El poder de la alabanza

Durante treinta años el padre de Jim había sido alcohólico. Todos aquellos años, la madre de Jim y, más tarde, Jim y su joven esposa, rogaron a Dios que le sanara, pero sin resultado aparente. El padre de Jím no quería admitir que tuviera un problema con el alcohol y se ponía furioso si alguien le mencionaba algo sobre religión.
Un día, Jim me oyó decir algo sobre el poder que se experimenta cuando empezamos a alabar a Dios por cada cosa en nuestra vida, en lugar de interceder para que cambie las circunstancias que nos son dolorosas.
Jim puso la cinta de audio grabada de esta reunión una y otra vez para que la oyesen sus amigos. Pero un día se dio cuenta de que él mismo nunca había intentado dar gracias a Dios por la condición de su padre. En seguida, fue a buscar
a su esposa para hacerle partícipe de este pensamiento. -Querida -le dijo-- ¡demos gracias a Dios porque él ha permitido que nuestro padre tenga esta tentación con el alcoholismo y alabémosle porque ello es parte de su plan maravilloso para su vida!
Durante el resto de aquel día dieron gracias y alabaron a Dios por cada aspecto de esta situación y, al anochecer, sintieron una emoción Y una expectación nuevas.
Al día siguiente, los padres fueron a -comer a casa del hijo como tenían la costumbre de hacer todos los domingos. Comúnmente, el padre de Jim se quedaba el menor tiempo posible después de la comida, marchándose enseguida. Pero esta vez, de repente, y mientras tomaba una taza de café, hizo una pregunta muy significativa.
_¿Qué piensan en cuanto a este movimiento denominado Revolución de Jesús? -preguntó dirigiéndose a Jim-. He leído algo acerca del mismo en el diario la otra noche. ¿Se trata sólo de una novedad o es algo real que experimentan esos muchachos que estaban drogados?
La pregunta llevó a una larga discusión acerca del cristianismo, y el matrimonio mayor no se marchó hasta bien entrada la noche.
Después de algunas semanas, el padre de Jim reconoció su problema respecto de la bebida, se volvió a Jesucristo y fue completamente curado.
Ahora, él se une al resto de la familia pata contar a otros lo que puede resultar de la alabanza a Dios.
-Date cuenta -le dijo Jim a su esposa- que durante treinta años le pedimos a Dios que cambiara a mi padre. Sólo durante un día le alabamos por su sabiduría de hacernos vivir con este problema, y mira lo que ha ocurrido.

Muchos de nosotros usamos las frases "¡ Alabado sea Dios!", y "¡ Gracias a Dios!", con tanta soltura, que llegan a perder su verdadero significado.
Alabar, según el diccionario, significa ensalzar, celebrar, elogiar, aclamar expresando también aprobación.
El alabar, entonces significa que aceptamos, o que estamos de acuerdo con lo que aprobamos. De modo que, alabar a Dios por una situación difícil, una enfermedad o una desgracia,significa literalmente que aceptamos o aprobamos lo que está ocurriendo como parte del plan de Dios para nuestra vida. Realmente, no podemos alabar a Dios sin estar agradecidos por aquello por lo cual le estamos alabando. Y, realmente, no podemos estar agradecidos sin sentirnos gozosos por todo aquello por lo que le damos gracias. La alabanza, entonces, comprende la gratitud y el gozo.
El mero hecho de que alabamos a Dios y no a un destino o azar desconocidos significa también que aceptamos el hecho de que Dios es responsable de lo que sucede. De otro modo, no tendría objeto darle gracias.

"Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. 
Dad gracias en todo; porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús"
(1 Tesalonicenses 5: 16-18).

He encontrado muchas personas que alaban a Dios por sus circunstancias, simplemente porque aceptan la palabra de la Biblia que enseña a alabar a Dios por cada cosa. Alabando a Dios, experimentan pronto el resultado de una actitud de constante gratitud y gozo, y, a su vez, su fe es fortalecida y pueden continuar viviendo de este modo.

Tomado de El poder de la alabanza, Merlin Carothers



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