Experiencia



Decir que todo lo que necesitamos nos llega a través de Cristo, de pura gracia, aunque verdad, puede parecer un poco irreal. ¿Cómo se llega a realizar en la práctica? ¿Cómo viene a ser real en nuestra experiencia?

Si preguntamos a un grupo de creyentes que han entrado en la vida cristiana normal, sobre cómo llegaron a esa experiencia, algunos contestarán que fue en esta manera, otros en otra. Cada cual acentúa su propia manera de entrar en esa vida y cita versos bíblicos que apoyan lo que experimentó. Lamentable es que muchos usan sus experiencias y sus citas especiales en contra de otros creyentes. El hecho es que mientras que los creyentes puedan entrar en la vida más profunda por varios conductos, no es necesario que consideremos las experiencias o doctrinas que presentan como en pugna entre sí, sino más bien como complementos una de la otra.

Una cosa es cierta, que toda experiencia de valor para Dios tiene que haber sido alcanzada por medio de un nuevo descubrimiento del significado de la Persona y de la obra del Señor Jesús. Esta es una prueba crucial y segura.

Lo trágico acerca de los cristianos de hoy en día es que no tienen idea clara de lo que Dios les exige. ¡Cuán fácilmente dicen: “Señor, estoy dispuesto para todo!”.

¿Sabes que Dios demanda de ti tu misma vida? 

Hay ideales acariciados, voluntades férreas, amistades apreciadas, ocupaciones agradables que tendrán que desaparecer: así que no te entregues a Dios a menos que seas muy sincero. Dios te tomará seriamente aun si tú no lo consideras como serio.
Cuando el muchacho de Galilea trajo su pan al Señor, ¿qué hizo el Señor con ese pan? Lo rompió. Dios siempre rompe lo que le es ofrecido. Él rompe lo que recibe, pero, después de romperlo, lo bendice y lo usa para suplir las necesidades de otros. Después de presentarse al Señor, El empieza a romper lo que le fue ofrecido. Todo parece ir mal, y protestas y criticas el proceder divino. Pero quedarse allí es ser nada más que una vasija rota; de ningún bien para el mundo, porque te has ido demasiado lejos para que el mundo te utilice, y de ninguna utilidad para Dios, porque no has adelantado suficientemente para que Él te utilice. Estás mal ajustado con el mundo y tienes una controversia con Dios. Esta es la tragedia de muchos cristianos.

Nuestra entrega al Señor debe ser un acto fundamental. Entonces, día por día seguiremos entregándonos a Él sin criticar su proceder sino aceptando con alabanza aun aquello que a la carne repugna. Cuando adoptas esta actitud, estás verdaderamente entregado.

Una hermana oró así: "Señor, esto es muy duro, no me gusta, pero estoy dispuesta”. Otro día yo oraba con un hermano al que no le parecía lograr ser atendido por Dios. Al fin dijo: “Señor, no me gusta, pero no cedas: espera un momento, y me rendiré yo a Ti”.

La vida cristiana normal comienza con una crisis cuando veo que soy del Señor y de ahí en adelante ya no me cuento como mío propio sino que en toda cosa reconozco su derecho y autoridad. No me consagro yo para ser un misionero, me consagro a cumplir la voluntad de Dios, hacer su voluntad en la escuela, en la oficina o en el hogar, contando cualquier cosa que Él determine para mí, ser el sumo bien, porque nada sino bien puede venir a aquellos que son enteramente de Él.

Que seamos siempre poseídos por la convicción que ya no nos pertenecemos y vivamos día tras día la experiencia de caminar con Jesús.


Adaptado de La vida cristiana normal, de Watchman Nee

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