Un pastor en la Alemania Nazi


Dietrich Bonhoeffer fue un teólogo alemán que formó parte de la resistencia al nazismo de Hitler. Se negó a ejercer como pastor en la Iglesia de Prusia, que había aceptado la disposición aria según la cual se prohibía a cualquiera que tenía sangre judía ejercer un ministerio en la Iglesia. Se enfrentó a los “cristianos alemanes” de Hitler, que querían suprimir de la Biblia el Antiguo Testamento, desjudaizar a Jesús y transformarlo en un héroe político. En abril de 1943 fue detenido por la Gestapo y encarcelado en Berlín. Enviado posteriormente al campo de concentración en Buchenwald, fue ahorcado por los nazis el 9 de abril de 1945. La burla del destino: Hitler se suicidó 21 días después.

Dice la Biblia: "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres". Esto es lo que la vida de Bonfoeffer nos transmite.
 
Dietrich Bonhoeffer, un pastor luterano que fiel a su llamado en Cristo, no estimó el costo de su vida en la denuncia del pecado y de la barbarie más grande de su tiempo: el régimen de Hitler. Fue aquella mañana que la horca puso fin a una vida de fidelidad a Dios, a su pueblo y a su conciencia. Pero mucho antes de esa fecha ya había dado evidencias de su oposición al régimen totalitario y genocida del nazismo. En febrero de 1933 a poco de llegar el partido hitleriano al poder, una  crítica de Bonhoeffer en radio es interrumpida por la Gestapo. Ese mismo año junto con Niemöller y Barth forma la Iglesia Confesante, que agrupa a todos aquellos cristianos que se oponen al planteo totalitario, antisemita y racista de Hitler y se separa de la iglesia oficial (Deutsche Christen) que se convierte en la iglesia del Reich.  

"Iglesia, ¡permanece siendo Iglesia! ¡Sé fiel a tus principios... Sé fiel a tus creencias!" (Sermón de 1933)

En 1935 comienza a dirigir un seminario para la formación de pastores de la Iglesia Confesante. Entonces inicia una de sus obras más conocidas : "El precio de la Gracia.", así como "Vida en comunidad." Esta labor se termina abruptamente cuando la Gestapo clausura el centro en 1937. Ya un año antes en 1936 le han quitado su cátedra en la universidad y ahora también se le prohibirá hablar en público y publicar.

"Los vínculos son destruidos y simplemente caminamos hacia adelante. Hemos sido elegidos y debemos 'abandonar' la existencia que teníamos hasta ahora... Lo viejo se queda atrás, se entrega del todo... El llamamiento a la sucesión entonces significa la vinculación únicamente a la figura de Jesucristo y la transgresión de toda legalidad por la gracia de aquél que llama." (El precio de la Gracia)

Luego de la fatídica "noche de los cristales rotos" que significó la destrucción de sinagogas, tiendas y toda propiedad de los judíos, Bonhoeffer protesta vehementemente una vez más en contraste con el silencio y la indiferencia que le rodean y reconocerá que la Iglesia fracasa en su misión.

"La Iglesia permanecía muda, cuando tenía que haber gritado..." (Ética)

En 1938 pasa a formar parte de la resistencia activa contra Hitler, un camino que junto con sus profundas convicciones cristianas a las que no renunció jamás, ni aún en las situaciones más adversas, le llevarán al epílogo de aquella mañana en Flossenbürg. En Junio de 1939, estando brevemente en EEUU donde había sido invitado como profesor y a pesar de los insistentes pedidos de sus amigos , decide abandonar la seguridad y la comodidad que le ofrecen para unir su destino al de su pueblo.

"Debo pasar este difícil período de nuestra historia nacional junto a los cristianos de Alemania. No tendré ningún derecho a participar de la reconstrucción de la vida cristiana en Alemania, sino comparto las pruebas de esta hora con mi pueblo...Los cristianos de Alemania deberán enfrentar una terrible alternativa: O bien desear la derrota de su nación para que la civilización cristiana sobreviva, o bien desear la victoria de su nación y, por tanto, la destrucción de nuestra civilización. Yo sé cuál de estas dos alternativas debo escoger. Pero no puedo hacer esa elección desde un lugar seguro."

En abril de 1943 es encarcelado por la Gestapo en la prisión militar de Tegel; allí continúa su labor intelectual, y lleva una vida espiritual intensa que le ayuda a superar el encierro, así como a estadios de mayor reflexión sobre el significado de ser cristiano y el poder trasmitir la fe en medio del mundo que lo rodea.  

"Uno aprende poco a poco a distanciarse de las amenazas de la vida...; incluso integra esas amenazas cotidianas en el todo de la vida" (Resistencia y sumisión)

Su ánimo, a pesar de la dureza del confinamiento no decae; su fe le da fuerzas no sólo para mantenerse en pie sino aún para ser una fuente de estímulo y consuelo para sus compañeros de prisión, como lo atestigua uno de ellos: "El no hacía más que infundirnos ánimo y confianza y no se cansaba de repetir que una batalla sólo se pierde cuando los propios combatientes se dan por perdidos. ¡Cuántas veces me envió alguna nota de su puño y letra con frases de consuelo y de confianza tomadas de la Biblia.." (Fabian von Schlabrendorff.)
Poco antes de la finalización de la guerra Hitler ordenó que fuera ejecutado junto con otros oficiales alemanes involucrados en la resistencia. Su despedida de uno de los dos prisioneros británicos que compartieron su cautiverio, poco antes de ser llevado al cadalso fueron : "Este es el fin. Para mí el comienzo de la vida." El testimonio del médico del campo es una fiel exposición de la profunda confianza y fidelidad en las promesas de Dios que había manifestado a lo largo de toda su vida y un testimonio indeleble de la paz que lo acompañó cuando enfrentó la muerte. "He visto al pastor Bonhoeffer de rodillas delante de su Dios en intensa plegaria. La manera perfectamente sumisa y segura de ser escuchado, con la que este hombre extraordinariamente simpático oraba, me conmovió profundamente. En el lugar de la ejecución todavía oró, luego subió al cadalso. La muerte tuvo lugar en pocos segundos. Durante los cincuenta años que llevo de práctica médica no he visto morir a un ser humano tan totalmente abandonado en las manos de Dios ".

"En este asunto de la veracidad, lo más importante y definitivo es que toda la condición humana debe ser expuesta; todo su pecado debe desnudarse ante la mirada de Dios. Pero el hombre pecador no gusta de esta clase de veracidad y se resiste con todas sus fuerzas. Es por ello que se le persigue y crucifica. Es sólo porque seguimos a Jesús que podemos ser genuinamente veraces, pues en la cruz Él nos revela nuestro pecado. La cruz es la verdad de Dios acerca de nosotros y, por tanto, es la única fuerza capaz de hacernos veraces. Cuando conocemos la cruz, la verdad no nos da miedo." (El precio de la gracia.)

Danny Pisoni
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