La alegría del Carnaval

Por estos rincones australes del planeta, todos los años se celebra una fiesta llena de color, música y danza: se trata del Carnaval. Son famosos los carnavales de la ciudad de Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos (Argentina) y los de Río de Janeiro (Brasil). Muchas personas trabajan durante todo el año para realizar las coreografías, los trajes y las carrozas. Miles de turistas son atraídos por estas celebraciones, que no son exclusivas de Latinoamérica.

También se celebra en otras latitudes, en varias ciudades de Italia y en París, Francia.

El Carnaval es festejo durante el cual los protagonistas realizan desfiles utilizando disfraces y máscaras, acompañados por música y un gran despliegue de brillo, color y sensualidad. Son muchísimas las personas que asisten y participan como espectadores de lo que para ellos es la gran diversión anual. Pero la fiesta no es tan simple e inofensiva como parece.

Origen

El término "carnaval" proviene de "carnevale", palabra italiana que significa “Adiós Carne”. Esto tiene un doble significado: 1. adiós a la carne porque ya se viene la Cuaresma y la Semana Santa y por lo tanto existe una necesidad de comer todo lo posible, en cuanto a lo carnal se refiere; 2. otro adiós a la carne, porque viene la prohibición de las relaciones sexuales. Luego de las fiestas familiares de la Navidad, llegan éstas donde el desenfreno y la alegría desorientan, para luego caer en los días tristes de la Cuares ma, según la tradición.

El carnaval tiene su origen en las fiestas paganas que se realizaban hace más de 5.000 años en Sumeria y Egipto y en las saturnales del Imperio Romano, que veneraban a Saturno, señor de la cosecha. Eran ritos de purificación, celebrados en el mes de febrero y que daban cuenta del pasaje de un año a otro en el que se producía la renovación del cosmos. En esos festejos los romanos se entregaban a los designios de una deidad de la mitología griega, Momo, dios de la burla y la locura, famoso por divertir a los dioses del Olimpo con sus críticas agudas y mímica grotesca.

Más tarde, en la Edad Media, ya era costumbre que en las llamadas "fiestas de la locura" la gente gastara bromas en lugares públicos oculta detrás de un disfraz. La Iglesia Católica intentó poner un freno, aunque sin éxito. Así, los carnavales fueron incorporados al calendario cristiano y concebidos como un período de excesos permitido antes de la abstinencia de Cuaresma. Los festejos duraban hasta tres días antes del Miércoles de Ceniza. Estas costumbres se difundieron desde Roma hacia Europa y más tarde llegaron a América, de la mano de los conquistadores.

Unos 2000 años antes de Cristo, en Babilonia se veneraba al dios fundador Marduk, en el colosal templo que lindaba con los famosos jardines colgantes. Durante el inicio de cada primavera, se efectuaban las primeras celebraciones, que duraban cinco días. El festejo era el marco en el que se invertían los roles de todas las jerarquías y autoridades babilónicas, al punto en que los sirvientes llegaban a darles órdenes a sus amos. No sólo se faltaba a las leyes, sino que también se ridiculizaba la justicia.

Es así como a través del tiempo estos festejos fueron adquiriendo diversas formas, llegándose a bautizarlos como “Carnaval” recién a fines del siglo XV en Europa. Es allí donde la costumbre de usar máscaras adquirió un origen religioso espiritual, que derivaba del culto a los muertos.

Fueron los primeros conquistadores españoles los que importaron esta costumbre al Río de la Plata, y con la primera oleada inmigratoria en suelo argentino, a principios de 1900 se sentaron las bases de este ritual. En Buenos Aires, el primer corso oficial se realizó en 1869. Al despuntar el siglo XX, cada barrio tenía su murga. Los corsos se desarrollaban en las calles y estaban compuestos por agrupaciones de jóvenes artistas que junto con los músicos y las mascaritas animaban la jornada. Frecuentemente eran organizados por vecinos y comerciantes de los distintos barrios. Las plazas y las fachadas de los edificios se adornaban con guirnaldas, banderines y lamparitas de colores, que dibujaban exóticas figuras.

Hoy en día

Aunque hoy se haya transformado en un mero divertimento, como hemos visto este festejo tuvo en sus inicios condiciones de ritual. La premisa era poner el mundo al revés, desequilibrar y desequilibrarse disfrutando de lo pagano para afrontar luego la Pascua alejados de los pecados de la carne. Aquí se rescata la verdadera intención del Carnaval, que hoy permanece oculta tras las máscaras.

Las celebraciones del carnaval en muchos casos, trae aparejado libertinaje sexual, desenfreno, alcohol, drogas y hasta violencia, además de prácticas idólatras y rituales, que aún hoy día se realizan en varias ciudades del mundo.

Andemos como sabios

Conociendo el origen de ciertas costumbres, podemos evaluar qué tan inofensivas son. Además, la Biblia enseña que todo nos es lícito pero no todo conviene. Antes de asistir a estas celebraciones, consideremos si participar de estos espectáculos enaltece en algo al Señor, o nos edifica, o les hace bien a nuestros hijos...

Amigo, si en tu corazón albergas el pensamiento de que sólo buscas algo de alegría, recuerda que la Palabra de Dios enseña que sólo en la presencia de Dios hay plenitud de gozo.

http://www.jesus100x100vida.org 
http://www.carnaval.com.do http://www.clarin.
com/suplementos/viajes/2006/01/29/v-01710.htm


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