Despertar

El cristianismo es la única fe que nos invita a una relación personal con Dios. El Dios del universo. Y el apasionado celo espiritual es una de las más importantes y visibles características de tener esa relación personal. El apóstol Pablo dijo: “Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu” (Romanos 12:11, NVI).

Pero si la mayoría de nosotros somos sinceros, cuando se trata de cómo vemos nuestra relación con Dios, nuestra pregunta íntima sería: ¿Nunca dejo de ser diligente? ¿En serio? ¿Es posible eso? Yo respondería inequívocamente: Sí, lo es. Si Dios nos ha ordenado que nunca dejemos de ser diligentes, también ha hecho una manera de que eso sea posible.

Independientemente del tiempo que hayamos seguido a Jesús, la novedad y el entusiasmo que experimentamos en Cristo cuando recién lo recibimos deberían seguir siendo evidentes en nuestra vida cotidiana. Si no lo estamos experimentando, debemos preguntarnos por qué. Pablo le dijo a su discípulo Timoteo “que avives el fuego del don espiritual que Dios te dio” (2 Timoteo 1:6, NTV). Cuando el fuego de Dios en nuestro corazón comienza a arder sin llama, hay que reconocer que una cualidad clave de nuestro caminar con Dios se ha perdido.

El día en que me desperté

Cuando comenzó mi viaje con Cristo, al igual que muchos nuevos creyentes, yo en realidad no sabía por dónde empezar a vivir para Dios. Sabía que era salvo, creía que mis pecados habían sido perdonados, y estaba seguro de estar en camino al cielo. Pero, ¿qué seguía?Yo aún no sabía que solamente había dado el primer paso.

Si realmente queremos conocer a Dios y experimentarlo, tenemos que ir más allá de la decisión inicial y llegar a un punto de total entrega. Después de recibir la salvación en Cristo, el primer paso para un verdadero despertamiento es darle todo a Él. Entregar su vida es algo más que confiar en Jesús como su Salvador para poder ser perdonado e ir al cielo. No es simplemente añadir a Dios a su vida. La verdadera entrega significa salir del asiento del piloto y dejar que Él tome el control. Significa darle toda la vida y descubrir la realidad del gozo, la paz, la libertad, los sentimientos y las experiencias que vienen con conocer verdaderamente a Dios. Solemos creer que es una decisión que se toma una sola vez, pero es una práctica que debemos realizar habitualmente para mantener el fervor espiritual. Permítame explicárselo.

Cuando le entregué mi vida a Cristo, experimenté algo de paz interior. Me sentí mejor, porque sabía que era salvo, pero todavía no tenía la libertad que estaba buscando. Yo había tomado la decisión, pero no tenía ninguna pasión o poder para vivir para Dios.

En los días que siguieron quería leer la Biblia, y eso me ayudó, pero no entendía cómo aplicarla a mi vida cotidiana. Yo no sabía lo que era una relación personal con Jesús ni que Dios quería que yo viviera una vida de libertad y poder. Y ciertamente no sabía que podía experimentar a Dios en mis emociones.

Debido a todos estos factores, durante casi un año avancé y retrocedí en mi relación con Jesús. Yo amaba a Dios, y durante un tiempo quería hacer lo que haría un cristiano. Pero entonces venía la tentación y quería ceder. Luego volvía al carril con Dios . . . y de nuevo caía en la tentación...y volvía a vivir para Dios: usted capta la idea. Aunque realmente nunca volví al estilo de vida y a los patrones destructivos que tenía antes, era inconstante en mi recién descubierta fe. Fue frustrante, para decir lo mínimo.

Finalmente llegué a un punto de inflexión antes del verano entre mi segundo o tercer año de universidad. (¡En ese momento en mi vida estaba en el plan universitario de seis años!) Una noche, en una reunión de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo, de repente me di cuenta cuando el orador dijo: “Si nunca he caminado con Dios, tiene que caminar con Dios este verano”. En ese instante, oí la voz del Espíritu Santo en mi corazón, diciendo: Stovall, en realidad nunca has caminado conmigo. Nunca te has entregado verdaderamente a mí. Yo sabía que esto significaba que aunque había aceptado a Jesús, nunca le había entregado por completo mi vida. Simplemente lo había añadido a mi vida para poder tener un alivio, una vida mejor y un boleto al cielo. Pero no le había dado realmente cada área hasta el punto de querer conocerlo a Él y su voluntad por encima de todo.

