Iniciativa de Dios


Caminando por las calles vi numerosos santuarios y gente que se arrodillaba frente a ellos... y uno tenía la inscripción: "Al Dios no conocido".
Así comienza el apóstol Pablo su discurso en el Areópago, con delicadeza, viendo que los atenienses adoraban a un Dios vivo, pero no lo conocían. Gente religiosa, que a tientas adoraba al Señor, careciendo de la verdadera intimidad con Dios.

Esto ocurre hoy día. Hay gente que visualiza un dios sentado cómodamente, distante, separado, desinteresado e indiferente a las necesidades de los mortales, hasta que los gritos constantes de éstos lo sacan de la modorra en que vive, y resuelve intervenir en su favor. Un dios a quien tienen miedo, y por las dudas, repiten largas oraciones o rituales para no ser castigados. Tal concepto es falso. La Biblia revela a un Dios que toma la iniciativa, se levanta de su trono, deja la gloria, se rebaja y humilla para buscar al hombre, mucho antes que éste, que se halla envuelto en oscuridad y hundido en el pecado, se le ocurra volverse a Él.

El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, Él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas.

Hay quienes viven ignorando a Dios, y deciden dejar "eso de la fe" para más adelante, cuando las cosas les vayan no tan bien como ahora, o cuándo estén cercanos a morir. También por ellos Jesús murió. Dios los ama, los espera con los brazos abiertos, y tienen el acceso abierto a Él. Siempre es Dios quien toma la iniciativa, quien da el primer paso. Antes que el ser humano tratara de buscarle, Él ya le había buscado. Nunca podemos tomar a Dios por sorpresa, nunca podemos anticiparnos a Él, y no es Su voluntad que alguien se pierda. El perdón está dispuesto para todos.

Ser cristiano no es aceptar una colección de ideas religiosas o un catálogo de reglamentos. Ser cristiano es creer en Jesús y en las buenas nuevas, es decir, las buenas noticias dadas a nuestro favor, las cuales declaran lo que Dios hizo en Cristo por amor. "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna." Jn 3:16

PO. - mujerdevanguardia.blogspot.com
Hch 17:23-25. Cristianismo básico, John Stott.