La apuesta


En una discusión sobre la creencia en la existencia de Dios, basado en el supuesto de que la existencia de Dios es una cuestión de azar, el matemático y filósofo Blaise Pascal (1623-1662) plantea que, aunque no se conoce de modo seguro si Dios existe, lo racional es apostar que sí existe. "La razón es que, aún cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería compensada por la gran ganancia que se obtendría, o sea, la gloria eterna." Básicamente, la "Apuesta de Pascal" plantea cuatro escenarios:

Puedes creer en Dios, si existe, entonces irás al cielo.
Puedes creer en Dios, si no existe, entonces no ganarás nada.
Puedes no creer en Dios, si no existe, entonces tampoco ganarás nada.
Puedes no creer en Dios, si existe, entonces irás al infierno.

La pregunta que exige ser contestada, por supuesto, es ésta: Si nuestra razón es inadecuada para encontrar a Dios, aun a través de evidencias válidas, ¿cómo encuentra uno a Dios? Dice Pascal: "Examinemos el punto y digamos: 'O Dios existe, o no existe'. Pero, ¿cuál de las alternativas escogeremos? La razón no puede decidir nada. Hay un caos infinito que nos separa.

En el extremo remoto de esta distancia infinita hay una moneda que se ha arrojado que caerá cara o ceca. ¿Cómo apostarás? La razón no puede determinar cómo escogerás, ni puede la razón defender la posición que se elija. En este punto, Pascal nos desafía a aceptar su apuesta. Expresada simplemente, la apuesta dice que deberíamos apostar al cristianismo porque las recompensas son infinitas, si es verdadero, mientras que las pérdidas son insignificantes, si es falso.

Y si es verdadero y lo has rechazado, lo has perdido todo. Sin embargo, si es falso pero has creído en él, al menos has llevado una buena vida y no has perdido nada. Por supuesto, ¡el mejor resultado es si uno cree que el cristianismo es verdadero y resulta que lo es! Pero el incrédulo podría decir que es mejor no apostar, directamente. No es así, dice Pascal. Vivirás de una forma u otra, creyendo en Dios o no creyendo en Dios; no puedes permanecer en un estado latente. Debes elegir.