¿Cómo podré reconocerles?

¿Eres cristiano? ¿Sabes lo que nos hace cristianos? ¿El bautismo que recibimos? ¿La iglesia a la que asistimos? ¿El diezmo o la ofrenda que damos? ¿La ropa que usamos o no usamos? ¿El pelo o las prendas? ¿Cargar o no una Biblia? ¿Ser miembro de una iglesia? ¿Por lo que decimos o cantamos?
¡No!, ninguna de esas cosas nos valida como cristianos auténticos. Lo que nos hace cristianos es nuestra capacidad de ser un Cristo pequeño en el mundo. Hay muchos que dicen ser cristianos, pero no lo son; porque el carácter de Jesucristo no es visible en su carácter, en sus palabras, en sus actos, en su casa, en sus relaciones interpersonales, en el uso de su dinero; en el uso de su tiempo y sus bienes. Como dijimos hay muchos que dicen ser y no son.
Por eso es necesario buscar el fruto antes de llamar a alguno nuestro hermano en Cristo. Según esta historia los cristianos genuinos son difíciles de conseguir. ¡Cuidado!
“Un hombre que acababa de aceptar a Jesús como su Salvador, decidió ir a buscar a los demás cristianos. Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó: - "Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?"


El anciano, encogiéndose de hombros le contestó:
-"Depende del tipo de cristiano que ande buscando".
- "Perdone"-dijo contrariado el hombre- "pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos de cristianos que hay. Sólo conozco a Jesús".
Y el anciano añadió:
- "Pues sí, amigo hay de muchos tipos y maneras. Los hay para todos los gustos: Hay cristianos por cumplimiento, por tradición, por costumbres, por superstición, por obligación, por conveniencia y cristianos auténticos..."
- "¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad!"- exclamó el hombre emocionado.
- "¡Vaya!"- dijo el anciano con voz grave. "Esos son los más difíciles de encontrar. Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted".
- "Entonces dígame ¿cómo podré reconocerles?"
Y el anciano contestó tranquilamente:
- "No se preocupe amigo. No tendrá dificultad en reconocerle. Un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo de sabios y engreídos. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde van, siempre dejan huellas."
Un creyente auténtico no tiene que decir que lo es, porque con sus actos y la intención de su corazón al hacer todas las cosas, lo demuestra. Un cristiano auténtico demuestra lo que es: en la iglesia, en su hogar, en su escuela, en su trabajo, en el vecindario, en la tienda, a solas o en grupos.
Permitamos que el Espíritu Santo haga un estudio de nuestra autenticidad cristiana y si encuentra alguna falsedad, arrepintámonos por ello.

“Todo aquel que permanece en Él no practica el pecado…”- 1 de Juan 1:5 al 4:16

Griselle M. Trujillo gtrujillo913@gmail.com

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