Él sabía que venía para morir

Cuando Jesús vino al mundo, Él sabía que venía para morir; vamos entonces a escuchar al Maestro mientras explicaba las Escrituras a aquellos dos discípulos desanimados en el camino de Emaús. «¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria?» les preguntó Jesús. La cruz era un encargo divino, no un accidente humano. Fue la obligación de un Dios entregado, no una opción humana. Luego, esa misma tarde, Jesús se le apareció a los once apóstoles y les dijo, «Esto es lo que está escrito: Que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día». Jesús no fue asesinado. Él entregó voluntariamente su vida por sus ovejas. Su muerte era necesaria en el eterno plan de Dios.

El sacrificio expiatorio del Mesías fue anunciado en los escritos y profecías del Antiguo Testamento, y Jesús comprendía perfectamente las Escrituras judías. Todo el sistema mosaico de sacrificios y el sacerdocio que lo mantenía, eran imágenes y sombras de las buenas cosas que habrían de venir. Jesús sabía lo que todo judío sabía, pues la raíz de todo ese sistema era Levítico 17:11, «Porque la vida de toda criatura está en la sangre. Yo mismo se la he dado a ustedes sobre el altar, para que hagan propiciación por ustedes mismos, ya que la propiciación se hace por medio de la sangre.»
En el «anuncio de su nacimiento,» Jesús declaró que su encarnación le dio un cuerpo que ofrecería como sacrificio por los pecados del mundo.
Por eso, al entrar en el mundo, Cristo dijo:
«A Tí no te complacen sacrificios ni ofrendas; en su lugar, me preparaste un cuerpo; no te agradaron ni holocaustos ni sacrificios por el pecado. Por eso dije: Aquí me tienes - como el libro dice de mi- He venido, Oh Dios, a hacer tu voluntad.» Hebreos 10: 5-7

Jesús se entregaría a sí mismo como holocausto por nuestros pecados, en rendición total a Dios, ofreciendo pagar el precio por nuestras ofensas contra Dios. «Sacrificio» se refiere a cualquier ofrenda animal e incluía la ofrenda por el pecado y la ofrenda por la paz, mientras que la palabra «ofrenda» se refiere a las ofrendas de comida y bebida. En su muerte en la cruz, Jesús cumplió todo el sistema de sacrificios y le puso fin para siempre. El logró ser una ofrenda que millones de animales en los altares judíos nunca lograrían, «ya que es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados».

La muerte expiatoria de Cristo fue anunciada primero públicamente por Juan el Bautista cuando vio a Jesús acercándose al río Jordán: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!». Juan estaba respondiendo a la pregunta de Isaac, «¿Dónde esta el cordero para el holocausto?» y anunciando el cumplimiento de la promesa de Abraham, «El Cordero, hijo mío, lo proveerá Dios»

Entonces Juan imaginó su muerte expiatoria cuando bautizó a Jesús en el río Jordán, aunque sólo Jesús lo entendió en ese momento. Juan sabía que Jesús no era un pecador que necesitaba arrepentirse, y por eso dudó en bautizarlo; pero Jesús sabía que su bautismo era el deseo del Padre. «Dejémoslo así por ahora, pues nos conviene cumplir con lo que es justo,» respondió Jesús.

Leemos estas palabras casualmente, pero ellas plantean algunos temas complejos. ¿A quién se refiere el pronombre «nosotros»? ¿Incluye a Juan? Si lo hace, entonces tenemos un problema explicando cómo un hombre pecador pudo ayudar al Dios santo a «cumplir con lo que es justo.» Una solución es olvidarnos de Juan y observar que toda la divinidad estaba envuelta en este importante evento. Dios Padre, que habló del cielo; Dios Hijo, que entró en el agua; y Dios Espíritu Santo que descendió sobre Jesús como una paloma. ¿Esto no sugiere acaso que «nosotros» se refiere a la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo? ¿no es Dios quien cumple con lo que es justo dando a su hijo como sacrificio por los pecados del mundo? los altares judíos nunca lograrían, «ya que es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados». Levítico 1-7

La muerte expiatoria de Cristo fue anunciada primero públicamente por Juan el Bautista cuando vio a Jesús acercándose al río Jordán: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!». Juan estaba respondiendo a la pregunta de Isaac, «¿Dónde esta el cordero para el holocausto?» y anunciando el cumplimiento de la promesa de Abraham, «El Cordero, hijo mío, lo proveerá Dios»

Entonces Juan imaginó su muerte expiatoria cuando bautizó a Jesús en el río Jordán, aunque sólo Jesús lo entendió en ese momento. Juan sabía que Jesús no era un pecador que necesitaba arrepentirse, y por eso dudó en bautizarlo; pero Jesús sabía que su bautismo era el deseo del Padre. «Dejémoslo así por ahora, pues nos conviene cumplir con lo que es justo,» respondió Jesús.

Leemos estas palabras casualmente, pero ellas plantean algunos temas complejos. ¿A quién se refiere el pronombre «nosotros»? ¿Incluye a Juan? Si lo hace, entonces tenemos un problema explicando cómo un hombre pecador pudo ayudar al Dios santo a «cumplir con lo que es justo.» Una solución es olvidarnos de Juan y observar que toda la divinidad estaba envuelta en este importante evento. Dios Padre, que habló del cielo; Dios Hijo, que entró en el agua; y Dios Espíritu Santo que descendió sobre Jesús como una paloma. ¿Esto no sugiere acaso que «nosotros» se refiere a la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo? ¿no es Dios quien cumple con lo que es justo dando a su hijo como sacrificio por los pecados del mundo?


Tomado del libro Desde la cruz, W. Wiersbe.


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