Dar en el blanco

El hombre ha usado la arquería desde el inicio de la historia, primero para cazar, defenderse en la guerra, y en los tiempos modernos, como deporte. En África se han encontrado puntas de flecha de piedra de más de 50.000 años, y la arquería ha sido utilizada por casi todas las sociedades que habitaron la tierra.

Asirios y babilonios utilizaron con gran eficacia estas armas y en el Antiguo Testamento hay varias referencias a la destreza que tenían los hebreos en el tiro con arco.

La victoria en esta práctica consiste en dar en el blanco, en el centro mismo del objetivo. La Palabra de Dios utiliza esta figura para definir nada menos que aquello que nos separa de Dios. Errar el blanco es, bíblicamente, el significado de pecar.

Si bien todos los creyentes sabemos lo que es el pecado, encontramos que para algunos, los pecados se categorizan. Unos lo ven como un monstruo agazapado en su interior, otros lo minimizan hasta casi ignorarlo, escudándose en que somos nuevas criaturas en Cristo. Es cierto que con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios. Pero todos pecamos, y es necesario hacer ciertos ajustes cada día para afinar la puntería.

En el arte de la arquería, la precisión alcanzada depende del arquero. Se pueden alcanzar altos niveles de habilidad únicamente si uno desea practicar durante todo el tiempo que sea necesario hasta lograr acertar en el medio del blanco en toda clase de circunstancias y situaciones, lo que se transforma en una habilidad subconsciente. La capacidad para hacer eso sin aburrirse es lo que diferencia a los arqueros campeones del resto. En los niveles de competencia más elevados, incluso los pequeños avances en la puntería pueden lograr diferencias importantes en los resultados, y por eso el ajuste y verificación periódica de los equipos es una parte fundamental en la práctica de la arquería.

Los hijos de Dios contamos con todo lo necesario para dar en el blanco. El Padre proveyó a Su Hijo, y Él derramó su sangre en nuestro favor, pagando el precio de nuestros pecados. También contamos con la Palabra de Dios, la cual es el único excelente manual de instrucciones precisas, y como broche de oro, tenemos al Espíritu Santo, el cual nos enseña todas las cosas y nos ayuda en nuestro andar continuamente.

Dar en el blanco es una realidad para el cristiano, porque el que aguza la puntería para no errar, cuenta con todo el apoyo de lo alto y Dios mismo le da la victoria.

"Sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo." Fil 3:14



Autor: PO - www.mujerdevanguardia.blogspot.com
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