Lamentablemente, creo que es aquí donde están muchos cristianos hoy en día. Aunque han confiado en Cristo para recibir perdón y vida eterna, siguen viviendo la vida a su manera y en realidad no caminan con Dios. Un corazón verdaderamente rendido da un paso más y dice a todo: “Como tú quieras, Señor”.

Es entonces cuando comenzamos a experimentar la alegría y la presencia de Dios al máximo. Cuando realmente estamos caminando con Dios todos los días, esa llega a ser la oración de nuestros corazones para seguir haciéndolo. En ese momento en aquella reunión del campus, las luces se encendieron para mí. Yo sabía que había oído la voz de Dios. Hasta ese momento Dios me había hablado a través de empujoncitos, tironeando de mi corazón, o por pensamientos inspirados por el Espíritu Santo. Pero esto . . . esto era diferente. Esta fue una voz que escuché muy adentro de mí, y que me hizo sentir un torrente de energía en mi mente y en mi corazón. Supe que si no obedecía a esa voz me perdería algo importante. Yo había estado tratando de saber desde hacía un año cómo era Dios realmente ¡y esta era mi oportunidad! Dios me estaba dando esta increíble oportunidad de conocerlo en un nivel mayor, por lo que me tomó alrededor de una milésima de segundo declarar en mi corazón: ¡Sí, Dios!

Me le entregué completamente en el acto. No más añadir a Dios a mi vida porque yo quería ir al cielo o porque sabía que servir a Dios era hacer lo correcto. No hay ir y venir con un pie en el mundo y el otro pie en el reino de Dios. Finalmente entendí que seguir a Jesús era todo o nada. Yo sabía que Dios me estaba diciendo: “Mira, Stovall, si quieres la vida que tengo para ti, ella comienza con tu entrega total. Si quieres todo de mí, necesito todo de ti”.

En mi corazón, mientras respondía: ¡Sí, Dios! Yo sabía que eso significaba dejar atrás por completo todo lo que había conocido y que habría costos reales asociados a la decisión. Pero asi se tratase de relaciones, de popularidad, o lo que fuera, no me importaba. Yo estaba dispuesto a lanzarme a las profundidades. Si Jesús era real y verdadero, en realidad no había otra opción. Todo fue diferente a partir de entonce

Al dar ese paso de entrega total, fui lleno del Espíritu Santo, y desperté a la presencia de Dios, lo cual fue una de las experiencias más intensas de mi vida. Fue como si un gran reloj despertador hubiera sonado dentro de mí y mi alma se hubiera despertado. Las anteojeras se cayeron de mis ojos y empecé a ver toda mi vida a través de un filtro completamente diferente. Por fin he gustado cómo es y debe ser la vida verdadera, y pude decir que era pura y auténtica. No era solo algo de gran alcance, era personal. A través de la presencia del Espíritu Santo, Dios estaba viviendo dentro de mí, y realmente podía sentir a Dios de una forma concentrada, como su presencia quemante en mis emociones.

Para un tipo como yo, que había basado toda su vida en sentirse bien, esto era sencillamente increíble. Tenía una nueva energía y entusiasmo por participar en la adoración a Dios, que se convirtió en una expresión externa del amor y la gratitud que interiormente sentía por Él. La Palabra de Dios también se me hizo mucho más significativa.

Hasta ese momento, la Biblia no hubiera sido gran cosa para mí. En realidad, me dormía cuando trataba de leerla. Pero ahora los puntos se conectaban y lo capté. Y cuando lo hice, la Palabra comenzó a cambiar mi vida. Me satisfizo y fortaleció de tal manera que energizó todo mi ser, y me encontré con hambre de más.

