Mi meta conyugal: que mis hijos estén en Cristo



"Cristo en ustedes, la esperanza de gloria."
Col 1:27

Una esperanza común de las parejas jóvenes que hacen proyectos acerca de sus familias futuras, es tener hijos sanos y felices. A medida que piensan en esto, la lista de cualidades comienza a incrementarse: hijos inteligentes, de buena conducta. Que sepan tomar buenas decisiones, que sean honrados. Que formen familias sanas, que sean sabios en sus negocios. Que sean visionarios y exitosos. Tal vez resulte abrumador pensar en todo lo que sueñan para un ser que ni siquiera fue engendrado aún, al punto que algunos deciden no tener hijos, porque no creen que puedan lograrlo en un mundo de injusticia, violencia y corrupción.

Para las parejas cristianas, el catálogo debiera resumirse en este punto: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col 1:27). Un matrimonio cristiano puede darse por bienaventurado si los hijos que Dios le ha dado son todos creyentes y permanecen en el Señor toda su vida. Pr 23:22 dice: “Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendra sabio se gozará con él.” A diario vemos muchas familias que disfrutan de la fe en unidad con todos sus

miembros, familiares de distintas generaciones sirviendo
al Señor codo a codo. Pero, como contrapartida, padres que asisten a la iglesia sin sus hijos, que hasta hace un tiempo venían, pero se han “enfriado”.

Esta meta conyugal de formar hijos que amen al Señor, es un plan de Dios. Por eso, es necesario establecer ciertos fundamentos para que la familia crezca cimentada y arraigada en amor, y su edificación sea exitosa.

Mi meta conyugal: que mis hijos estén en Cristo

UNO: Estar persuadidos que el matrimonio es para toda la vida. Jesús dice Mt 19:6: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. Saber que estamos involucrados en una unión permanente ensamblada por Dios, dará una sólida base a la familia que formemos. El matrimonio debería ser un espejo de la unión entre Jesús y Su Iglesia. Para que esta unión perdure, es importante que los roles sean comprendidos y respetados, lo cual sólo con la guía del Señor puede llevarse a cabo.

DOS: Dar un buen ejemplo. Los hijos tendrán conductas similares a los padres, porque “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Jn 5:19). ¿Cómo se puede ser un padre o una madre “modelo”? Tal vez los padres no hayan tenido un buen ejemplo en sus propios hogares cuando niños, o tal vez sí, pero el único padre que seguramente nunca falla es Dios el Padre. El mejor modelo a seguir es Dios mismo. El buen ejemplo de un padre cristiano cimentará a un joven en Dios.

TRES:
Cuando conocí al Señor, estaba embarazada de mi primera hija. Llevaba pocos meses de casada, era muy joven y todo para mí era nuevo: ser esposa, atender una casa, esperar un bebé, y aprender la vida cristiana. Estaba ávida de conocer qué decía Dios acerca de la crianza de los hijos. Un día escuché que el libro de Proverbios contenía muchas enseñanzas sobre este tema. Decidí estudiarlo. Tomé un lápiz celeste y subrayé cada versículo que me hablaba de la educación de los hijos. A medida que iba conociendo las Escrituras, encontraba más pasajes apropiados, y seguía subrayando. Aún conservo esa biblia, y de vez en cuando recorro los versículos que tantas veces escudriñé y compartí con otras mamás. Mis tres hijos fueron bendecidos por esas Palabras de Dios. Pr 22: 6 “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” Entre las enseñanzas que tomé, se destaca la importancia de transmitir el evangelio a nuestros hijos. En Deut 6 dice que debemos hablar las Palabras de Dios a nuestros hijos permanentemente, y aprovechando toda ocasión. Evangelizar a sus hijos es una de las tareas básicas de la familia.


CUATRO: Dice en Pr 20:11 que “Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta”. El establecimiento de límites de la mano de la disciplina, conforman otro fundamento importante para un hijo espiritualmente sano. ¿Cómo lograr este tipo de conducta? En la sociedad moderna carente de modelos y con la rebeldía a flor de piel, los padres pueden estar presionados a dejar que sus hijos hagan como quieran. A veces esto también es consecuencia de una falta de presencia de los padres en el hogar, o como método compensatorio ante las circunstancias que se hace vivir a los hijos en caso de un hogar con problemas de divorcio, por ejemplo. “No rehúses corregir al muchacho”, nos dice la Palabra en Pr 23:13. “Corrige a tu hijo, y te dará descanso” (Pr 29:17). En 1 Re 1:5,6 vemos las consecuencias de la falta de límites en los hijos: 1Re 1:5, 6 “Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló, diciendo: Yo reinaré. Y se hizo de carros y de gente de a caballo, y de cincuenta hombres que corriesen delante de él. Y su padre nunca le había entristecido en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así?” Podemos considerar como guía el consejo de Ef 6:4b “criadlos en disciplina y amonestación del Señor."


Resumiendo: El amor de Dios está en la familia cristiana, ligando a los miembros entre sí y a la familia con Dios. Los padres guiarán todas sus palabras y caminos por la Palabra de Dios, dependiendo de la sabiduría y fortaleza del Señor para aplicarla, y todo servirá para la gloria de Cristo. Lo más importante de criar hijos es que ellos puedan ver a Jesús como grandemente valioso, Salvador y Señor y Tesoro de la vida, y Cristo Jesús sea formado en ellos. Esta es nuestra gloriosa esperanza.

Autor: P. O. - www.mujerdevanguardia.blogspot.com