Padre nuestro

Padre nuestro. Existe una revolución espiritual en esas palabras. Jesús no les enseñó a sus discípulos a comenzar sus oraciones: “Oh, Dios de Abraham, Isaac, Jacob y Moisés”, u: “Oh, hacedor del cielo y la tierra”, ni: “Oh, gran Espíritu que todo lo ve y lo sabe”; sino “Padre” y no solamente “Padre”, sino “Padre nuestro”. No comenzó con “Padre mío”, porque la gente habría pensado que solamente debía ser el “Padre de Jesús”, sino “Padre nuestro”, expresando el hecho de que “ustedes son mis hermanos y hermanas y Dios es nuestro Padre”. Pablo, quien recibió esta revelación, amplió lo que Jesús dijo aquí, explicando: “Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15).

Es lo que Jesús oró en el huerto de Edén cuando inquirió si tenía que sufrir la cruz en Marcos 14:36. En esencia preguntó: “¿Papi? ¿Padre? Haré todo lo que deseas que haga pero, ¿no podemos salvar a la humanidad de otra manera?”. Él estaba recurriendo a la relación íntima que compartía con su “Papi”, mientras apelaba a la autoridad de la cabeza de su hogar, que era su “Padre”. Doblando la rodilla delante de cada uno fue a la cruz, pero debido a la calidad de su relación con Aquel a quien podía llamar “Papi”, no fue solo. Al ordenarnos orar “Padre nuestro”, Jesús nos dijo que teníamos el mismo derecho de acudir a Dios. Si no aprende nada más de este libro, deseo que comprenda esta revelación: Usted es hijo de Dios y Él desea tener una relación con usted de Padre a hijo, de Papi a hija. Dios desea escuchar sus oraciones y ver que la oración desarrolla en usted el poder para ser un vencedor. Como lo describió Pete Greig, uno de los fundadores y líderes del movimiento 24–7 Prayer (Oración 24–7):

La oración se trata de poder. La oración se trata de milagros. La oración se trata de avance. La oración se trata de la extensión del Reino. Pero más que todo eso, la oración se trata de tener intimidad con Dios. Se trata del regazo del Padre y de ser escogido por Jesús.

El comienzo de la confianza en la oración es darse cuenta de que existe Alguien del otro lado, que no solamente desea lo mejor para usted, sino que también desea la misma relación con usted que tiene un padre con su hijo. Él desea verlo nacer saludable, admirando cada dedito, verlo crecer, verlo aprender a caminar, verlo aprender a valerse por sí mismo y nunca estar más lejos de una llamada o un mensaje de texto mientras madura y sale para llevar a cabo su propósito en el “negocio familiar”. Él desea escuchar lo que usted quiere decir, Él desea ver que sus necesidades sean satisfechas, Él desea responder sus preguntas, Él desea darle entendimiento, sabiduría y revelación, y Él desea conocer a sus amigos. Él siempre lo apoya, Él siempre tiene un consejo sabio para usted, Él tiene palabras de ánimo y edificación y Él posee el poder del universo para utilizarlo para usted cuando lo considere necesario. Todo lo que usted tiene que hacer es conectarse con Él.

Sé que para algunos este concepto puede ser difícil de comprender, especialmente si nuestros padres terrenales no se concentraron exactamente en la “conexión”. Muchos padres están ausentes, si no física, emocionalmente. Realmente creo que ha habido un ataque a los padres en nuestro mundo por esta precisa razón. El enemigo no desea que tengamos una buena opinión de los padres que nos acerque más a Dios el Padre. Satanás desea que pensemos de los padres como personas que se van cuando estamos muy jóvenes como para acordarnos de ellos, hombres que beben mucho, que utilizan las manos para golpearnos en lugar de enseñarnos o consolarnos, quienes son egoístas y flojos, sin rumbo, imprudentes, indiferentes, destructivos e imperfectos.

William P. Young, el autor de La cabaña describió este sentimiento de la siguiente manera: “Pasé la mayor parte de mi vida intentando borrar el rostro de mi padre del rostro de Dios”. Si así era su padre, deseo que ponga eso a un lado. Deseo que permita que esa mentalidad se rompa en su vida, porque es una maldición que no le pertenece. Su Padre celestial no tiene ninguna de esas características negativas.

En lugar de eso deseo que imagine cómo sería el mejor padre de la tierra. Su corazón sabe más acerca de la verdadera paternidad de lo que usted se imagina. Dios puso un poco de sí mismo en cada uno de nosotros. Piense en los buenos padres de quienes ha leído en los libros y visto en las películas, o imaginado en las casas de sus amigos. ¿Qué características de esos padres le dieron pautas de cómo es verdaderamente un buen padre? Tómese un momento para imaginar cómo sería el mejor padre y después piénselo de nuevo, porque Dios es un Padre más allá de lo que podemos pedir o imaginar.

Medite en la bondad de Dios, el Padre, y permítale llenar sus pensamientos de Él mismo. Ese es “nuestro Padre”, ese es “su padre y “mi Padre”. Ese es el Padre que creó el cielo y la tierra, de hecho todo el universo, solo para que tuviéramos un lugar dónde jugar. Ese es el Padre que planeó lo mejor para usted antes de que fuera concebido en el vientre de su madre. Una vez más, miré cómo describe Jesús a “nuestro Padre”: "¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7:9–11).

Incluso si usted no tuvo un padre, en su interior sabe cómo sería un buen padre. Aunque pueda pasar un tiempo antes de que estas verdades sean reales para usted, el comienzo es acudir a nuestro Padre en oración. Vaya y permanezca en su presencia, y permítale enseñarle quién es Él en realidad. Pase tiempo sentado en su regazo. A Él no le molestará, de hecho, ¡eso es lo que Él siempre ha esperado que usted haga!

- Fuente: Como un guerrero ora por Cindy Trimm

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