Eso es exactamente lo que pasa cuando te despiertas a Dios y “pruebas y ves” que Él es bueno (Salmo 34:8, NVI). A semejanza de nuestro apetito natural de alimentos, este hambre sobrenatural de Dios se despierta dentro de ti y te lleva a perseguirlo. Por fin había encontrado lo que estaba buscando y nunca volví atrás.

El despertamiento es para todos

Han pasado más de veinte años desde que por primera vez desperté a una verdadera relación personal con Dios, emocionante, fresca y creciente. Mi amistad con Él ha cambiado y se profundizó con el tiempo, pero ha sido este estilo de vida de perseguir la novedad de ese “primer amor” lo que ha mantenido mi vida espiritual constante y próspera. He “[peleado] la buena batalla de la fe” para preservar mi pasión espiritual y experimentar la presencia de Dios todos los días (1 Timoteo 6:12).

Colosenses 2:6 dice: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él”. No creo que la gente tenga excusas legítimas para no experimentar hoy la misma pasión espiritual del día en que se enamoró de Jesús. Simplemente no hay sustituto para una próspera, alegre, emocionante vida con Dios. ¿Por qué iría a desear menos? Quiero que mi caminar con Dios se mantenga fresco, y quiero disfrutar de mi relación con Jesús, y he descubierto que Dios quiere eso aún más que yo.

Tal vez usted está leyendo esto y se da cuenta de que nunca le ha rendido totalmente su vida a Dios. O tal vez lo hizo en un momento y tenía un fuego que ardía en su corazón, pero con el tiempo su corazón se ha vuelto tibio o duro, y ha perdido su pasión por Dios. Tal vez usted ama a Dios, pero las cosas de este mundo lo han estancado y siente la necesidad de volver a entregarle su vida a Él.

Cualquiera que sea el caso, tengo palabras de aliento para usted: Dios se encontrará con usted allí donde usted está. Cualquier despertar espiritual comienza siempre con una nueva entrega a Dios. Y con nuestra entrega, Dios nos vuelve a llenar con su presencia a través del poder del Espíritu Santo. Efesios 5:18 nos dice: “Sed llenos del Espíritu”. Esa palabra llenos significa estar siempre lleno, no solo ser llenado una vez. Cuando experimentamos estancamiento en nuestra relación con Dios por la razón que sea, volver a entregarnos es el primer paso para reavivar el fuego interior.

Santiago 4:10 dice: “Humíllense delante del Señor, y él los exaltará” (NVI). Hay todo un nuevo mundo esperándolo, pero debe despertarse. Usted puede tomar espiritualmente el fuego y avanzar en su destino con Dios. Esa es realmente la única manera de vivir como creyente. Pero para llegar allí, usted debe ir por todo. Esto significa entregarse totalmente. ¡No hay medias tintas! Cuando usted experimente realmente la presencia de Dios y la satisfacción de estar en su intimidad, y cuando crea que Él quiere que lo experimente cada día, usted peleará para mantener su fervor espiritual.

Este puede y será su mejor año, si es espiritualmente su mejor año.

Aunque le haya dado su vida a Dios, aunque lo conozca desde hace mucho tiempo, lo insto a aprovechar esta oportunidad para rendirse de nuevo a Él. Pídale a Dios que le muestre cualquier área de su vida que no le haya dado por completo y entréguesela hoy. Usted puede orar en sus propias palabras o usar la siguiente oración como un lineamiento, pero la clave es asegurarse de que este asunto se resuelva en su corazón antes de seguir adelante. Que el clamor de nuestros corazones sea: “Tu voluntad, no la mía, Señor. Que sea como tú quieras”.

Querido Jesús, gracias por tu amor, tu perdón y tu bondad para con mi vida. Señor, me humillo ante ti, y pongo toda mi confianza y esperanza en lo que eres. Quiero experimentar todo lo que tienes para mí. Te entrego toda mi vida. Dios, lléname con el Espíritu Santo. Hágase tu voluntad en mi corazón, y que mi vida te glorifique. En el nombre de Jesús, amén.

- Tomado del libro El despertamiento por Stovall Weems