Líder: ¿Qué vé Dios en tu corazón?


Cierto rey que Dios había elegido tuvo una conducta reprobable. La consecuencia fue que Dios se buscó otro rey, uno que tuviera un corazón conforme al corazón de Dios. Porque Jehová no mira lo que mira el hombre, Jehová mira el corazón. ¿Qué vé Dios en el corazón del líder a la hora de elegirlo y llamarlo al ministerio?

Por medio de los hombres que Dios escogió a través de la historia, podemos aprender cómo el Señor estableció líderes, y en cada uno de ellos puso su confianza para darles autoridad. Demos un vistazo:

Dios inició el liderazgo creando a Adán. Todo lo puso bajo su dominio, y le dio una restricción: el árbol del bien y del mal (Gn 1:26-28). Al dar lugar al diablo, perdió su autoridad, dejando la creación bajo el gobierno del maligno.

En medio de una generación corrupta, Dios vio la conducta de Noé y le dio el mandato de presidir un proyecto de fe de largo alcance que involucraba a toda su familia (Gn 6). Su liderazgo fue eficaz.

Abraham obedeció a Dios para ser embajador suyo, e hizo un pacto con él. Abraham creyó y le fue contado por justicia. Tuvo una estrecha relación con Dios (Stg 2:23).

Moisés trató de ejercer su liderazgo antes de tiempo. Sólo contaba con lo que había aprendido en Egipto. Fue rechazado, y debió huir. Luego de haber pasado cuarenta años en Madián, forjó el carácter pastoral que necesitaba. Entonces Dios lo llamó a dirigir la salida de Su pueblo de la esclavitud (Ex 3:1-10). Moisés delegó autoridad en hombres idóneos. Dios protegió a Moisés, y lo respaldó con señales.

Josué tuvo visión de la buena tierra. Dios lo eligió para que lleve al pueblo a poseerla. No sólo cumplió su misión, sino que preparó hombres que continuasen en el liderazgo (Jos 24:31).

Desde los días de Samuel se practicaba el ungimiento de ciertas personas elegidas como líderes. El elegido quedaba consagrado a Dios en las funciones que se le delegaban, y el aceite valía como emblema de autoridad y protección para cumplirlas. De esta forma el pueblo sabía que debía obedecer al ungido, porque revestía autoridad de Dios.

En el Nuevo Testamento también se observa a los líderes como representantes de Dios. Juan el Bautista era respetado y considerado “grande delante de Dios” (Lc 1:15). Jesús, durante Su ministerio llamó a los que quiso, y le siguieron, aún antes de conocer por completo quién era.
Los discípulos obedecieron el mandato del Señor de ir y predicar en Su Nombre, haciendo discípulos. Pedro y Pablo se empeñaban en discipular, enseñando que se sujeten a sus pastores. Pablo se presentaba a sí mismo como siervo del Señor Jesucristo. Todas sus acciones estaban precedidas por sus convicciones, y eran dignas de ser imitadas.

El líder cristiano es enviado por Dios, es ejemplo de conducta y se reproduce, formando a otros para enviarlos en el Nombre del Señor Jesús. El Espíritu Santo les pone su sello como propiedad de Dios, dándoles la gracia para vivir como partes del cuerpo de Cristo y ejercer una autoridad espiritual en comunión con la Autoridad de Dios.

Decimos ¡Amén! a esta afirmación, orando por nuestros pastores, maestros y líderes espirituales, para que cada uno sea hallado fiel al Señor y a Su Palabra, hasta el fin.

Autor: P.O.- www.mujerdevanguardia.blogspot.com
Fuente: C. Yoccou
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