Asidos de la Palabra de vida - Parte I

Una vez tuve un sueño. Cientos de personas estaban al borde de un precipicio. No era seguro estar allí, sólo era un lugar de espera. No se podía retroceder, ni tampoco avanzar pues esto hubiera sido un salto al vacío. Sólo había una soga que venía del cielo, que pendía sobre el precipicio. ¿Qué hacer entonces? Alguien me dio la respuesta: "La única salida es sujetarse bien fuerte de la soga y subir". Había que dar un salto certero y tomarse de la soga con firmeza, para luego subir mirando siempre hacia arriba.
Cuando desperté, unas palabras se repetían en mi mente: "asidos de la palabra de vida..." Filipenses 2:16

Hay ocasiones en la vida en que se deben enfrentar situaciones difíciles e ineludibles, como si se estuviera frente a un precipicio. Ante esto nos preguntamos cuál será la mejor decisión a tomar para avanzar con éxito, sin salir lastimado ni lastimar a nadie. Pero estos problemas problemas no debieran ser motivo de asombro para los cristianos, ya que la Palabra de Dios no sólo nos advierte sobre ellos, sino que nos enseña el origen de las dificultades y cómo enfrentarlas.

En primer lugar, el apóstol Pedro dice: "no se sorprendan de verse sometidos al fuego de prueba, com si alguna cosa extraña les sucediese. Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también se llenen de alegría cuando su gloria se manifieste. Si alguno de ustedes sufre por ser cristiano, no debe avergonzarse, sino alabar a Dios por ello." 1 Pe 4:12-14. Pedro pasó grandes dificultades cuando inició su ministerio. En el libro de los Hechos vemos cómo fue encarcelado, perseguido, amenazado y azotado por predicar la salvación en Jesucristo. Pero cuando fue puesto en libertad, luego de ser azotado e intimado a no hablar más de Jesús, salió gozoso de haber sido tenido por digno de padecer afrenta por causa del Nombre de Jesús. Por eso tiene autoridad para decir: "dichosos ustedes, si alguien los insulta por causa de Cristo, porque el glorioso Espíritu de Dios está continuamente sobre ustedes. ¿Quién podrá hacerles mal, si ustedes se empeñana en hacer el bien? pero aún si por actuar con rectitud han de sufrir, ¡dichosos ustedes! No tengan miedo a nadie, ni se asusten, sino honren a Cristo como Señor en sus corazones. Pórtnese de tal modo que tengan tranquila la conciencia, para que los que hablan mal de su buena conducta como creyentes en Cristo se avergüencen de sus propias palabras. 1 Pe 3:13-16

Continuará.

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