen. Sin embargo, debemos seguir obedeciendo la palabra de Dios, buscando la excelencia en cada cosa que hagamos.

No olvidemos que nuestra vida es testimonio vivo del poder de Dios, del amor de Cristo que obra en nosotros. Quizás Dios te muestre algún área en que tengas que buscar la excelencia: en tu carácter, en tu devocional. Somos llamados a vivir una vida excelente por Aquel que nos compró por precio de sangre. ¿Cómo nosotros no vamos a responder con excelencia en vivir como Dios quiere?
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