Chau miedo


Sucedió que cuando el filisteo se levantó y se fue acercando para enfrentarse a David, éste corrió rápidamente hacia el frente de batalla para enfrentarse al filisteo.
1Sa 17:48

La historia de David y Goliat es fascinante. Un joven pastor enfrentándose a un super guerrero. Cuando dos campeones se encontraban, generalmente cada uno decía un discurso, y algunas veces recitaban versos con alusiones y epítetos de la clase más injuriosa, lanzando desprecios y provocaciones el uno al otro. Esta clase de diálogo todavía es muy común entre los combatientes árabes. Pero el discurso de David, sin embargo, presenta un contraste notable. Era lleno de una confianza piadosa, y él atribuía a Dios toda la gloria del triunfo que él preveía.
Cuando estuvo frente al enemigo, no se amedrentó, sino que lo enfrentó y utilizó las armas que conocía bien. Conocemos el final, Dios le dio la victoria.

Ponernos en el lugar de David nos lleva a reflexionar... ¿Cómo reaccionaríamos frente a un ataque de un enemigo tan poderoso? Fíjate que el ejército de los israelitas estaba amedrentado, dice "Cuando los israelitas vieron a Goliat, huyeron despavoridos." 1 Sa 17:24. Goliat era un paladín del ejército filisteo, y ambos ejércitos estaban frente a frente. Entonces, Goliat apareció y los desafió. ¿Qué hicieron? Huyeron despavoridos. Esa fue la reacción de hombres de guerra, acostumbrados y entrenados para pelear. Evidentemente, estaban preparados para pelear con pares, pero no con alguien tan fuerte.

David estaba frente a hombres que no lo aceptaban como guerrero, era demasiado joven, demasiado tierno. Por otra parte, debió soportar la burla y el desprecio de sus hermanos, y también, el hecho de que el rey lo trate de inmaduro e incapaz. Sin embargo, ninguna de estas cosas hizo que tuviera temor o se sintiera mal.

El secreto de David estaba escondido en Dios. El enemigo había ofendido al mismísimo Dios. Su anhelo era enfrentar al que había animado a desafiar el honor de Dios. "Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos; y yo te mataré y te cortaré la cabeza. Hoy mismo echaré los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras del campo, y todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel. Todos los que están aquí reconocerán que el Señor salva sin necesidad de espada ni de lanza. La batalla es del Señor, y él los entregará a ustedes en nuestras manos." 1Sa 17:46,47

¿Has visto a tu enemigo? ¿Es demasiado grande? Ningún gigante es más grande que el Señor Jesucristo. El fuerte no se gloríe en su fuerza ni el hombre armado en su armadura. Dios resiste al soberbio y desprecia a los que le desafían a Él y a su pueblo, su iglesia. Nadie que haya endurecido su corazón contra Dios ha prosperado jamás.

Despídete del miedo. Dios está de tu parte. No temas ni desmayes, pues el Señor Jesús está contigo. No hay enemigo que sea tan grande como para vencerte, pues la victoria es del Todopoderoso. Mira bien a tu gigante, observa sus cualidades. El reconocer de dónde vienen tus miedos y lo que la Palabra dice al respecto de dará la victoria y te hará libre.

Sólo tienes que dar el primer paso.

P.O. mujerdevanguardia.blogspot.com