A punta de lanza



Las tribus cercanas los amenazaban y los mataban continuamente. Así era la historia de la tribu amazónica considerada la más salvaje del mundo. Los Waodani, conocidos como los Aucas, iban en vías de extinción

“Mi padre sabía que la compañía petrolera que entraba en su territorio iba a tratar de terminar con este grupo y quiso tener un contacto pacífico para que no los mataran.”

Steve Saint es el hijo de Nate y Marj Saint. En 1956 un equipo de cinco familias se mudaron al oriente de Ecuador para ayudar a los Waodani. Era demasiado peligroso alcanzarlos por tierra. Entonces el padre de Steve al ser piloto, encontró una forma de entregar medicinas y cosas desde su avioneta volando en círculos. Mandaba las cosas con una cuerda larga hacia la tierra, con la cual también pudo recoger cosas de los nativos.

Los intercambios de regalos progresaron hasta que el 6 /1/ 1956 los cinco misioneros aterrizaron en territorio Waodani e hicieron contacto amigable y pacífico cara a cara con miembros de la tribu.

Pero dos días después, una común discusión entre los indígenas desembocó en descargar sus enojos en los amigos extranjeros. Los cinco misioneros fueron asesinados a punta de lanza.

Cuando su madre le dijo que su papá nunca iba a regresar, para Steve fue un desastre. El era su héroe. Pero Steve miraba a su madre y a su tía para ver como respondían. Y él pudo ver que ellas todavía creían que Dios tenía un plan.

“Mi mamá me explicó que Dios mandó a su único Hijo para morir por mi pecado, bueno yo no entendí por qué haría el eso. Pero cuando murió mi papá, yo entendí que mi papá había muerto por que deseaba que este pueblo Waodani tuvieran la oportunidad de vivir”.

Este evento produjo cambios milagrosos en la tribu. Poco tiempo después, Raquel Saint, la tía de Steve, fue a vivir con los Waodani. Y así, Steve se encontró yendo a la selva ecuatoriana a pasar los veranos con su tía Raquel y los Waodani. Esto, tarde o temprano, lo llevaría frente a frente con el asesino de su padre.

“En el pueblo Waodani había una cultura de muerte. Cuando los viejos, cuando los guerreros se reunían siempre hablaban de eso, como cuando nosotros hablamos de fútbol, los deportes, ellos hablaban de las matanzas. Entonces yo sabía, dentro de un grupo, que ese grupo eran los que habían matado a mi papá y sus cuatro compañeros.”

En este mundo Waodani, Steve tenía el deber de vengar la muerte de su padre. Y Mincaye, un líder nativo, debía terminar con todo sobreviviente de sus víctimas para evitar esta venganza. “Aprendí a perdonar viendo a mi mamá a mi tía, a las otras viudas, que ellos perdieron tanto…”

“Yo creo que es imposible que el hombre puede perdonar a uno que le ha hecho un daño tan fuerte como matar a un papá. Pero si uno comienza a perdonar en cosas pequeñas... Es mucho más fácil perdonar a otros si uno ha sido perdonado. Y yo ya supe que Dios me había perdonado mucho. Eso me ayudo a perdonar.”


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