En las manos de Dios nada es desperdiciado

¿Siente como si todo fuese un desperdicio de tiempo porque ha malgastado una gran parte de su vida para que Dios haga algo por medio de usted? Quizá piense en ese ser querido al que ha intentado alcanzar durante años. Quiero dejar totalmente claro que usted está totalmente equivocado en ese modo de pensar. En las manos de Dios nada es desperdiciado. La Biblia dice que el hijo pródigo “juntándolo todo . . . se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente” (Lucas 15:13). Pero llegó el día en que se produjo la recompensa de quien desperdició. Él volvió en sí y su padre le restauró por completo. ¿Ha pasado usted su vida desperdiciándola en drogas, en alcohol? ¿Ha desperdiciado sus años abusando de su cuerpo con adicciones sexuales? El ayuno puede romper el yugo. Se necesita valentía para decir: “Tengo una adicción en mi vida y necesito ser libre”. Pero Jesús sabe que usted ha desperdiciado lo suficiente de su vida y es momento de ser hecho nuevo por completo. Si está usted batallando con una adicción, ayune y ore . . . busque al Señor en su quebrantamiento. Nada está oculto de los ojos de Él. Al igual que Él lo sabía todo de la mujer en el pozo, lo sabe todo de usted. Pero si se da usted permiso para quebrantarse y derramarse delante de Él, Él puede limpiarle. Él puede llenarle de su amor. Él puede quitar esa carga y reparar lo que se ha desperdiciado.

Incluso después de que Jesús alimentase a las multitudes comiendo todo lo que podían al multiplicar unos pocos panes y peces, les dijo a sus discípulos: «Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada» (Juan 6:12). Quizá conozca a alguien que está enganchado a las drogas, el alcohol o algún otro tipo de vicio. Le insto a que haga a un lado la hamburguesa y en cambio clame a Dios por esa persona. Reúna los fragmentos de la vida desperdiciada de esa persona mien­tras ayuna y ora por su liberación. ¡Dios no quiere que nada se desperdicie! ¿Está su vida llena de fragmentos y pedazos rotos? Entréguelos al Señor. Póngalos a sus pies. Permita que Él le restaure, le levante y le llene de su pasión. ¡Dios se inte­resa por los fragmentos y los pedazos de su vida!

Si es usted padre o madre, ¿le ha convencido el enemigo de que nunca ha tenido una buena relación con sus hijos, que nunca la tendrá, y que es una pérdida de tiempo intentarlo? O quizá le haya susurrado que usted nunca arreglará la relación con sus padres, con su cónyuge o con sus hermanos porque se han dicho y se han hecho demasiadas cosas. Usted se ha convencido de que las heridas son tan profundas que ellos nunca volverán a hablarle. Creo que cuando usted ayuna según lo que Dios llama ayuno, no se esconderá usted de su hermano (véase Isaías 58:7). En otras palabras, los muros que les han dividido se derrumbarán a medida que cada muro de resistencia comience a debilitarse. Mientras usted ayuna y ora, pida a Dios que restaure lo que el enemigo ha tomado de su familia. Ore para que las líneas de comunicación que han sido destruidas entre los familiares de su propia sangre sean restauradas.

Del ayuno que Él escoge, Dios dice: “Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restau­rador de calzadas para habitar” (Isaías 58:12). Una vez que es usted libre, Dios puede usarle como una calle bien ilumi­nada para guiar a otros a Él. Él puede usarle como un puente para alcanzar a quienes están distantes de Él. Por medio de usted, Él puede tomar esas vidas que han estado desoladas y destruidas por adicciones, opresión y abuso y convertir lo que antes fue un terreno estéril en un huerto fructífero.

Un amigo mío comenzó una iglesia en un granero hace muchos años. Lo interesante es que ese granero se utilizaba como salón de baile durante toda la semana, pero no se utili­zaba para nada los domingos en la mañana. Mi amigo tenía muy poco dinero, pero se las arregló para rentar ese granero los domingos en la mañana a muy buen precio. Había sufi­ciente espacio para un pequeño púlpito y algunas sillas para la congregación en la zona de baile. Él llegaba temprano la mañana del domingo y limpiaba y preparaba todo. Poco a poco, personas comenzaron a ser salvas. A medida que las personas de la localidad comenzaron a entregar sus vidas al Señor, dejaron de hacer fiestas, y el granero y salón de baile comenzaron a perder dinero. Finalmente lo cerraron, y mi amigo pudo comprar el edificio. Años después, me dijo: “Cuando tomamos ese terreno, era solo cincuenta acres de tierra estéril, pero ahora tenemos un fructífero huerto en él”. Eso es lo que Dios puede hacer con su matrimonio, con su familia. Es momento de ayunar y orar por ellos, y no tirar la toalla. Puede que no haya nada que usted pueda hacer . . . pero no hay nada que Él no pueda hacer.

El Señor responde a su quebrantamiento cuando usted le dice: “Señor, te entrego mi corazón y mi alma; tú eres el único por quien vivo. Con cada aliento, Señor, quiero que tú hagas tu obra en mí”. Y entonces, permita que Él se muestre fuerte por medio de su vida.

Del libro El ayuno de vanguardia por Jentezen Franklin. Image and video hosting by TinyPic