Antítesis


Un filósofo francés decía: «Un hombre no es fuerte si no lleva impresa en su espíritu una antítesis». El hombre fuerte baraja en su conjunto vital unas contradicciones muy acusadas. No es frecuente que los hombres lleguen a equilibrar estas contradicciones. Por regla general, los idealistas no suelen ser realistas, y los realistas no son idealistas; los militantes no suelen conocerse como pasivos, ni los pasivos ser militantes. Rara vez los humildes están seguros
de sí mismos, y los que están seguros de sí mismos no son humildes. Sin embargo, la vida, en el mejor de los casos, es una síntesis creadora de contradicciones en fructífera armonía. El filósofo Hegel decía que la verdad no se encuentra ni en las tesis ni en las antítesis, sino en una síntesis, producto de ambas y que las concilia.

Jesús conoció la necesidad de refundir las contradicciones. Sabía que sus discípulos tendrían que enfrentarse a un mundo difícil y hostil, donde tropezarían con los recalcitrantes funcionarios políticos y la intransigencia de los protectores del orden establecido. Sabía que encontrarían hombres fríos y arrogantes, con el corazón endurecido por el largo invierno del tradicionalismo.
Por eso les dijo: «Mirad que os envío cual ovejas en medio de lobos». Y les dio una consigna de acción: «Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas». Resulta difícil imaginar que una persona tenga simultáneamente las características de la serpiente y de la paloma, pero esto es lo que espera Jesús. Debemos combinar la dureza de la serpiente con la blandura de la paloma: fuertes de espíritu, pero tiernos de corazón.

Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Mt 10,16.



¿Quién pondrá en duda que esta fortaleza de espíritu es una de las más grandes necesidades del hombre? Pocas veces encontramos hombres que de buena gana se comprometan a pensar con firmeza y solidez. Existe una tendencia casi universal a buscar las respuestas fáciles y las soluciones para salir del paso. Nada molesta más a la gente que tener que pensar.

Poca esperanza nos queda, a menos que los fuertes de espíritu rompan las trabas de los perjuicios, las verdades a medias y la ignorancia supina. La postura que adopta el mundo de hoy no nos permite el lujo de la debilidad de espíritu. Una nación o una civilización que continúa produciendo hombres débiles de espíritu está comprando a plazos su propia muerte espiritual.

Pero no debemos contentarnos con el cultivo de un espíritu fuerte. El Evangelio exige también un corazón tierno. La fortaleza de espíritu sin la ternura de corazón es fría y egoísta, y deja la vida del hombre en un invierno perpetuo, falta de calor de la primavera y la temperatura agradable del verano. ¿Hay algo más trágico que ver a una persona que ha alcanzado las disciplinadas alturas de la fortaleza de espíritu, pero que al mismo tiempo se ha hundido en las heladas profundidades de la dureza de corazón? La persona de corazón duro no ama la verdad, carece de la capacidad de la verdadera compasión.

Jesús nos recuerda que la vida ejemplar combina la fortaleza de la serpiente con la ternura de la paloma. Tener cualidades de serpiente cuando faltan las de la paloma es ser frío, malvado y egoísta. Tener las cualidades de la paloma sin las de la serpiente es ser sentimental, anémico y abúlico. Tenemos que combinar antítesis fuertemente acusadas.

La fuerza de amar, M. Luther King - www.mujerdevanguardia.blogspot,com