Un hombre en quien está el Espíritu Santo - Parte II



La conquista de Canaán

Paso a paso Josué fue preparado para la gran misión de llevar al pueblo a la tierra prometida y ser su comandante en jefe en el conflicto que acontecería. Él era un guerrero, pero él tenía que aprender que había enemigos, no sólo en el desierto, sino que también en la tierra prometida. Su preparación para el conflicto en Canaán puede ser encontrada en el libro de Números. Él fue uno de los enviados a espiar la tierra. De igual forma, nosotros tenemos que aprender que no sólo hay conflicto en nuestra vida peregrina (en “el desierto”), sino que también nosotros estamos combatiendo en una guerra en los lugares celestiales (en “la tierra”).

Nosotros luchamos no contra carne y sangre, sino contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Estos poderes malos sólo pueden ser derrotados cuando nosotros tomamos toda la armadura de Dios, y usamos las armas divinas (Efesios 6:10-20). Nuestras bendiciones son de una naturaleza espiritual y en los lugares celestiales. Ellos sólo pueden conocerse y pueden disfrutarse a través del poder del Espíritu santo (Efesios 1:3). Esta es la obra del Espíritu el cual nos muestra esto, conectados así todos ellos están con la posición presente de Cristo, a la diestra de Dios. Josué presenta un cuadro de un creyente lleno del Espíritu, cuya atención está enfocada en las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios (Colosenses 3:1).

No es hasta Números 27:18, cuando la entrada a Canaán está ante él, este Josué es descrito como un hombre lleno del Espíritu de Dios. En el libro de Números nosotros encontramos varias experiencias que indican el crecimiento espiritual de Josué hacia este punto. En el capítulo 11:24-30 vemos cómo él estaba celoso en favor de la causa de Moisés de una manera no espiritual y por consiguiente necesitó corrección. Nosotros podemos comparar esto con el comportamiento de algunos creyentes en Corinto quienes deseaban hacer de Cristo el líder de un cierto partido (1Cor. 1:10-13). En Números 13:16, en vista del espionaje a Canaán, el nombre de Josué fue cambiado: “Y a Oseas hijo de Nun le puso Moisés el nombre de Josué” El nombre de Oseas apunta en un sentido general a la ayuda y salvación del Señor. Mientras que el nombre de Josué está más claramente unido con el Nombre de Yahweh mismo. Sólo pueden encontrarse salvación y redención en Yahweh, el gran YO SOY. Por que, por este cambio de nombre la atención de Josué se enfocó en el SEÑOR, quién le mostraría Su salvación completa a Israel por su entrada a Canaán.

Lo mismo es aplicado a los creyentes en la presente dispensación del Nuevo Testamento–no es debido a que yo vivo, sino Cristo que vive en mí. Nuestra atención no debería ser enfocada en nosotros, sino mucho mejor en la gran salvación que Dios ha logrado en Cristo. Quizás nosotros podamos comparar el cambio del nombre de Josué con la transición de romanos 7 a romanos 8, lo central resulta que no es debido a nosotros mismos, sino a Cristo y al Espíritu. Romanos 8 nos muestra un creyente lleno del Espíritu. Un Cristiano no sólo nace del Espíritu, él es también sellado y es ungido con el Espíritu. Por esta razón él debe estar continuamente lleno del Espíritu y debe ser guiado por Él para ser competente en cumplir la labor que Dios le ha dado. Josué es un buen ejemplo de esto.

Cuando nosotros hemos visto, el cambio del nombre de Josué fue relacionado a su espionaje a la tierra de Canaán. Haciendo así, él vio las ricas bendiciones conectadas con esto, los frutos de la tierra. Era una tierra buena, una tierra que fluye leche y miel. Lleno de entusiasmo, él volvió con Caleb y los otros espías. Pero cuando ellos les mostraron los frutos que habían recogido a los Israelitas, los diez hablaron sobre las grandes dificultades que la conquista de Canaán involucraría. Descorazonado por estas palabras el pueblo llanamente se negó a tomar posesión de ella. Los únicos que hablaron en el lenguaje de la fe fueron Josué y Caleb. Ellos tenían un espíritu diferente comparado a los Israelitas los cuales no creyeron a la promesa de Dios y despreciaron esta buena tierra (Núm. 14:24). Por esta razón ellos fueron guardados, mientras que todos los otros perecieron en el desierto. Hebreos 3:19 nos dicen que el pueblo no pudo entrar debido a la incredulidad.

De manera similar, nosotros estamos para glorificar a nuestro Dios por fe, creyendo las promesas de Su Palabra y confiando en Su poder en nuestras batallas espirituales. Las bendiciones espirituales en lugares celestiales que nosotros poseemos en Cristo sólo pueden ser disfrutadas a través de la fe y está en la fuerza de nuestra fe, y bajo la guía del Espíritu nosotros podemos tomar posesión de nuestra porción en la tierra. Esto es mostrado en la enseñanza típica del libro de Josué. Todo lugar en el que nosotros pisamos es nuestro (Josué. 1:3). Este conflicto involucra solamente tiempo y de nuevo Dios concede la victoria así que toda la tierra será conquistada y será nuestra (Josué. 11:16-23).

La historia de los espías nos muestra que la fruta de la tierra prometida puede incluso ser disfrutada en el desierto (Núm. 13:26-27). Sin embargo, la intención de Dios para nosotros es que gocemos las bendiciones de la tierra continuamente, porque nosotros hemos tomado posesión de esta y moramos en ella. ¡Debemos movernos más allá gozando simplemente de antemano de esta tierra! Todo creyente que es lleno con el Espíritu de Dios es apto para esto y puede disfrutar la salvación del Señor en su completa dimensión. Y así, como Josué, nosotros somos "lleno del espíritu de sabiduría" (Deut.34: 9), Dios nos usará ciertamente para llevar a otros a las ricas bendiciones que han sido preparadas para los hijos de Dios.

Hugo Bouter
http://www.biblecentre.org

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